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Damas en bicicleta – Cómo vestir y normas de comportamiento

 

 

Damas en bicicleta – Cómo vestir y normas de comportamiento, de F. J. Erskine (Impedimenta) y con traducción de José C. Vales, este libro ilustrado y editado en tapa dura, agrupa los consejos que escribió en 1897 la autora victoriana desde su propia experiencia como ciclista. Con un humor franco y desenfadado, esa nueva moda de las chicas que montaban en bicicleta por los campos ingleses. Hay que decir que muchas de las cosas que decía siguen siendo relevantes hoy en día.

 

 

 

Tener este libro en manos ya invita a la aventura. Como todo libro de Impedimenta, resulta un placer a los ojos: realmente estamos frente a una edición tal cual la era victoriana con sus ilustraciones de la época. ¡Y la temática! ¡La mujer en bicicleta! Con todos los pruritos de la era histórica con la flema inglesa como base. Y no solo se destaca la bicicleta como medio de transporte, sino de libertad. Una mujer podía andar a caballo si tenía clase y distinción pero no la libertad de andar… ¡sola! La bicicleta funcionó como cambio visceral en la sociedad inglesa. Las mujeres en esa época tenían la movilidad limitada a aquellos lugares donde fuesen con sus maridos o donde pudiesen desplazarse a pie.

Publicada en 1897, estamos ante una de las primeras guías para mujeres ciclistas de la época victoriana. Un manual que sirvió para instruir y modelar a las primeras generaciones de arriesgadas amazonas del pedal, incluyendo la selección de la bicicleta adecuada a las damas de la buena sociedad, su atuendo y complementos, la elección de la comida y la bebida más convenientes para tomar durante el viaje, y hasta la organización de divertidas ginkanas ciclistas en tu jardín. Además de afrontar la espinosa cuestión de si montar en bicicleta constituía una actividad apropiada para las mujeres.

Erskine fue una autora victoriana cuya única obra conocida es el manual Damas en bicicleta. Fue escrito, en palabras de Erskine, “para mujeres ciclistas por una mujer ciclista”, y publicado en 1897, momento en el que las mujeres de todo el imperio británico se habían lanzado a la aventura en sus bicicletas, lo cual no fue muy bien recibido por la sociedad masculina de la época. La señorita Erskine fue, por tanto, una mujer transgresora que puso su granito de arena para que la llamada “nueva mujer” se situara en igualdad de condiciones con el hombre.

Como indica el prólogo, la mujer era poco más que una propiedad más del marido, sin derechos y sin opciones. Y eso resulta aún más llamativo cuando recordamos que quien estaba al cargo del país era precisamente una mujer, la reina Victoria. Afortunadamente, unas cuantas valientes comenzaron a alzar la voz y empezaron a ser escuchadas. Era imposible montar en bicicleta con pomposos vestidos y ceñidos corsés. Quizá uno de las mayores libertades que proporcionó la bicicleta a la mujer fue la introducción del pantalón a su vestuario.

Un libro revolucionario que es el espíritu de una época en que montar en bicicleta constituía una actividad naciente para las féminas más modernas y temerarias del Imperio. Un libro casi para coleccionistas.

Algunos de sus destacados:

“El costo inicial de una bicicleta es casi tan elevado como el de un poni”.

“¡Lana! Lana arriba y lana abajo, lana por todas partes; tal es el consenso deportivo al que han llegado tirios y troyanos en lo que a normas de saludable higiene ciclista se refiere”.

“Si la dama ciclista está nerviosa, o el cruce es complicado, como el de Regent Circus o la rotonda del Marble Arch, lo más inteligente —si no lo más decoroso— es que una se tire de la bicicleta y cruce andando”.

“Un huevo batido en la leche, al que añadiremos una buena cucharadita de whisky, resulta un magnífico reconstituyente para la ciclista que ha perdido súbitamente sus fuerzas”.

“Ir acompañada cuando se hacen excursiones constituye una certera salvaguardia contra las molestias ocasionadas por los vagabundos”.

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