Estación Libro
EXPLORAR LIBROS ->
TODOS LOS AUTORES ->
TODAS LAS EDITORIALES ->
EXPLORAR LIBROS ->

Estaciones

Unicenter Shopping

SHOPPING CENTER LAS PALMAS DE PILAR

NORDELTA CENTRO COMERCIAL

BOULEVARD SHOPPING

Martínez
Av. Paraná 3745
Local 3169

Dom. a Jue. 10 a 22 hs / Vie. 10 a 23 hs / Sab. 10 a 24 hs
Ver Mapa
Pilar
Las Magnolias 754
Local 1044

Lun. a Dom. 10 a 22 hs
Ver Mapa
Tigre
Av. de los Lagos 7010
Local 219

Dom. a Jue. 10 a 21 hs / Vie. y Sab. 10 a 22 hs
Ver Mapa
Adrogué
Av. Hipólito Yrigoyen 13298
Local 235

Lun. a Jue. 10:30 a 21 hs / Vie. a Dom. 10:30 a 22 hs
Ver Mapa

Ingresar

Inicia Sesión

Registrarse

Tus datos personales se utilizarán para procesar tu pedido, mejorar tu experiencia en esta web, gestionar el acceso a tu cuenta y otros propósitos descritos en nuestra política de privacidad.

¿No tenés cuenta?

Para buscar algo por favor ingrese el texto a buscar en la barra de búsqueda

Hopendath 1 – Rebelión roja, de Pamela Stupia

Hopendath 1 – Rebelión roja, de Pamela Stupia (Planeta) es una historia para chicas y chicos a partir de los doce años. «No hay arcoiris sin tormenta», anuncia el libro y eso da una idea del idealismo juvenil. Astor pertenece a la región roja de Hopendath, pero cuando cumple diecisiete años, siente que algo en su vida debe cambiar. Cansado de las reglas que rigen su mundo, decide tomarse una noche para romper la mayor cantidad de ellas. Nunca abandonar tu región, conservar el color de cabello que representa a tu pueblo, no mezclarte con habitantes de las otras seis regiones, casarte antes de los veinticinco años… Después de decolorar su cabello rojo, Astor atraviesa la frontera. Circula por la región naranja y la amarilla, hasta detenerse en la verde. Todo es distinto esa noche. Nadie habla de Ray, su hermano gemelo desaparecido años atrás. Nadie lo compara. ¿Podrá dejar de romper las reglas? ¿Se olvidará de lo que vio? Cuando Jude lo sorprende y lo acusa de violar las reglas de Hopendath, descubre que no quiere hacerlo. Esa chica verde, es el sueño de aquel chico rojo. Pamela Stupia (Buenos Aires, 1983) es periodista. Su primera saga la impulsó en el mundo literario y rápidamente se convirtió en un éxito de ventas. Con sus libros Starlie y Zoe, de la saga Amistades imperfectas (Planeta, 2019), y con Pegaso rosado, el spin-off de uno de los personajes más entrañables de 14/7 (Planeta, 2019), siguió conmoviendo a su público lector y demostró que es una escritora de lo más versátil que llegó para quedarse. Vive en Buenos Aires con su novio, su tortuga y sus dos amados perros. Hopendath es su nueva trilogía puramente fantástica, y en ella combina personajes excepcionales, magia, rebeliones y romances de una manera tan admirable como peculiar.

 

 

 

POR PAMELA STUPIA

 

 

