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Donde no hago pie

Donde no hago pie de Belén López Peiró (LUMEN) es una crónica del duro proceso que sigue a la denuncia de un abuso familiar y que implica enfrentar los prejuicios de la sociedad y los obstáculos de la justicia.

 

 

«Contemporáneo en su estilo breve y fragmentario -donde se cruzan diario, imágenes, géneros y lenguajes diversos-, esta novela lírica y vertiginosa revoluciona la no ficción en sus formas y temas».
Gabriela Cabezón Cámara

Después de un año sin noticias, una llamada desde la Fiscalía anuncia que, finalmente, la denuncia por abuso sexual ha sido elevada a juicio. Esa mañana invernal comienza para la narradora otro duro proceso: encontrar representación legal, entender las lógicas burocráticas de la Justicia, tejer redes de apoyo para afrontar la causa contra su tío, un comisario poderoso, y juntar coraje para reabrir un expediente que lleva al pasado familiar.

Sin demagogias, Belén López Peiró revisa los contornos difusos de los recuerdos; ensaya respuestas al agobio de audiencias humillantes e indaga en los laberintos de los juicios por jurado.

Donde no hago pie profundiza el proyecto literario de Por qué volvías cada verano, antecedente clave de miles de denuncias anónimas y otras de enorme repercusión mediática. Con un ritmo avasallante, esta crónica encuentra las palabras para transformar en acción política un delito que pretendía permanecer secreto.

 

 

POR BELÉN LÓPEZ PEIRÓ

 

JUICIO
1
Estimada, elevaron la causa a juicio.

10:57

Después de más de un año sin novedades del expediente, recibo su mensaje. Jorge es para mí la cara de la Fiscalía que llevó adelante toda la investigación. Me recibió el primer día, tomó declaraciones a los testigos, envió las notificaciones, programó las pericias y respondió todas mis dudas sobre el proceso; solucionaba lo más urgente por teléfono para no hacerme viajar los 180 kilómetros hasta el pueblo y a veces llamaba a mi mamá para no molestarme.

Una vez, enojada, le pedí a Jorge que se comunicara directo conmigo, sin intermediarios, y le dije a mi mamá que podía sola con la causa. Lo habían hecho para cuidarme, respondieron los dos. Igual seguían en contacto y eso me aliviaba: aunque no le contara nada, mamá sabía lo que pasaba.

2
Salgo al patio para llamarlo. Su tono de voz es alegre. FISCAL pidió catorce años y nueve meses de prisión y la detención inmediata de ACUSADO. Como hay un solo Tribunal Oral en funciones, la fecha del juicio demoraría un par de meses.

—Te mantengo al tanto y te aviso si la defensa pide un juicio abreviado.

3
Me da vergüenza hacerle tantas preguntas. Ni bien cuelga, gugleo:

Es una alternativa más rápida. El acusado se reconoce culpable de antemano pero negocia una pena menor. Incluso puede quedar en libertad.

4
El patio da a una calle peatonal poco transitada de Parque Patricios. Adentro, mis compañeros trabajan frente a sus computadoras. Me veo en uno de los ventanales de vidrio: el pelo largo y un suéter blanco de lana de mamá que uso cuando me canso de mí misma. ¿Quiero ir hasta el final? No necesito definirlo hoy, 23 de junio de 2018. Detrás de mí, se escabulle un gato negro. Camino unos pasos hacia las rejas y el gato rodea mis piernas con cautela. Me agacho para acariciarlo, salta a una gran maceta de cemento, se acuesta bajo un rayo de sol y cierra sus ojos verdes.

5
Llamo a mi abogado después de bastante tiempo. Acordamos que ni bien llegue la notificación acompañará el pedido de elevación y detención de FISCAL. Pido permiso en el trabajo, agarro mis cosas y me voy a casa. Esa tarde falto a la facultad. Tampoco me presento cinco días después a rendir el último examen de la carrera.

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