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Tapas de libros singulares – Parte II

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Tras una primera entrega del informe sobre tapas peculiares y su significado, revisitamos más tapas antológicas. El diseño cuidado, estudiado se nutre del texto y los resultados son extraordinarios.

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POR OMAR GENOVESE

 

El título original en nuestra lengua: El apando. Significa el hoyo, la tumba, la celda de castigo en la cárcel. El escritor mexicano José Revueltas frecuentó la prisión por sus ideales y acciones políticas. Esta obra trata sobre la exclusión, el odio y el resentimiento, de cómo los hombres se convierten el despojo humano de las sociedades, ocultos donde la ley ya no está escrita. Ese pizarrón negro, o pared tiznada por un incendio, la inscripción manuscrita del círculo, letras, todo en tiza, sobre otras inscripciones, dan cuenta de la fugacidad de la existencia (cierto temblor en el pulso también sugiere el cansancio, la debilidad por hambre, o la enfermedad), de la fragilidad del tiempo carcelario. El círculo es el encierro en el encierro, el castigo en el castigo, lo injusto en lo injusto. Revueltas, además, hizo honor a su nombre, y esta tapa consigna su preocupación por los marginados de la historia. Una novela en la misma línea es El Sexto del escritor peruano José María Arguedas, en ella retrata su experiencia como preso político así como la vida de los reclusos comunes en la cárcel de Lima.

 

 

La negrura aquí es el ambiente que sume a la mujer en una caminata interminable hacia el escarnio. Con la simbología derivada de la serie cinematográfica (al menos en su primera temporada, el trabajo con el encuadre pictórico supera ampliamente el marco televisivo), el peso en los hombros, el embarazo incipiente, el sombrero hacia abajo, sugieren que el destino es el cadalso, no sin antes convertirse en un objeto anónimo, ya ni humano. El punto blanco por delante de la figura es inquietante: coloca el fin de la mirada, dónde la sumisa debe dejar el propio pensamiento, no más allá de dicho punto. La contratapa juega con esa clave: la cerradura muestra el rojo de la sangre, a la vez que es la mujer de frente, observando enardecida la mirada hacia un punto de fuga o rebeldía. En la contratapa hay expectativa, paciencia, la mujer toma impulso ya para quitarse la vida o para sembrar la rebelión definitiva. “Nolite te bastardes carborundorum”, es la inscripción como mensaje que deja la predecesora de la protagonista a quien sabe irá en su lugar. Advierte del destino trágico, advierte: “No dejes que estos bastardos te hagan polvo”, o “te destruyan”. Nolite te viene del latín, bastardes es la latinización forzada de bastards en inglés, carborundorum es el nombre industrial de una silicona derivada del carbón, también en inglés. La frase, refiere Atwood, era un chiste entre sus compañeros de escuela ante la clase de latín. Hoy ya es símbolo de la lucha feminista y muchas personas se la han tatuado.

 

 

Una serie de cuentos cortos sobre un futuro norteamericano tecnológico y agobiante, las corporaciones y el estado eliminan la privacidad, todo se convierte en un pequeño infierno atenuado hasta en los más mínimos detalles. Hasta existe una droga de la simpatía, una forma de niebla que facilita la dominación. Estas “Notas sobre la niebla” se representan en ese tubo que remite a las válvulas de los viejos equipos de televisión y audio, pero en su interior se fija la humedad de esa niebla, y el rastro de las gotas sugieren que la temperatura de la luz del tubo fluorescente produce dicho goteo. En su oposición la  misma luz opacada por una superficie que la deforma. Fuente y reflejo, el sujeto no aparece más que en la mirada del lector: en la oscuridad de ese cuarto, la caja donde apoya el tubo remite a una entrega, a un paquete que puede ser una bomba o medicamentos. Tal vez la idea fue encerrar la angustia ante la impotencia de no poder escapar del encierro.

 

 

Alberto Manguel reflexiona sobre las bibliotecas a partir de la suya propia en este libro publicado por la Universidad de Yale a principios de 2018. Desde la selección y mudanza de sus libros de Francia a Nueva York, donde hoy reside, las anécdotas, recuerdos y especulaciones rondan al pacto de lectura que el hombre realiza para toda la vida. El fondo negro, en este caso, es el de la intimidad. Leer es un acto íntimo, y la mano sostiene ese libro con forma de libreta, lo mínimo en lo mínimo, casi objeto tan preciado que podemos llevarlo a todos lados con nosotros, como la memoria. También el libro tiene la actitud de la mariposa, descansando confiado, suponiendo que la mano no le hará nada, cuando la historia humana desmiente. Las bibliotecas públicas y privadas, siempre fueron profanadas por actos violentos de los hombres. Ese riesgo sigue, como una mancha infame.

