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Marguerite mon amour

 

El 4 de abril recordamos el nacimiento de Marguerite Duras, una autora de lectura obligada. Sus recuerdos fueron libros y sus libros, monumentos. Con casi cien obras entre sus facetas de escritora, guionista y directora de cine, la Duras es sinónimo de excesos y distinción.

 

 

POR BENJAMÍN LOMBARDO

 

“Las biografías que se escriben sobre mí no me interesan para nada. Mis libros deberían bastar”. Categórica, Marguerite Duras (nacido el 4 de abril de 1914 como Marguerite Germaine Marie Donnadieu) fue antes que otra cosa, una mujer llena de misterios. Tomó el seudónimo de su apellido de la zona de origen de su padre y ahí comenzó a desarrollar esa gran habilidad que la acompañará toda su vida: la de la reinventarse constantemente. Terminó sus días hablando de sí misma en tercera persona. “No parece Duras en absoluto”, solía decir refiriéndose a su propia obra, “¿esto es Duras, realmente?”. Creó sus propias leyendas, se desdecía de lo dicho y confesaba lo incofesable.

La autora y cineasta nació en la antigua ciudad de Saigón, hoy Ho Chi Minh y vivió allí hasta entrada su adolescencia. Permaneció en tierras indochinas junto a su madre y esta experiencia está reflejada en su obra comenzando con su obra más famosa: El amante. Con apenas quince años se convirtió en amante de un chino rico y mucho mayor.

Comenzó esa vida propia de novela en la Indochina colonial francesa, donde su padre la dejó a merced de su difícil madre, una maestra que intentó sacar a la familia de la pobreza con la compra de un campo pero nunca produjo nada más que ruina.

Cuando volvieron a la Francia original, estudió Derecho, Ciencias Políticas y Matemáticas.

Pero hubo dos factores que estuvieron ligados a su vida más que su vida en Oriente y los estudios académicos: el alcohol y la escritura ocupan un lugar decisivo en su biografía. Llegó a beber entre seis y ocho litros diarios de alcohol en su vida adulta. Ella se sentía repulsiva. “Me gustaba darme asco a mí misma. Me veía destrozándome. Era placentero aquel desplome”.

Se casó en 1939 con Robert Antelme y tuvieron un hijo que murió en 1942. Ese mismo año, Duras conoció a Dionys Mascolo, su amante con quien tuvo otro hijo. Fue parte de la Resistencia Francesas durante la Segunda Guerra Mundial y cuando su equipo cayó en una emboscada, fue rescatada por quien sería presidente de su país, Francois Mitterand pero su esposo fue enviado a un campo de concentración. Cuando él volvió, y a pesar de estar dispuesta a una separación, lo vuelve a acoger y se ocupa de su recuperación. El dolor, su novela, será la crónica de estos tiempos. Años más tarde se casaría con Dionys Mascolo de quien también se separará.

¿Qué repite en sus historias? Amor, desamor -donde hace catarsis frente al abandono sentimental de su madre), alienación, desobediencia. ¿Las claves de su existencia? La soledad, la destrucción, el silencio.

Amada y odiada por igual por su particular personalidad, por igual agradable y desagradable, caprichosa y amable, no pasaba desapercibida. Una escritora confidencial, una mujer que tuvo de amante a un joven homosexual con quien compartía el drama del alcoholismo, pero supo relatarlo todo de modo tal que nada parecía imposible. O real, hasta lo irreal.

«Para que el mundo sea soportable, es necesario exorcizar las obsesiones, pero la escritura puede, tanto esconderlas como desvelarlas».

Así es como busca la palabra justa. Decía: «Escribir es tratar de saber lo que uno escribiría si uno escribiera. Escribir ha sido siempre lo único que llenaba mi vida, lo único que me separaba de la locura», confiesa en su ensayo de 1993 ‘Escribir’. ?

Nunca dejó de hacer frente a las contradicciones de una vida siempre en el límite. Las relaciones entre la adolescente blanca que fue y el amante chino, el desamor de su madre y más obsesiones quedarán plasmadas en una evocación que no excluye la densidad humana en circunstancias extremas.

Cuarenta novelas escribió a lo largo de su vida, doce obras de teatro, además de una serie de ensayos y guionó-dirigió-participó de casi veinte películas. La lluvia de verano, Hiroshima mon amour, La vida material, La vida tranquila, El marinero de Gibraltar, La amante inglesa, Cuadernos de la guerra, El parque, son apenas algunos de los tantísimos de su prolífica carrera.

Murió el 3 de marzo de 1996 de un cáncer de esófago.

Una escritura instintiva, honesta, radical, monumentalmente humana.

 

 

 

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