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Un hombre sin principios

Henry David Thoreau partió el 6 de mayo de 1862 y había nacido el 12 de julio de 1817 en Massachusetts, Estados Unidos. Poeta, filósofo trascendentalista fue autor de dos obras (entre tantísimas) fundamentales: Walden y Desobediencia civil. Naturalista, se instala en el bosque por dos años y el diario de su experimento es Walden, o la vida en los bosques publicado durante 1854. Antes de eso, había elegido ir a la cárcel en lugar de pagar los impuestos a un gobierno que admitía la esclavitud y era partícipe de una guerra con México. En 1849 se publica Desobediencia civil donde sentó las bases teóricas de la resistencia pasiva como método de protesta. Este extracto que compartimos de Una vida sin principios (Godot) es una conferencia dictada por el autor el 6 de diciembre de 1854 en el Hall del Ferrocarril de Rhode Island. Posteriormente, dictó la conferencia cuatro veces más en Massachusetts durante 1855, y una vez más en Nueva Jersey al año siguiente. La versión publicada originalmente en 1863 es la traducida por la editorial y así llega a nuestras manos. 

 

 

 

En una conferencia, no mucho tiempo atrás, sentí que el expositor había elegido un tema demasiado lejano a sí mismo, por lo que no lograba interesarme como podría haberlo hecho. No describía las cosas desde su íntimo centro, sino desde sus extremidades y superficies. No había, en este sentido, un pensamiento verdadero en esa charla. Me hubiera gustado ver al expositor lidiar con sus experiencias más íntimas, como un poeta lo hubiese hecho. El mayor elogio que puedo recibir es cuando alguien me pregunta lo que pienso, y escucha atento mi respuesta. Me sorprendo y emociono en igual medida cuando esto ocurre. Es un uso tan raro que el otro hace de mí, como si me reconociera como herramienta. En general, si una persona requiere algo de mí, es solo para saber cuántos acres puedo hacer de sus tierras –ya que soy un agrimensor– o, a lo más, con qué noticias triviales está cargada mi existencia. Nunca irán a la carne, prefieren la cáscara. En una ocasión, un hombre recorrió largas distancias para pedirme una charla sobre la Esclavitud, pero al comenzar el diálogo, descubrí que tanto él como sus colegas esperaban que la mayor parte de la charla fuera suya, por tanto decliné. Doy por hecho, cuando me invitan a dar una charla –tengo algo de experiencia en el asunto– que mis anfitriones quieren escuchar lo que pienso con respecto a un tema –aunque puede que sea el tonto más grande del país– y no que asista a decir cosas meramente placenteras para que la audiencia asienta. Por lo tanto resuelvo darles una fuerte dosis de mí mismo. Es lo que han pedido, y por lo que han aceptado pagar. Lo
natural es que me obtengan a mí, aun si eso los aburre totalmente. ahora, les diré algo similar a ustedes. Ya que ustedes son mis lectores, y yo no he sido realmente un viajero, no les hablaré sobre gente que vive a miles de kilómetros, sino que me mantendré lo más cerca de casa posible. Como el tiempo es breve, dejaré afuera cualquier adulación, y solo retendré la crítica.

Este mundo es un lugar de negocios. ¡Qué ruido infinito! Me despierto casi todas las noches con el mecánico jadeo de la locomotora. Interrumpe mis sueños. No hay Sabbath. Sería glorioso ver a la raza humana en calma por una vez. No hay nada excepto trabajo, trabajo, trabajo. No puedo comprar con facilidad un cuaderno en blanco para escribir pensamientos, porque en general están reglados para dólares y centavos. Un irlandés, observando cómo me tomaba un segundo al cruzar el campo, dio por hecho que estaba calculando mis ganancias. Si un hombre es lanzado por una ventana cuando es niño y queda inválido de por vida, o si se vuelve loco por temor a los indios, es lamentado principalmente porque quedará incapacitado para los negocios. Creo que no hay nada, ni siquiera el crimen, que sea más opuesto a la poesía, a la filosofía, y a la vida misma, que estos agotadores negocios.

Hay un tosco y bullicioso colega en las afueras de nuestro pueblo, muy bueno para hacer dinero, que va a construir un cerco bajo la colina, a lo largo del borde de su prado. Las autoridades le han dado la idea para evitar que origine otros problemas, y desea que yo pase con él tres semanas cavando ahí.
Como resultado, quizás consiga más dinero para ahorrar, que luego sus herederos gastarán estúpidamente. Si yo hago esto, la mayoría considerará que soy un hombre trabajador y laborioso, pero si elijo dedicarme a tareas que pudieran darme reales beneficios, pero menos dinero, ellos pensarían
que soy un holgazán. Sin embargo, como no necesito que la policía de la labor absurda me regule, y no veo nada digno de alabanza en las empresas de estos sujetos, al menos no más que en los de cualquier otro emprendimiento de nuestro u otros gobiernos, sin importar cuán divertido les pueda parecer a él o ellos, prefiero terminar mi educación en una escuela diferente. si un hombre se adentra en los bosques por amor a ellos cada mañana, está en peligro de ser considerado un vago; pero si gasta su día completo especulando, cortando esos mismos bosques, y haciendo que la tierra se quede calva antes de tiempo,
es un estimado y emprendedor ciudadano. Como si un pueblo no pudiese tener otro interés en un
bosque que el de cortarlo.

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