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Sabato o el hombre que sufrió para escribirlo

 

Estrictamente, Ernesto Sabato escribió solamente tres novelas. Sin embargo, su nombre se asocia a la literatura más representativa de las letras argentinas y la narrativa hispanoamericana toda. Físico de formación, hurgó entre las miserias humanas para proyectar sus propias inquietudes. Su enemistad con Borges. Aquí un repaso por su vida y su obra.

 

 

 

POR BENJAMÍN LOMBARDO

Tres novelas, decíamos; El túnel, por supuesto, en 1948, Sobre héroes y tumbas en 1961 y Abaddón el exterminador en 1974. También apreciamos el tiempo que se demoró entre obra y obra y mucho tiene que ver su personalidad en eso.

Sabato había nacido en la localidad bonaerense de Rojas en 1911. De familia «jerárquica», según las propias palabras del autor, se crió bajo las severas restricciones paternas y habiendo terminado sus estudios, se trasladó a La Plata para ingresar al mundo universitario. Conoce el comunismo, conoce a Matilde y se enamora de ambos. Se doctora en Ciencias físicas y matemáticas, prácticamente abandona su militancia de izquierda frente a las políticas de Stalin, se casa y viaja a París para investigar las radiaciones atómicas. Entre tantos intelectuales, conoce a André Breton quien alentará su vocación literaria. Años más tarde y otra vez en Argentina, se dedicará a dar clases en la universidad de La Plata pero pierde su cátedra por sus escritos sobre Juan Domingo Perón: criticaba el desenfoque científico por parte del gobierno y la deshumanización de la ciencia, lo que eventualmente generará una profunda crisis existencial en Sabato y sobre todo, vocacional. Algo que siempre agradeceremos quienes lo hemos leído con sus novelas y sobre todo, esos ensayos brillantes pletóricos de mirada introspectiva y grandilocuencia retórica.

Siempre estuvo su personalidad bajo una sombra de pesar. La existencia misma vista a través de la física y la poesía no puede ser menos que pesada. Sus ensayos, Uno y el universo, El escritor y sus fantasmas, La resistencia, por nombrar algunos, así lo reflejan. En Antes del fin, su casi autobiografía, repasa sus, en ese momento, ochenta y seis años de vida y refleja el inenarrable dolor por la pérdida de uno de sus hijos en un accidente de autos.

Sobre héroes y tumbas es una de las mejores novelas argentinas, sin dudas, lo que le otorgó la autoridad de resultar un formador de opinión y así, un referente ético y moral. Esa identificación quedó reforzada por su labor como presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), para la que fue designado en 1983 por el entonces presidente Alfonsín. Se dedicó de lleno a investigar la represión del gobierno militar. «He estado en el infierno», dijo tras reunir los testimonios de los sobrevivientes. La conclusiones de la comisión quedaron recogidas en las cincuenta mil páginas del llamado Informe Sábato.

Entre tantos, fue galardonado con el Premio Cervantes siendo el segundo argentino en obtenerlo tras Borges. Primero colegas y luego distanciados por posturas políticas, los dos escritores se reencontraron tras veinte años de enemistad, una muy cordial, claro. Aquí algo de ese reencuentro.

Borges: La vida es soportable porque ocurre en tajadas. Uno se levanta, se afeita, desayuna. Va haciendo las cosas lentamente. Por eso la vida es menos espantosa…

Sabato: Claro. Imagínese un hombre que se pasara toda la vida afeitándose. O diciendo Buenos días.  Mucha gente supone que los hombres famosos nunca dicen Buenos días o toman café con leche, como cualquiera. Si los ven tomar café con leche, ya no creen en su fama. La gente parece ignorar que el hombre no siempre escribe el Quijote. A veces paga impuestos.

Borges: Es cierto. Lo mismo que esos que dicen: «A fulano lo conocí siendo de este alto». Bueno, ¿qué pretenden? ¿Que naciera siendo gigantesco?

Sabato: Muchas señoras de la época habrán dicho algo parecido de Marcel Proust: «¿Pero quién iba a decir que Marcelito escribiría una obra maestra?». Los famosos no pueden vivir a la vuelta. Tienen que vivir en el país de ninguna parte.

Borges: Sí, en Utopía. Las palabras tienden trampas. Uno dice: «Ese lugar es estupendo». Y estupendo parece provenir de estúpido.

Sabato: Yo inventé la palabra afroidisíaco, que es una combinación de Freud y afrodisíaco.

Borges: Yo conocí una orquesta de zíngaros. Pero en realidad no eran tan zíngaros. Eran apenas gríngaros.

Además, pintor, Ernesto Sabato vivió, escribió, amó y sufrió como pocos. Lo mejor de todo eso es que quedó plasmado en sus libros. Murió en abril del 2011, apenas unos días antes de llegar a los cien años.

 

 

 

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