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Violeta Parra: cantando al sol

 

A raíz de la nueva edición de Violeta Parra Poesía (Universidad de Valparaíso Editorial), hacemos un repaso por los libros escritos sobre la artista chilena y apuntamos un camino posible. Con la poesía, siempre, como estandarte. 

 

POR FACUNDO ARROYO

 

Salen del cabello de una mujer la naturaleza entera, la vida toda. El bordado que la Universidad de Valparaíso elige para la tapa de su grandiosa recopilación sobre la obra de Violeta Parra expresa la vitalidad de la artista más trascendental de América del Sur. Luego de que se cumpliera el centenario del nacimiento de Violeta en 2017, una catarata de libros brotaron para acompañar los festejos. La tercera edición de Violeta Parra Poesía (UV) siguió con ese pulso y llegó hace unos meses, nuevamente, a las mesas de novedades. No es mal momento, entonces, para juntar la producción escrita en base a la autora nacida en San Carlos (Provincia de Ñuble) y proponer un camino posible.  

Violeta caminó su tierra como una divinidad pagana. Su arte fue tan inmenso, colectivo. Desarrolló la tarea de traducir la cultura perdida de su pueblo y sus entrañas. En sus décimas nos contó la verdadera narrativa, una historia a la altura del Martín Fierro pero con perspectiva de género, con la fuerza revolucionaria de la mujer. Es difícil alejar a Violeta de una creencia, solo queda por salvarla de cualquier dogma religioso y ubicarla en la vereda de los Gauchitos Gil, de las Gildas y la madre tierra. Dialogó ante nosotros, su público, con dios en “Puerto Montt está temblando”. Sáez lo retoma como dato trascendental de su libro y Nicanor se inspira para escribir su texto de reivindicación llamado “Defensa de Violeta Parra”.

 

Hablando de Fernando Sáez, el escritor y agitador cultural escribió una de las biografías esenciales sobre Violeta Parra. La vida intranquila (1999, Sudamericana) se pasea por algunos puntos importantes de la interminable artista chilena, mujer de la tierra y los mares. Su bajada es “Biografía esencial” y es casi la única literalidad que se encontrará en el recorrido de este texto, escrito con anhelo, reflexión histórica y pulso folklórico, poético. No está mal que este trabajo sea el inicio del camino hacia la Violeta de los curiosos, de las intranquilas. Llenos de recuerdos, secuencias muy visuales que la traen a Parra en sus historias más trascendentales, con testimonios de primera mano (y muy cercanos) y un tacto admirable para seguir adelante cronológicamente y nunca trabarse en el millón de tangentes que tuvo la vida de Violeta a lo largo de sus profundos 49 años. Dice Sáez en su prólogo: “Enfrentar la biografía de Violeta Parra es apartarse de las medias tintas. Esta historia no permite soslayos, sobre todo para un final que es el suicidio de alguien que toma una pistola y pone voluntariamente término a su vida”.

 

No se puede creer el vuelo de Décimas. Autobiografía en verso que escribió entre 1957 y 1958 y finalmente se publicó por primera vez en 1970, con varias reediciones que hacen fácil su acceso en la actualidad. El entusiasta y estimulador de este trabajo fue el gran Nicanor Parra, su hermano mayor, su primera referencia simbólica y de sostén en el mundo del arte y, sobre todo, en el trabajo desarrollado a través del arte. Las décimas de Violeta que como adelanta su bajada, cuentan los pasos de su vida, tienen la potencia de “Gracias a la vida” o “Maldigo del alto cielo” o de sus arpilleras o de su trabajo de investigadora o de su corazón, que es casi todo lo mismo. Es un texto tan universal que recurre al folklore para contar la vida de una mujer dueña de todas sus manifestaciones. Es tan poderoso este texto que no puede ser menos que El Martín Fierro de José Hernández. El tema es el foco, Las Décimas de Violeta, a diferencia del libro que plantea la gauchesca en Argentina, no esencializa, muestra la crudeza más vital de una cultura, de un folklore cordillerano que mira desde arriba a la pampa húmeda.

