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José Bellas lee a Johnny Marr

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Nuestro renombrado crítico musical José Bellas se tomó un tiempo para leer ¿Cuándo es ahora? (Malpaso), las memorias de Johnny Marr. Y no, no presentaremos a Marr como el guitarrista y fundador de The Smiths, sino como el artista que ha conmovido a generaciones y puntapié de una corriente musical que hasta ahora, nadie ha superado. El karma está de su lado, dice el autor de la nota, y nada más certero.  

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POR JOSÉ BELLAS

 

Todas las autobiografías felices se parecen unas a otras, diría León Tolstoi si viviera en estos tiempos. Y la de Johnny Marr (Manchester, 1963) es la de un hombre al que las cosas parecen dársele sin mucho esfuerzo. Se trata de una estimación aparente, claro, para alguien que antes de cumplir cinco años ya sabía qué pedirle a su mamá para el cumple: una guitarra que había visto colgada en la tienda de la esquina, la clase de epifanía precoz que solo ampara éxito en un caso por millón.

Desde pequeño, cuenta, hay música a su alrededor y una sensibilidad símil antena para captar toda forma de conectarse a ella: la magia de las reuniones de su numerosa parentela de origen irlandés, las fascinación con el instrumental técnico que advertía en las fiestas a la que acudían sus padres, el descubrimiento de las posibilidades del sonido y las palabras en el pop a partir de escuchar «Jeepster» de T.Rex.

De 383 páginas de esta edición, originalmente titulada Set the Boy Free, 141 corresponden a su paso por The Smiths, el histórico cuarteto que armó, y él mismo abandonó, cuando apenas tenía 23 años. Esto vendría a decirnos que poco más de un tercio del libro trata sobre el principal motivo por el que alguien se compraría un libro sobre Johnny Marr contado por el propio Johnny Marr. Aún así, no hay forma de sentirse decepcionado con la profusión de detalles que pormenoriza en el relato, ya que además de la memoria y el peso de la obra, los hechos ocupan su primera juventud y con esa clase de brío y emoción vienen condimentados.

El Johnny de hoy no tiene pruritos en recordarse a comienzos de los ’80 como un jovencito deslumbrado por el pop de los ’60, los cortes de pelo taza y los collares, feliz de trabajar en locales de ropa retro, de raíces laboristas, con la pretensión de reformular la escena musical del momento. “El punk hacía tiempo que había pasado, y el post punk tampoco era algo que consideráramos nuestro. Los fans de los Smiths andaban en pos de algo que expresara su tiempo y su cultura, y nosotros queríamos encontrar aquello tanto para ellos como para nosotros mismos”, esgrime sin nunca admitir que la sublime potencia de la banda estaba deliberadamente basada en una fuga del canon de la década, conforme a un cambio de velocidad y normativa, que entronizaba con el pasado y, como dirían su coterráneos Buzzcocks, nostalgia de un tiempo que aún no llegaba.

Sobre su relación con Morrissey, socio musical durante el lustro decisivo de su vida (1982-1987), se permite deslizar un respeto reverencial, aún mayor que el que el cantante expresa en sus encumbradas memorias. A la hora de cotejar, ambos coinciden en adjudicarle a su primer encuentro, en la casa de Morrissey sita en 384 Kings Road, el honorario de epifanía en vida. En cambio, distinto es el tratamiento al juicio póstumo que el baterista Mike Joyce le inició a la dupla: donde Morrissey se ensaña en más de 70 páginas a pormenorizar, insultar y sangrar por la herida, Marr apenas lo sobrevuela como un trago amargo.

Como sucede con Recuerdos que mienten un poco, la reciente autobiografía del Indio Solari, por más que sus anfitriones expliquen hasta con señales los motivos de la separación de sus bandas madres, The Smiths y Los Redondos, hay algo que no termina de cerrar. Un despliegue de excusas que, por convincentes y hasta reveladoras, quedarán siempre cortas frente a las expectativas de los fans y la envergadura de la leyenda que cimentaron. “Así son los grupos”, dice que le dijo Sir Paul McCartney en una sesión conjunta, apenas separado de Morrissey.

De hecho el propio Marr pondera su participación en el disco Naked de Talking Heads, a pocas semanas de abandonar a The Smiths, como un verdadero triunfo a nivel carrera. Desde entonces, de tres décadas para acá, su historial como sesionista y acompañante será rutilante (The Pretenders, The The, Bryan Ferry, Pet Shop Boys, Nile Rodgers, Billy Bragg), conformará un súper grupo junto a Bernard Sumner (Electronic) e, integrado a los norteamericanos Modest Mouse, conocerá por primera vez llegar al Nro 1 de los Estados Unidos, ya en este milenio. Antes, durante y después, seguirá en pareja con Angie, su novia desde la adolescencia, vislumbrará el nacimiento de Oasis como padrino y dealer de guitarras y cerrará su balance de vida hasta estas instancias de hombre-mediana-edad-confesándose sin traumas, complejos o deudas por declarar.

Este libro también podría haberse llamado Johnny Marr, el karma está de su lado. O así. Los que persigan una autobiografía infeliz, de esas que lo son cada una a su manera, que busquen por otro lado.

 

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