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Una modernidad periférica, de Beatriz Sarlo

Para su colección Biblioteca Beatriz Sarlo, Siglo XXI reeditó Una modernidad periférica – Buenos Aires 1920 y 1930 de la ensayista más polémica de la narrativa argentina. ¿Por qué? Porque la necesidad de relectura disparan nuevos conceptos contextualizando la realidad. Por su carácter ambicioso y exhaustivo, pero sobre todo por su audacia y originalidad, es la obra en que Sarlo empieza a ser Sarlo.

 

 

En 1988 se publica por primera vez Una modernidad periférica. Producto de la insatisfacción y la perplejidad ante las limitaciones de la crítica académica, y de una búsqueda personal sostenida, el libro ofrece un panorama de las respuestas que las vertiginosas transformaciones culturales y urbanas de comienzos del siglo XX suscitaron en los intelectuales, artistas y escritores.

Escribió Adriana Bocchino al respecto cuando salió esta obra: «Desde la aparición de El imperio de los sentimientos hasta la última publicación, en libro, La imaginación técnica. Sueños modernos de la cultura argentina, pasando por Una Modernidad periférica: Buenos Aires 1920-1930, Beatriz Sarlo ha completado un tríptico alrededor de la década del ’20 en la Argentina: tres entradas que redefinen un nuevo concepto de vanguardia, Posiblemente no falte una cuarta. Lo que me interesa ahora es marcar, reconstruir si se quiere, los objetos que esta crítica trabaja en esa redefinición, las operaciones que produce, el recorte que realiza, el lugar que el sujeto crítico, finalmente, se propone para, y en, esa redefinición. Ello implica tres miradas, como dije, pero complica una manera de hacer critica diferente de lo institucionalmente entendido como crítica literaria. Los textos de Sarlo, sin embargo, hablan de literatura, pero lo hacen a contrapelo, oblicuamente, Por eso mismo, entonces, hablan de la crítica y de sus operaciones».

Son los años de la vanguardia, nucleada en las revistas Martín Fierro y luego en Proa: allí están Borges, Güiraldes, Girondo, Xul Solar, Norah Lange, los cruzados de la renovación estética. Los que cultivan la ruptura y la desacralización de los valores literarios del modernismo, pero también el criollismo como una forma de nostalgia por lo que Buenos Aires está dejando de ser. Son los años del nuevo periodismo, de Crítica y El Mundo, cuando en la bohemia de las redacciones, entre cables internacionales y noticias policiales, empiezan a abrirse camino escritores recién llegados al campo intelectual: Roberto Arlt, Raúl González Tuñón, Alfonsina Storni. Atenta a materiales muy diversos –narraciones, poemas y ensayos, pero también entrevistas, manifiestos, notas periodísticas y avisos publicitarios–, Sarlo consigue nombrar el movimiento de la época: Buenos Aires como una cultura de mezcla, en la que conviven en tensión hijos de familias patricias e hijos de la inmigración, quienes leen literaturas extranjeras en lengua original y quienes solo pueden leer traducciones, quienes poseen los saberes prestigiosos y quienes acceden a los saberes populares y técnicos de la divulgación. En esa mezcla de aceleración y angustia, impronta europeísta y pregunta por la argentinidad, Sarlo señala distinciones y matices inesperados.

Como dice Judith Podlubne en el prólogo esclarecedor a esta nueva edición, Una modernidad periférica “marca un antes y un después en el abordaje de la cultura argentina”. Pero además, considerando el trabajo crítico posterior de Beatriz Sarlo, en este libro “ya despuntan su Borges, su Arlt, su Victoria Ocampo, su Tuñón”. Se trata de un clásico en toda la línea, vigente por sus interpretaciones, por su imaginación y por su potencia ensayística.

Continúa Bocchino: «Estos textos operan sobre los textos de la vanguardia, la histórica, pero además sobre otros que no han sido pensados como tales y que, sin embargo, la sostuvieron, En este sentido, creo, se puede hablar de vanguardia, haciendo una traducción cultural extensiva, para pensar los años que radicaron el proyecto de modernización en el país, Pero también, en este caso, es posible hablar de vanguardia en lo que hace a la crítica, a una manera diferente de hacer crítica literaria en la Argentina que reinstala, ya la vez, supera por la flexión que realiza, los principios básicos, estético político-ideológicos, sobre los que ha trabajado la misma vanguardia histórica que trabaja. No es necesario hablar de géneros para hablar de la vanguardia en el caso de Beatriz Sarlo, Por el contrario el tríptico amplía ese recortado panorama, haciendo entrar en juego otras opciones, otra textualidad que supone otras reglas del juego, Posiblemente, a su vez, las inventa, para poder leer esta vanguardia, corregida y aumentada y, al mismo tiempo, una nueva manera de hacer crítica que no tiene en cuenta, ni le importa, cuestiones de género literario. Lo interesante está en la trama de textualidades que reconstruye».

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