 

Qué acertadas son las líneas del peruano José María Arguedas que contiene la edición de Sudamericana: “Yo creo que el caso de Violeta Parra es uno de las más excepcionales e interesantes que se pueden representar en el arte de Latinoamérica (…). Ella es lo más chileno de lo más chileno que yo tengo posibilidad de sentir; sin embargo es al mismo tiempo lo más universal que ha conocido Chile (…). Lo más genialmente individual y lo más genuinamente popular (…). Era una fuerza que se hallaba cargada de una conciencia sumamente lúcida de su propio valer, y a través de éste, del valer, de la calidad de todo lo que ella había buscado y encontrado en las clases populares”.

Violeta Parra

Lean, por ejemplo, cómo cuenta Violeta en sus décimas el descubrimiento del bordado: “En casa hallaba consuelo, / con mis trapitos jugaba, / uno tras otro juntaba / para formar un pañuelo, / lo hilvano con mucho esmero; / del ver sus lindos colores, / igual que jardín de flores. / Me brilla en el pensamiento / para contar este cuento / pañuelo de mis amores”, (página 60).  

Si bien Patricio Manns está vinculado al teatro y a la música es, estrictamente, un escritor. Exiliado en Francia tras el golpe de estado en Chile y radicado en Concón desde el año 2000, Manns construyó un ensayo de corte narrativo a partir de su memoria y su talento. Su fuente principal son las charlas que mantuvo con Violeta a través de una fuerte amistad pero su cronología tiene más que ver con los misterios de la creación y la cultura de un país que con las obras particulares del foco del libro. Así es que La guitarra indócil (1977, reeditada por Lumen en 2017) es uno de los textos reflexivos más interesantes que se han escrito sobre la gran investigadora que la academia universal no conoce, o que al menos nunca tuvo la chance de ver cargado su “CV normalizado” en ninguna de sus bases de datos.  

 

El libro mayor sobre Violeta Parra (Editor, 1985), escrito por su hija Isabel Parra es un relato biográfico y testimonial. Reúne documentos, cartas, manuscritos y fotografías de su madre, junto a testimonios de quienes la conocieron, como los poetas Gonzalo Rojas y el antipoeta y hermano Nicanor. Violeta Parra en sus palabras. (Entrevistas 1954-1967), fue editado por Marisol García. Aquí se puede medir, también, la potencia oral que Violeta tenía a la hora de reflexionar sobre arte y, principalmente, sobre su obra. Y Gracias a la vida. (Violeta Parra, testimonio), editado en el año 1976 y trabajado a partir de la pluma de Bernardo Subercaseaux y Jaime Londoño, genera la biografía coral más concreta. A partir de esa metodología los autores logran un tono particular, que se sostiene solo gracias al casi medio centenar de voces (testimonios) directos e indirectos a Parra; raro, pero real. Tres paradas más del camino propuesto hacia una lectura posible de alguien imposible.

 

Cuesta imaginarse a un pájaro libre encerrado en un edificio, en un museo. Cuesta, de verdad, pensar que la energía de Violeta Parra está contenida en su nuevo museo ubicado en la ciudad de Santiago. Pero para asombro de cantidad de gente, el proyecto coordinado por Isabel y Ángel (sus hijos), a través de la Fundación Violeta Parra, fue conducente para establecer con el Estado chileno un proyecto a la altura de la circunstancia. Con fines educativos, principalmente, allí se puede ver la obra de Violeta. Hay una gran parte de su histórica exposición de arpilleras en el museo francés Louvre, por ejemplo. Uno sale de la profundidad del subte (¡o metro!) en la parada de Baquedano, y apenas cruza la calle y adelanta unos metros, un perfume eterno circula entre los árboles de la Avenida Vicuña Mackenna. El Museo Violeta Parra es el espacio que alberga tanto la memoria y legado creativo de la artista como la documentación relacionada con su vida y obra. El objetivo de la Fundación es conservar, restaurar, difundir y poner en valor el legado de Violeta Parra. Uno puede hacer unos pasos en giro caracol, luego de un recorrido inducido por la arquitectura del lugar, y toparse con más de 30 libros editados sobre ella. Imaginen todo lo que nos falta leer.   

 

 

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