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Filosofía a martillazos – Tomo 2, de Darío Sztajnszrajber

 

Filosofía a martillazos – Tomo 2 (Paidós) es el último ensayo de Darío Sztajnszrajber y ya es un éxito de ventas. Demoler conceptos para construir un nuevo pensamiento: ¿puede la filosofía dar respuestas a los problemas de la actualidad? ¿Puede enseñarnos a pensar en la muerte al margen de nuestra angustia existencial? ¿Una perspectiva filosófica nos ayuda a ver al otro como tal? ¿Cómo pensar en el poder cuando, en realidad, el poder nos atraviesa? ¿Qué se revela cuando la filosofía cuestiona la linealidad del tiempo? Este segundo tomo de Filosofía a martillazos reúne las clases abiertas que Sztajnszrajber ofreció ante un enorme público de distintas edades, orígenes y formaciones, como una introducción a estos temas y, a la vez, como un diálogo con grandes pensadores.

 

 

 

POR DARÍO SZTAJNSZRAJBER

 

 

Clase 1. Lo contemporáneo

Bienvenidos a este curso que hemos llamado Filosofía de lo contemporáneo. Estamos muy felices de saber que la mayoría de nuestras clases que venimos dando hace años en la Facultad Libre de Rosario circulan por todas partes del mundo a través de YouTube. Nos han escrito de lugares reconocidos y de otros insólitos, como Mongolia, por ejemplo (alguien que habla español, obvio). Son muchas las personas que se comunicaron con nosotros por las redes desde lugares mal llamados exóticos, pero muy alejados de aquí, que encuentran en estas clases un espacio para aferrarse a algo propio, sobre todo aquellos que tienen como lengua materna el español.
¡Qué cosa esto de que la primera patria sea la lengua! Como decía Hannah Arendt, «puedo dejar todo menos la lengua». De alguna manera uno lleva su lengua por todos lados, y por eso lleva también su forma de pensar.
Lo novedoso, lo contemporáneo, es que hoy la tecnología permite estar en contacto constante con esta familiaridad originaria. Y no es casual que en este curso haya una clase sobre la tecnología. No es casual que en un curso de filosofía de lo contemporáneo se hable de la tecnología.
Nada es casual. Y eso es un poco lo que quiero trabajar hoy con ustedes.
Este curso tiene como particularidad que, a diferencia de los cursos de otros años donde nos concentramos en autores o en frases o en libros, en esta oportunidad decidimos encarar temas de actualidad. Y a mí me da, como siempre, cierto resquemor, cierto miedito, aplicar filosofía a la actualidad. Hay una situación de origen conflictiva al respecto, y es que la filosofía parecería tener que ver con algo ancestral —como mínimo— y universal —como máximo—, mientras que la actualidad parecería quedarse entonces afuera de un tratamiento filosófico.
¿Cómo se aplica la filosofía a la actualidad? ¿Cómo se aplica todo un bagaje de conocimiento, una cantidad de textos y de sistemas de ideas cuyo objetivo siempre parece haber sido el hallazgo de las estructuras fundamentales de lo real, sobre algo mucho más efímero como el transitorio, provisorio y cambiante hoy?
Una actualidad que, en realidad, cuando uno empieza a hacer una taxonomía de cuáles son los problemas más acuciantes, tampoco sabe por dónde empezar o cómo caracterizarla. ¿De qué estamos hablando cuando nos preguntamos sobre hacer filosofía de la actualidad? ¿Cuáles temas tiene que tratar la filosofía? ¿Temas más políticos, temas de espectáculos, temas científicos, el resultado de un partido de fútbol, el último affair de alguna estrella de la televisión, de las redes sociales? ¿Tendría que tratar el último affaire de algún personaje del mundo del espectáculo, por ejemplo? ¿Eso sería hacer filosofía de la actualidad? ¿O tendría que hablar del aborto? ¿O de ambos temas? ¿O debería concentrarse en hablar del presidente de turno?
Esta clase está dedicada a pensar lo contemporáneo porque es un curso de filosofía de lo contemporáneo, pero ¿qué significa, en este contexto, pensar lo contemporáneo? Y por eso, ¿qué significa lo contemporáneo? También es una pregunta filosófica obligada: ¿qué es la actualidad? ¿Cuándo empieza y cuándo termina? ¿Y de qué manera un pensamiento filosófico puede darse a la tarea de pensar la actualidad? Y les elevo la apuesta: ¿se puede pensar la actualidad? ¿O la actualidad se nos está siempre yendo, en algún punto? ¿No sucede que, siempre que la intentamos pensar, la actualidad ya mutó, ya se transformó, ya se fue para otro lado? ¿No es todo pensamiento, por ello, pensamiento del pasado? Aunque sea del pasado más reciente. ¿Qué es el presente que queremos entender?
Además, habiendo tanta cantidad de situaciones que se presentan en el presente, ¿cómo hacemos para listar los temas de actualidad que deberían ser importantes? O, mejor dicho: ¿qué es lo que importa? ¿Quién decide lo que importa? ¿Por qué es importante discutir un nuevo caso de un nuevo personaje del mundo del espectáculo? ¿Por qué es importante discutir la gestión del director técnico de la Selección Nacional de fútbol? ¿Por qué es importante discutir el aborto? Digo: ¿dónde se genera ese corte que define lo importante, lo problematizable, y lo que no? Si hay algo que aprendí haciendo filosofía es que, cuando alguien te dice que hay un problema, ahí no hay un problema. Y que lo más rico de la filosofía es cuando se dedica a problematizar aquellos espacios donde se nos dice que no hace falta problematizar. Cuanto más se nos dice que algo no tiene sentido de ser problematizado, ahí es donde más la filosofía tiene que pegar el mordisco.
Richard Rorty, filósofo norteamericano, decía algo así como que hacer filosofía es rascarse donde no pica. En realidad lo decía para pelearse contra una filosofía que desatendía pragmáticamente los problemas políticos concretos y puntuales. Más democracia, pedía Rorty, y menos filosofía. A mí siempre me pareció buenísima la frase, sobre todo para reconvertirla sobre su opuesto: eso que todos ven como una deficiencia puede resultar un desplazamiento que nos coloque en otra traza de sentido. En especial cuando le vomitamos la frase a alguien que viene extrañadamente a tratar de comprender para qué sirve hacer filosofía. Entonces, te preguntan:
—Pero… ¿qué hacen los filósofos?
Y uno contesta:
—Nos rascamos donde no pica.

 

 

 

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