 

 

Esta novela es una distopía muy cercana, refiere al Reino Unido post Brexit. Un país encerrado en sí mismo, donde la tecnología domina el lenguaje, las relaciones humanas ceden ante las redes sociales que predominan convertidas en materia de explotación corporativa. La visión del autor no está exenta de humor e ironía. Más allá de su trama, la tapa es un franco homenaje a La Torre de Babel (1563) del pintor Pieter Brueghel el Viejo. A diferencia de la pintura original que recrea la escena del Génesis, donde Yahvé confundió la lengua de los hombres por su audacia en construir una torre para llegar al cielo divino, aquí se confunden los distintos estilos arquitectónicos de Londres como atracción turística tradicional, especie de aquelarre de la explosión inmobiliaria de todos estos años. La construcción romana en la base es también la base cultural sobre la que la corrupción y la legislación, a través del derecho romano, se desganan para que todo ocurra. Se observan carteles con frases políticas, pero en el sentido publicitario, siempre en pro de un negocio que será para pocos. Sin dudarlo, podemos apreciar que el arte de tapa aquí se ha consagrado, mientras los hombres aparecen como pequeños insectos el lector tiene una visión crítica de su posición como público. Tal vez estamos frente a la mejor tapa de 2018, que va de lo clásico a la sorna despiadada, como lo hiciera Brueghel mismo…

 

 

El elefante es una excusa en uno de los 17 cuentos en esta recopilación editorial de Murakami. Se perdió el elefante, desapareció. ¿Dónde se ubica? En el ángulo mismo donde comienza la lectura del ideograma japonés pero invertido. Existe un espejo ahí, oculto, en el fondo negro. Los fondos negros aparecen como una forma de introducir el desconcierto. En este caso las líneas van en el sentido de la lectura occidental del lector que es destinatario: el elefante emite sus probabilidades de éxito, que es permanecer desaparecido. Un elefante feliz, fuera del zoológico, fuera de toda mirada capaz de hacerlo objeto de retrato o ejemplo naturalista. Existen ciertos símbolos enmarcados en un círculo, están en las líneas de fuga, existe ahí el código del futuro, un juego de idiomas ocultos. El elefante irradia certezas, también incertidumbres. Es un elefante que avanza hacia nuestra inquietud. De su furia nada se dice y le sobran razones, allá en el oriente no tan lejano donde se lo explota como bestia.

 

 

Síntesis y significado. Esta tapa contiene el símbolo de la recurrencia humana a cometer un mismo error. No es una roca, un obstáculo insalvable, sino la dificultad de tropezar, y no una, sino dos veces. La sombra debajo de ella la coloca en un piso, en el medio de la geometría, en el medio del paso y de la mirada. De dónde vendrá el caminante es un misterio, más incierto qué le ocurrirá. La autora de esta novela es hija de inmigrantes turcos en Estados Unidos, y el personaje es una joven que inicia sus estudios de literatura en Harvard, se enamora, viaja, y poco a poco toma conciencia de su ineludible destino de escritora. Tal vez la piedra toma otro sentido más, que pese a tropezar con la dificultad la voluntad humana puede consumar el propio destino. La tapa también es un homenaje a El Idiota de Fiódor Dostoyevski, escrita hace más de 150 años, no así a El idiota de la familia de Jean Paul Sartre.

 

 

La guerra de los mundos y El hombre invisible fueron dos novelas fundamentales en el género de ciencia ficción. La lectura teatral en radio de la primera, realizada por Orson Welles en 1938, produjo una conmoción en todo Estados Unidos: los oyentes creyeron que los extraterrestres invadían la tierra. Pero ambas tapas refieren a las versiones cinematográficas de las novelas, al recuerdo que el lector tiene del rayo destructor y de la figura que se desvanece, o que es invisible. Aquí el blanco y el negro obran como contrastes de un efecto. En el caso del rayo, el negro invade la letra blanca, la castiga. En la otra, la tipografía se hace gris y adquiere el volumen de la figura invisible, le da entidad siniestra. Las dos portan el misterio de lo desconocido, ya como amenaza tangible o invisible.

 

 

Una tormenta en la nieve, en la alta montaña. Un mito que perduró y es una leyenda de los medios de comunicación, que a su vez expone la influencia que ejercen remitiendo a los temores más primitivos de las personas. Este gigante es inaprensible, y entre el viento y la nevada, sus pelos atraviesan la mirada en el sentido de la lectura, pero su posibilidad de existencia asoma en la última letra, sale de la forma de manera amenazante. El efecto es muy realista pero más porque recurre a la dimensión de esa monstruosidad: de tan inabarcable solamente podemos acceder a una fracción. Ese pelaje indica que está en movimiento, en fuga, que la instantánea es tan rápida por la urgencia. Entonces no sabemos qué pasará si abrimos el libro, si allí el monstruo viene hacia nosotros o huye atemorizado. Este libro, además, expone la historicidad contemporánea de ciertas mentiras cuyos efectos generan sombras sobre el conocimiento, también narra otros casos marcados por las deformidades físicas o la explotación circense.

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