Capítulo 1

Astor

Resulta agotador sentir que debo llenar ese espacio vacío. Es una tortura cumplir con las expectativas: ser como Ray, actuar como él, sentir como él. Incluso dos años después sigue siendo complejo. A veces creo que tengo que hacerlo, que es mi obligación, que, si Ray ya no está, entonces, debo resignarme a hacer el trabajo de los dos.
Me presiono a contener a mi familia, a ser el recuerdo de Ray para todo el mundo. Me perturba tener esa carga que implica ser, incluso, su reemplazo cuando camino por las calles de mi región. Él siempre fue querido entre los rojos, mientras yo era el “mal ejemplo”. Claro, hasta que él dejó de existir y yo me transformé en su sustituto.
Necesito dejar de hacerlo, no quiero actuar como si Astor hubiese desaparecido con él. Nunca quise ser como Ray porque siempre sentí que había un abismo entre los dos. Sí, también existe un abismo entre hermanos gemelos: somos personas diferentes, tenemos sentimientos propios, ideas propias… vida propia. Parece que soy el único que entiende eso.
Pienso en ello y lo analizo cada día de mi vida. No hay uno en que no reflexione acerca de mi maldita realidad, pero hoy… especialmente en este momento, se siente diferente. Miro mi reloj (obviamente, rojo) y todo indica que acaba de comenzar mi día. No recuerdo haber festejado un cumpleaños desde que Ray no está. ¿Quién va a festejar cuando este día también les recuerda a él? Dos años después nadie lo superó y lo cierto es que yo tampoco lo hice. Por eso, hoy quiero cambiar las cosas. Necesito tomar las riendas de mi vida, incluso si eso implica hacer algo ridículo.
Cumplir diecisiete años me genera cierta adrenalina y no de la buena. Significa crecer y eso siempre es positivo, porque implica poder decidir algunas cosas por mí mismo, sin embargo, en Hopendath no hay mucho para elegir. Las reglas están claras y son inquebrantables. ¿En verdad lo son?
Me gusta disfrutar del silencio de la noche, así que me quito la camisa y me siento sobre el marco de la ventana de mi cuarto. La región roja es… intensa, básicamente, porque los rojos lo somos. Lo dice aquel antiguo libro de Hopendath: “La región roja estará poblada de honrados habitantes. Apasionados, valientes y fuertes”.
¿Lo es? ¿O se trata de otra de las nefastas reglas impuestas por la corte de Hopendath? Tengo algunas dudas acerca de mi valentía, pero sí… si una palabra me define es: apasionado. “Ray era más valiente”, pienso en voz alta y me molesta hacerlo. Me resulta imposible no traer a mi hermano gemelo a mi cabeza, y peor aún, en el día de nuestro cumpleaños. Resoplo. Sé lo que quiero hacer y siento que estoy demorando.
¿Acaso nací en la región roja sin esa cuota de valentía que debía tener como legado? Me dirijo al baño, intentando hacer el menor ruido posible. ¿Todo tiene que ser rojo? ¿Será así en todas las regiones? Las paredes, por fuera y por dentro de la casa, son rojas. Todo es rojo. Los muebles, la decoración… la vida, en la región roja, es roja. Es agotador, pero no entiendo qué es lo que me fastidia.
Jamás viví en otro lugar, mi mundo siempre fue rojo y aunque conozco la existencia de otras regiones, no tengo claro si realmente son diferentes. Hasta este momento, en concreto, no lo sé. Me miro en el espejo. Mi piel es blanca, casi transparente. No es ninguna característica propia, nadie las tiene en la región roja. Tenemos rasgos compartidos: la piel extremadamente blanca y fina, el cabello rojo, el cuerpo delgado. Yo nunca me sentí igual al resto. No soy tan valiente, pero podría asegurar que soy el más apasionado de todos. Al menos lo soy con las chicas. Tal vez, el hecho de saber que soy mejor que Ray en ese aspecto me haya impulsado a profundizarlo, a intentar mejorar. Conocía a Ray más que a nadie en Hopendath, pero nunca supe cómo era con las chicas en su momento íntimo. Lo supe por ellas, claro… que hicieron correr el bendito rumor de que yo era el mejor rojo para tener sexo. Bueno, algo bien tenía que hacer. Y ciertamente, no había sufrido demasiado entrenándome con cada chica que se cruzara en mi camino. Suena insensible, lo sé, pero ninguna llegó a mi corazón. Tal vez no buscaban eso en el chico que ofrece el mejor sexo de la región. Está bien, en realidad no necesito una novia. En eso también siempre fuimos diferentes. Ray era un romántico. Yo nunca me sentí impulsado a ser así.
