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Solas (aun acompañadas), de María Florencia Freijo

Desde su publicación, Solas (aun acompañadas) de María Florencia Freijo (El Ateneo), destaca un puesto muy importante de ventas en ESTACIÓN LIBRO y en todas las librerías del país. ¿Por qué? Porque más que un libro es toda una declaración de principios, los suyos propios, los de una mujer sola que sabe cargar con los mandatos sociales sin perder su esencia.

 

 

 

POR VICTORIA MANSILLA

 

“Solas (aun acompañadas) cierra un capítulo en mi vida, pero también abre la puerta a otro. Había cosas que quería contar, pero tenía que ordenarlas. No quería hacer un libro duro, académico, tampoco quería hacer un libro sin el sostén del conocimiento ya construido. Armé un índice improvisado y me dije: de esto quiero hablarles a las mujeres, pero también quiero contarles el porqué, la historia, el proceso por el que llegamos a sentirnos en soledad. Este libro es para que abrace a la mujer que lo lea, pero también para que la fortalezca en conocimiento, para que le funcione de guía para identificar injusticias, para que la ayude a nombrar el cansancio, para que le permita poner en palabras”, comienza diciendo la autora en el comienzo de su libro. Politóloga y comunicadora social, Freijo, se despacha aquí en un análisis sobre el papel de la mujer, del protagonismo de la misma, su feminismo, la doble carga de una mujer sola (y lo doble no es porque le falte alguien sino por las exigencias sociales hacia una madre trabajadora, por ejemplo), la crianza, justamente y en su abanico de temas a desarrollar entra, por ejemplo, la brecha salarial que diferencia a hombres y mujeres.
La lectura de Solas… es reveladora. Esta marplatense de treinta y dos años, madre soltera, incansable militante del feminismo más visceral, escribe sin respiro y se nota en cada página.

¿Y de qué hablamos cuando decimos “cargas”? ¿El peso de Sísifo que carga una y otra vez la misma piedra? Simbólicamente, sí. Heredera de un matriarcado familiar, sabe de lo que habla, y sabe de la ausencia del hombre. Pero la soledad que protagoniza desde el título no es por la falta de un compañero, es por la individualidad de cada una.
“El título Solas (aun acompañadas), continúa la autora en la introducción de su libro, surgió porque, pese a que en las páginas hay contenidos históricos, económicos y técnicos, la columna vertebral es el sentimiento de soledad que nos une a todas, ese lugar en donde no nos reconocemos a nosotras mismas. Una soledad que en nuestra cabeza se representa en forma de preguntas, de dudas, de culpas, de miedos, como si tuviéramos todo el peso sobre nuestros hombros”. El de Sísisfo, justamente, ¿verdad?

El “deber”, el “la mujer -la madre- debe”, ese concepto es el que desmenuza hasta hacerlo trizas: nadie-nada, la mujer tiene poder, el suyo propio, y no responde -no debería- a ningún mandato.
¿Por qué la hegemonía patriarcal nos juega en contra? Freijo se ocupa en esta edición a explicarlo, despojada de academicismos, en una cadencia de lectura ágil y reveladora, de desarmar estereotipos para reconvertirlos en jugadas a nuestro favor.
Y qué hay con los años de silencio, también de eso se trata la soledad. Tantas mujeres calladas a lo largo de la historia: “Escribo para contar acerca de las mujeres de nuestra historia, que no tuvieron el reconocimiento que merecen, porque nuestro presente también fue su pasado y su soledad también es la nuestra”, escribe Freijo.

Aunque la escritora ya está trabajando en un nuevo material editorial donde hará referencia a los estereotipos de género desde la época de los los mitos greco-romanos, esto es: la mujer virgen, la mujer mala, de dónde viene el concepto de “buena madre”, la bruja, la loca, etc.) y hará una revisión sobre la masculinidad y cómo las mujeres fueron educadas para amar sin más y llegar así a situaciones de violencia.
A lo largo de estas páginas, siendo la soledad el tema central siempre, Freijo deja en claro que el feminismo no es un ente en sí mismo sino un complejo mecanismo político con la coyuntura de rigor que conlleva. No es una bandera y ya. No es una bío de Twitter, es una miltancia.

“Escribo con sed, desesperada, para que ninguna mujer tome como natural el sacrificio de su destino, de su libertad. Escribo con la soberbia de una escritora que busca salvar a alguien a través de un libro, pero con la necesidad imperiosa de construir una fuente de información concreta, de datos, de relatos y de explicaciones que terminen en un abrazo, que terminen en una certeza: no estoy sola. Escribo porque quiero que este libro sea cordón, unión y sentido”. Sin remate, qué agregar a estas palabras.
Quizá la verdadera intención de la autora: el amor entre nosotras como escudo.

 

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