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Cuadernos de Manchester

El 22 de mayo de 2016, veintiuna personas murieron en un atentado terrorista al terminar el concierto de Ariana Grande en el Manchester Arena. Este libro está dedicado con todo nuestro cariño a su memoria, a sus familiares y amigos y a todos los que de alguna manera padecieron las consecuencias de aquella maldita noche de dolor. Y en especial a Cristina, María y Valentina por ser tan valientes. Cuaderno de Manchester – De cómo y con quién Pep Guardiola conquistó Inglaterra de Luis Martín y Pol Ballús (Malpaso) te lo cuenta. We love Manchester. En ESTACIÓN LIBRO compartimos el prólogo de nada menos Noel Gallagher, ex Oasis y fan del club y el primer capítulo del libro.

 

 

 

POR NOEL GALLAGHER

 

Conocí al Señor el 26 de mayo de 2016 en el Ethiad Campus. Me habían pedido que lo entrevistara para la página web del club y media docena de personas esperábamos su aparición en aquella sala. Ninguno de nosotros lo conocía, de modo que estábamos, digamos, un pelín… no nerviosos, pero… me entendéis, ¿no? En cuanto llegó, sin embargo, consiguió que todo el mundo se sintiera cómodo. Estrechó las manos, preguntó los nombres y se interesó por el trabajo de cada uno. Durante los 45 minutos siguientes procedió a contarnos (con calma, con seguridad) lo que esperaba y deseaba hallar a lo largo de durante su período inicial en el club. Explicó lo que esperaba de los jugadores, la afición y el cuerpo técnico. Dijo que tenía muchas ganas de experimentar el clima de la ciudad y que pensaba trabajar y vivir en el centro. Parecía uno de nosotros, hablaba como nosotros, soñaba como nosotros. Recuerdo vivamente que, cuando salió de la sala y la puerta se cerró tras él, inflamos colectivamente nuestros carrillos y exclamamos «¡guau!» mirándonos unos a otros,

Mis amigos, que en su mayoría son blues, me llamaron enseguida preguntando: «¿Cómo es? ¿Qué ha dicho?». Les aseguré que trayéndolo a Mánchester nuestro pequeño y ridículo club de fútbol había dado un golpe maestro entre todos los golpes maestros. Nos hallábamos en buenas manos.

Dos años después estamos a punto de lograr algo increíble, algo que no es fácil de describir. Nunca habíamos presenciado tanta magia; nunca, al menos, durante toda una vida. Desde aquel día nos hemos visto a menudo, tanto en la victoria como en la derrota: siempre tranquilo, pero resuelto; siempre centrado, pero jovial; siempre exigente, pero afable. Jugar para el Señor debe de ser un auténtico placer.

P. D. ¡Lo del clima era mentira!

 

CAPÍTULO 1
LA TARDE DE LOS CIEN PUNTOS
So throw those curtains wide!

One day like this a year’d see me right!

ELBOW, «ONE DAY LIKE THIS»

Ese día, a las tres de la tarde, el City salió al campo de Southampton vestido de gris para jugarse los últimos tres puntos de la temporada. Ya era campeón de Liga, pero aun así afrontaba varios retos. Los Saints, con Mark Hugues en el banquillo, estaban virtualmente salvados del descenso: solo se iban a la mierda si perdían por una diferencia de nueve goles.

No encajaron un tanto hasta el minuto 93, cuando Kevin De Bruyne dio su vigesimoprimera asistencia de la temporada (llegó a 16 en la Liga, más que nadie) y Gabriel Jesus controló el pase largo con la izquierda para superar la salida del portero levantando suavemente la pelota con el interior del pie derecho. Gol del 33, que poco antes había salido al campo sustituyendo a Delph.

Gabriel Jesus salió corriendo en busca de los hinchas del City desplazados hasta el Saint Mary’s, se quitó la camiseta y se entregó a sus abrazos para desesperación de los stewards que pilló en medio y de un fotógrafo que quedó atrapado en el tumulto. Porque detrás del brasileño aparecieron Brahim y Foden (que habían salido al campo básicamente para que pudieran sumar el quinto partido en la competición y la Football Association -fa— les otorgara la medalla que los reconocía como campeones de la Premier), Sterling, Stones, Sane, Walker (en un sprint majestuoso desde el banquillo), De Bruyne, Fernandinho, Delph, y Zinchenko. Ederson y Kompany llegaron los últimos y se tiraron como desalmados sobre la piña humana.

«Si algo tiene este equipo es la forma de celebrar los goles, un detalle que muestra cómo vive el vestuario, lo unidos que están los jugadores», dijo un día Manel Estiarte.

Josep Guardiola se abrazó a su amigo, el que fuera mejor waterpolista del mundo, con la misma pasión con que celebró el gol con Rodolf Borrell, uno de sus colaboradores. Domènec Torrent, Brian Kidd, Mikel Arteta y Lorenzo Buenaventura recibieron el cariño de Pep antes de que los jugadores volvieran al centro del campo, el Southampton pusiera la pelota en juego y se terminara el partido.

«Estoy muy feliz por el gol, pero no es lo más importante. Me tocó a mí, pero el premio es para el equipo. ¿Podemos compararlo con el gol del Kun? No, imposible. Él marcó en el Etihad, yo aquí, y su gol nos dio un título, el mío nos ha dado otras cosas. Es diferente», dijo Gabriel Jesus.

El gol del brasileño le dio al Manchester City todo lo que buscaba desde que el 15 de abril consiguió el título de campeón: a cinco partidos para el final del campeonato, era el equipo que lo ganaba de la manera más temprana junto con el United de Ferguson (temporada 2000-2001).

Los hechos eran elocuentes. Esa tarde, el equipo de Guardiola consiguió ser el primero en obtener 100 puntos en la historia de la Premier League (50 en casa y 50 a domicilio, algo insólito) y alcanzaba el título con la mayor diferencia de puntos (18) jamás obtenida con respecto al segundo clasificado, el Manchester United. Además sumaba 15 triunfos lejos de su estadio (superando al Chelsea de la temporada 2004-2005), 18 victorias consecutivas y 106 goles (2,8 por partido), tres más que los marcados por el Chelsea de Ancelotti durante la temporada 2009-2010. Había ganado 31 partidos (uno más que el Chelsea de Conte solo un año antes), registraba la mayor diferencia de goles nunca vista (+79 por los +71 del Chelsea en 2009-2010) y era el equipo con mayor porcentaje de posesión de la historia (71 %) y el que más pases había dado (28.242). O sea, el Manchester City reventaba todas las marcas.

No es extraño, pues, que Pep batiera otro récord: durante esa inolvidable temporada se convirtió en el entrenador más veces designado como el mejor del mes de forma consecutiva (cuatro premios entre septiembre y diciembre).

Pero esta historia empezó mucho antes.

 

 

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