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El tiempo mejora con el vino

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Una breve historia de la borrachera – Cómo, por qué, dónde y cuándo la humanidad se ha divertido, desde la Edad de Piedra hasta el presente, de Mark Forsyth (Ariel) es una divertida crónica, casi un ensayo antropológico, de la presencia del alcohol en la humanidad. Los datos más curiosos y hasta increíbles sobre los registros de la bebida hacen de éste, un libro por demás entretenido y un factor para entender las diferentes costumbres culturales y sociales en torno a las borracheras. ¡A beber que se acaba el mundo!

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POR VICTORIA MANSILLA

 

¿Qué dice la Biblia cuando cuenta que Jesús transformó el agua en vino? OK, hablaba de milagros, pero básicamente trataba de las preferencias de la población, ¿o no? Así es, la humanidad siempre prefirió el alcohol por su efecto, diremos, tranquilizante, y su sabor. Y también el mundo animal, claro. ¿Sabía usted que hay monos en Panamá que beben alcoholes fermentados naturalmente de las frutas y se abrazan a las ramas de los árboles hasta caer borrachísimos? ¿O que la musaraña de Malasia tiene más capacidad de absorción de alcohol que el hombre? Cuenta Darwin, según este ensayo de Forsyth, que los africanos cazaban babuinos emborrachándolos hasta que cayeran por su propio peso. También está la anécdota de cuando cincuenta elefantes entraron a una destilería y mataron a cinco personas en su loca carrera hacia el alcohol.

No solo trata el libro una cartografía histórica desde los bares sumerios, las costumbres de los antiguos griegos, egipcios y aztecas, pasando por el Imperio Chino y por supuesto, los vikingos que se envalentonaban al frío mar tras litros de cerveza y que además creían que la hidromiel era la fuente de la poesía; sino que no deja de hacer un análisis sobre los cambios sociales a partir de la ingesta de alcohol. Por ejemplo, el último de los zares, Nicolás II, acérrimo religioso temeroso de Dios entre tantísimos otros problemas, había prohibido el alcohol. Stalin, por su lado, obligaba a sus ministros a consumir altas dosis de vodka. Vale que ambos fueron dictadores a su modo y ninguno terminó bien sus días -y de ninguna manera es este texto una apología de la bebida-, lo que leemos de estas consecuencias es que el alcohol fue y será siempre algo serio. O los persas, por ejemplo, que debatían todos los asuntos políticos dos veces: una sobrios y otra borrachos. Perspectiva, que le dicen. El castigo que los aztecas, siempre extremos, infligían a los borrachos era el estrangulamiento público. 

 

Sabemos del amor de los ingleses por el gin pero acá entendemos que las razones tienen que ver con la monarquía (William III era holandés y llevó el gin a Inglaterra), los soldados holandeses lo consideraban fuente de valor, holandeses e ingleses lucharon juntos así que el link fue fácil. Otra causa de amor por el gin: el hambre. Una mala cosecha significaba aún más pobreza para los granjeros pero para el gin no es necesaria una buena semilla: así William III les enseñó que una vez destilada la semilla, no se nota la diferencia. Et voilá: así generó un mercado de locos, casi acabó con la hambruna y todos borrachos y felices.

Mark Forsyth es autor de los bestsellers The Etymologicon, The Horologicon y The Elements of Eloquence y su trabajo se enfoca en la etimología del inglés y el significado de las palabras, más específicamente, de las palabras oscuras y fuera de uso. Su libro The Etymologicon fue número 1 en ventas y su TED Talk “What’s a snollygoster” tiene más de medio millón de visualizaciones. 

Una breve historia de la borrachera lleva a una lectura ágil, divertida y llena de datos que no sabíamos que queríamos saber.

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