No puedo creer que ya tenga diecisiete años. Mi cuerpo luce bien frente al espejo, aunque podría tener brazos más anchos; en general, los rojos somos delgados. Yo salgo un poco de ese esquema porque siempre me gustó tener algo de masa muscular. Soy delgado, pero tengo los músculos un poco más desarrollados. Eso vuelve locas a las chicas, también. Mis músculos y yo, es todo lo que quieren.
¿Por qué negarse? Nunca privaría a una chica de la felicidad. Yo sé lo que es no ser feliz… hace años lo sé. Me refresco el rostro con un poco de agua. Voy a hacerlo y puede ser el peor error de mi vida. Es probable que mi familia me termine de odiar por completo. Todos lo harán, salvo Lisa… que sé que va a apoyarme cuando lo sepa. Creo que ella es la única persona que rescato de esta maldita región en la que me tocó nacer. Abro la puerta (roja) para quedarme tranquilo de que mis padres continúan durmiendo en su cuarto (rojo), sobre su cama (roja) con sábanas (rojas). ¡Qué horror! ¡Me ahoga lo metódica que es esta región! Me pregunto si todas serán así. ¿Será la región naranja completamente naranja y la amarilla totalmente amarilla? ¿Acaso nadie se pregunta estas cosas?
Eso es lo que odio de Hopendath, nadie va más allá de aquel antiguo libro que respeto, pero que siento que me corta las piernas. Que no me deja avanzar. Ese pensamiento me impulsa a sentirme más decidido que nunca. Tomo el líquido extraño, lo mezclo con el polvo que me aseguró aquel hombre que serviría para hacer lo que deseo y suspiro, antes de embeber con él todo mi cabello rojo. Pueden matarme por esto. Y está bien, lo acepto. Tampoco es que tengo muchas cosas por lograr en Hopendath. Solo se trata de ir tras las reglas, de vivir mi vida en base a un patético libro que seguramente escribió algún desquiciado al que solo le importaban los otros, los que están más allá de las nubes, más allá del arcoíris. Los únicos relevantes en esta historia. Por un instante creo arrepentirme. Es la primera vez que rompo una regla de Hopendath y no sé si alguien lo hizo alguna vez.
Se supone que en la región roja somos valientes y apasionados, pero nadie fue lo suficientemente valiente ni apasionado como para ir contra el destino de llevar el cabello del color de la región. Así nacemos, lo entiendo, pero… ¿por qué no alterarlo? Sé que es una de las cinco reglas de Hopendath, pero… ¡tampoco es tan importante! Me aburre tener el cabello igual que los demás. Ya bastante me frustra ser el reemplazo de Ray como para sentirme uno más.
Suspiro. Sé que tengo que esperar unos minutos, pero estoy demasiado impaciente. ¿Si me queda mal? Me río. Tendré millones de defectos, pero ninguno de ellos pasa por mi físico. Estoy bien, siempre estuve bien. Sonrío mientras me observo en el espejo. Mis ojos verdes brillan más que nunca. Estoy emocionado. Wow, tal vez sí soy valiente. Me quito los pantalones solo para pasar el rato y me vuelvo una vez más hacia el espejo. Eso es lo que ven las chicas cuando mueren por mí. ¿Les seguiré gustando ahora? ¿O acaso no tener la región anclada en mi cabello me hará ver como una especie de demonio? Seguramente esto solo genere que me deseen más. ¿Los violetas tendrán el cabello violeta?, me pregunto, mientras abro el grifo (rojo) de la bañera (roja) y me recluyo bajo el agua. El menjunje de mi pelo se tiñó de rojo, lo veo en los restos que caen en la bañera. Deseo que haya funcionado. Lo necesito más que nada en el mundo. Estoy ansioso, inquieto… no quiero demorar demasiado, pero tengo un poco de miedo. Soy el rojo más patético de Hopendath. ¡Por Dios!
