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Por estas cosas escuchamos a Led Zeppelin

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Tras la edición de Por qué escuchamos a Aníbal Troilo, Gourmet Musical continúa su colección. Del tango al rock en apenas dos libros. Aquí en Estación Libro leímos el de Led Zeppelin y se los contamos en esta colorida reseña.

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Por qué escuchamos a Led Zeppelin, de Luis Sagasti (Gourmet Musical, 2019)

 

POR PABLO DÍAZ MARENGHI

 

James Patrick Page tenía apenas 24 años cuando empezó a darle forma al proyecto que le cambiaría la vida. Jimmy, pese a su juventud, contaba con una amplia trayectoria en la música como sesionista y guitarrista de los exitosos Yarbirds. A fines de 1968 se encontraba deambulando en la búsqueda de integrantes para una nueva banda. Casi de manera fortuita, se topó con el vocalista Robert Plant, el baterista John Bonham y bajista John Paul Jones (con quien ya había grabado). Los cuatro fueron mucho más que la suma de las partes y terminarían construyendo un mito.

Así nacía Led Zeppelin, una leyenda del rock and roll, pioneros de la música pesada, el hard rock y el heavy metal (junto con Deep Purple y Black Sabbath) aunque con el blues como basamento. Sus melenas, el sex appeal, la potencia eléctrica y voluminosa los colocaron en el panteón de la música occidental contemporánea. En un nuevo volumen de la colección Por qué escuchamos a, el escritor y crítico de arte Luis Sagasti explora su educación sentimental y disecciona el fenómeno Zeppelin. Con erudición y nostalgia, aunque sin condescendencia, bucea sobre los diferentes avatares de un grupo que no le temió a las mezclas de géneros, supo resucitar antiguas tradiciones musicales y cuyo legado sigue vivo.

Sagasti es un destacado novelista y un secreto a voces de la literatura contemporánea. Entre sus pares, es muy respetado por novelas como Bellas Artes, Maelstrom o Una ofrenda musical. Aquí se despacha con sus artilugios para el ensayo, la crítica musical y la argumentación. Utiliza un amplio sistema de referencias del mundo del arte (Dalí, Pollock, Rothko y Malevich son solo algunos de los artistas que cita). Analiza la figura del rockero como parte de un star-system, la exaltación del ejecutante por sobre el autor, el plagio, los relatos fundacionales y las particularidades de Zepp: los compara con dioses mitológicos, analiza las referencias al ocultismo y la mitología nórdica en sus canciones, su impronta visual (vestuario, peinado) y la diversidad de cada uno de sus integrantes que retroalimentó al proyecto: el esoterismo de Page; la sensualidad, el fanatismo por los sonidos hindúes y el mundo de Tolkien de Plant; la sobriedad y pulcritud de John Paul Jones y el desparpajo volcánico y demoledor de John Bonham, cuya fatídica muerte en 1980 marcó el punto final para el grupo.

De poco más de cien páginas que se leen de un tirón, el presente ensayo enaltece a Sagasti como crítico de un modo poco habitual, en un género donde abunda la argumentación floja de papeles y el análisis aséptico, alejado del objeto de estudio. Sagasti aquí no solo que argumenta con solidez, sino que no le tiembla el pulso para criticar a sus queridos Zeppelin, enaltecer a otras bandas como Pink Floyd, o recordar sus memorias de infancia; cuando se cautivó en un cine de su Bahía Blanca natal con el filme The song remains the same que le hizo conocer a los británicos.  

Expone, también, ideas polémicas. Por ejemplo: afirma que la interpretación es más importante que la creación en el rock, a diferencia de otras músicas como la clásica. Una idea arriesgada ya que, en este caso, Page y Plant se han destacado tanto como ejecutantes en el vivo como meticulosos en el estudio y en el rol de compositores al refrescar ciertas tradiciones de la música hindú, celta o norteamericana; con el blues, los sonidos del sur y la música negra como estandarte.

También explica la clave del éxito zeppelineana: una base rítmica sólida que brinda el soporte necesario para los chispazos de improvisación demencial de Page en la guitarra. El riff como columna vertebral a lo largo de sus composiciones sería, a la vez, su sentencia de muerte. Sagasti afirma que esto sería un techo que se volvería demasiado bajo y estancaría el sonido del grupo. Sostiene que desde un comienzo fueron “un tanto acotados los elementos rítimicos y formales con que decidieron caracterizar su trabajo. Articular las composiciones en torno a un riff no propicia un rango de acción de amplio registro”. También elogia el equilibrio del grupo: un “alud de electricidad” en los shows que, también mantenían una apacible vida familiar (esto sin contar los destrozos que hacían en los hoteles donde se alojaban de los cuales John Paul Jones se mantenía exento). “Hay una política de los cuerpos y de la consecución del placer”, afirma Sagasti al describir a estos cuatro seres que fueron heraldos de la tradición mítica del rock y que tal vez su frontman, Robert Plant, sea el principal exponente de esto. Sagasti afirma del vocalista que “nunca perdió cierta androginia vocal que da cuenta como ninguna otra voz del significado de ser joven».

Por qué escuchamos a Led Zeppelin funciona como un compendio de ideas acerca de una banda que revolucionó el rock a fuerza de una potencia demoledora atípica para ese momento, donde triunfaba la precisión meticulosa de Pink Floyd o la psicodelia progresiva de Yes. Hasta Johnny Ramone afirmó que el riff de Communication Breakdown lo inspiró en su forma de tocar y, dicho de otro modo, influenció el sonido punk. Se convirtieron en los titanes de la electrificación y no les tembló el pulso al incorporar cuerdas, sonidos acústicos, orientales e isabelinos. Ese equilibrio entre sutilezas y estallidos los volvió únicos. Hoy, a cincuenta años de sus dos primeros discos fundacionales, este libro conforma una ofrenda necesaria a los demiurgos del rock para aseverar su inoxidable vigencia.

 * Pueden comprar ell libro haciendo click aquí.

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