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Mariana Enriquez lee a Stephen King

La abrumadora realidad (¿cuándo no lo es?) constituye el alma de este relato de El visitante de Stephen King (Plaza & Janes, 2018). Por qué la actualidad y el género se tocan es otro tema, aunque no uno muy alejado. La escritora Mariana Enriquez hace un extraordinario análisis de la obra de King, un tipo que, según lo leemos en su cuenta de Twitter, se encuentra desolado frente a los devaneos de las fake news y los ataques mediático y social.

 

 

 

POR MARIANA ENRIQUEZ

 

 

Terry Maitland es un entrenador de baseball y profesor de literatura muy querido y respetado en Flint City, una comunidad con algunos problemas, sobre todo económicos, pero tranquila. Una tarde de verano, el entrenador se lleva en su camioneta blanca a un nene de 11 años, Frank Peterson, con la excusa de ayudarlo: al chico se le rompió la cadena de la bicicleta.

En pocas horas, el cuerpo de Frank, asesinado, aparece en un parque local. Está horriblemente mutilado, le cortaron el cuello, lo violaron hasta destrozarlo. La escena del crimen está cubierta de las huellas digitales de Terry, y de su semen. El cuerpo también.

La policía local detiene a Terry después de interrogar a algunos vecinos que vieron el secuestro: se lo llevan esposado antes de un partido, frente a todo el pueblo. Terry niega haber matado a Frank y no sólo eso: tiene una coartada que es perfecta y es real. Estuvo en otro lugar el día del crimen y la noche siguiente. Participó de una conferencia literaria. Hay testigos, hay una filmación en video, hay una constancia de ingreso a un hotel, donde durmió en la misma habitación que sus acompañantes. La conferencia se hizo en una ciudad lejos de Flint: es imposible que haya sido el asesino, ni siquiera tenía tiempo de ir y volver. Sin embargo, su ADN está desparramado sobre el niño muerto. Ralph Anderson, el detective local, desespera. ¿Qué puede hacer? ¿Liberarlo? ¿Ocultar la evidencia?

Éste es solo el comienzo de El visitante, la muy potente nueva novela deStephen King. Sus primeros capítulos están armados como un procedural: transcripciones de interrogatorios, data forense, búsqueda de pistas. El visitante, sin embargo, no es una novela policial, como las de su trilogía de Bill Hodges (que, de todos modos, también recaía en lo sobrenatural porque King no se puede contener). Pronto queda claro que la bilocación de Terry no es un error ni una coartada. Con gran escepticismo y gracias a la aparición de Holly Gibney, un personaje  prestado de los libros de Hodges –una de las mujeres más adorables e inteligentes que King haya escrito jamás–, los investigadores comprenden que este doble es un ser sobrenatural. Y no es la primera vez que mata.

Como se trata de una novela de Stephen King, es mejor detenerse aquí y agregar algunas cuestiones: en primer lugar, El visitante abandona los escenarios de Maine y la Costa Este para internarse en la frontera con México, con un particular homenaje a Tom Sawyer. Además de nutrirse del mito clásico del doble, se focaliza en un ser de la mitología urbana mexicana –que claramente ha investigado— y también cita, con gracia e inteligencia, a Dráculade Bram Stoker.

El visitante no está entre las mejores novelas de King (ya va por casi 60) pero se ubica muy alto. El maestro todavía es capaz del hechizo, la sorpresa y el disgusto: pocas veces ha escrito un crimen tan espantoso como el de Frank. Y, como siempre, es brillante en sus reflexiones políticas. Lo que resuena en El visitante, con sutileza pero también de manera bastante clara, es la enloquecedora confusión de las fake news y la mentalidad linchadora del juicio apresurado contemporáneo, el mediático o el virtual. Nadie espera para lanzarse a culpar a Terry: nadie escucha, porque nadie quiere escuchar, porque todos ya han formado su opinión y no importan los datos, ni las contradicciones, ni los hechos. Por supuesto King lleva el caso al extremo, e ingresa el elemento sobrenatural, pero eso tiene que ver con el género: El visitante no es un ensayo, es ficción popular para pensar el presente. Es decir: lo que Stephen King siempre hizo, y sigue haciendo, mejor que nadie.

 

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