Salgo de la bañera y pienso en Lisa, va a morirse de risa cuando le cuente. Mi hermosa Lisa siempre va a ser mi única cómplice en Hopendath, la única en la que puedo confiar. Me seco rápidamente cada rincón de mi cuerpo desnudo, que hace solo unas horas perteneció a Ginger. Me frustra recordar lo que pasó. Tuvimos sexo en varias oportunidades y podría asegurar que, de todas las chicas de Hopendath, Ginger es mi favorita. Es linda, inteligente, apasionada (pero todas las rojas lo son) y nos entendemos bien, aunque solo sea en la cama. Es un avance. Yo no me entiendo con nadie. En ningún aspecto de la vida. Esta tarde fui a su casa, sabía lo que iba a hacer esta noche y necesitaba relajarme. Ir a casa de Ginger significa algo así como: “Hola, ¿cómo estás? Tengamos sexo”. No hay demasiadas vueltas, o al menos no las había, hasta hoy. ¿Justamente hoy tenía que pasar? A veces pareciera que todo lo que sucede busca perturbarme. “Te amo”, me dijo en medio del mejor momento. No hubo chance de seguir después de eso. Me vestí en tiempo récord y me fui. La dejé allí, en su cama… con los ojos llenos de lágrimas. No estoy orgulloso de lo que hice, pero no lo esperaba. Si hay algo que las chicas saben en Hopendath es que no quiero ningún tipo de compromiso. Es simple: no me interesa compartir la vida con nadie y tampoco me interesa.
acostarme solo con una chica. Necesito variedad. Suena frío, ya lo sé. Pero aún nadie me generó ganas de abandonarlo todo, todavía necesito divertirme. Ya tendré que resignarme cuando sea tiempo de cumplir la peor regla de Hopendath… Dejo de pensar en Ginger y seco mi pelo sin mirarme al espejo. No sé si aún hay restos del menjunje en mi cabello porque… ¡adivinen!: la toalla también es de color rojo. ¿Acaso nadie se da cuenta de que esto es ridículo? Hopendath es ridículo. Que Ginger me ame es ridículo. Que yo haya pensado desde que lo dijo en que tal vez ella es mi mejor opción es ridículo. Yo también quiero amar a alguien… ¿Por qué todo se trata de conformarse en este lugar? Cuento hasta tres y espío mi reflejo en el espejo. No puedo creer que haya funcionado y no puedo creer que me haya animado. Sigo siendo Astor, sigo siendo apuesto, pero mis ojos ahora se ven más verdes que nunca. Un poco por el brillo generado por la emoción de haber quebrantado una regla de Hopendath y otro porque mi pelo ahora es completamente blanco. Me gusta. Se siente bien verse diferente al resto. Vuelvo a mi cuarto y rebusco en mi placar en busca de algo “neutral”. No sé cómo se visten en las otras regiones, pero por si acaso, decidí no vestirme como solemos hacerlo aquí. No más camisa blanca, me pongo una camiseta negra y mis jeans azules preferidos. Tengo piernas largas y musculosas. Opto por zapatillas de lona rojas (no tengo otras, perdón) y sacudo mi cabello, que es lacio y lo suelo llevar un tanto desparejo. A las chicas les gusta tomarme de él mientras mueren de placer, así que intento mantenerlo corto, pero con unos centímetros suficientes como para que tengan de dónde agarrar. Es solo por su bien. No me gustaría que no pudieran desahogarse.
Tomo una sudadera roja, pero me arrepiento casi al instante, rebusco en el placar y no encuentro nada. No puedo salir con una sudadera roja. Definitivamente no. Así que hago algo que nunca hice. Voy hacia el cuarto de Ray, que aún está igual que la última vez que él estuvo allí, rebusco en su placar y me sorprendo al encontrar una sudadera negra. ¡Justo lo que necesitaba! Me la pongo y escondo mi cabello blanco debajo de la capucha. Mis ojos resaltan. Ese sí que es un rasgo exclusivo, nadie tiene mis ojos en la región roja. Siento que voy a salir y las chicas van a morir a mi paso. En sentido literal. Las conozco y son predecibles, les gusta lo misterioso, lo diferente… y, principalmente, yo les gusto.

Posteos Relacionados