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Shakespeare’s in dajaus

Si dijéramos que Shakespeare podría ser un artista hip hop, o que muchos de los nombres más importantes del hip hop podrían haber sido un Shakespeare, ¿lo creerías? Pues bien, algo de eso hay, pero la realidad nos marca un escenario aún mejor: una relación íntima y profunda que se burla del tiempo, de los prejuicios y nos pone a prueba de la poesía.

POR BÁRBARA PISTOIA

 

Una intro al género

El hip hop es un movimiento que comienza a palpitarse comenzando los 70 y es, como cada escenario cultural, y como de manera contundente lo es la ruta de la música afroamericana, un efecto ineludible de su tiempo. Podemos jugar con una línea de tiempo imaginaria en la que proyectaremos el encadenamiento de los géneros de la siguiente manera: “góspel > blues >soul> jazz/free jazz > funk > hip hop”, y de ahí, si miráramos desde las circunstancias en las cuales surgieron, podríamos terminar en esta otra línea de tiempo: “esclavitud > criminalización > segregación racial > movimientos de derechos civiles > partidos revolucionarios > la guerra contra las drogas/pandillas”.  

Afrika Bambaataa, uno de los pioneros, y quien le puso el nombre de hip hop a ese escenario que venía emergiendo, tomando como referencia el latiguillo “hip hip” que usaba el MC (maestro de ceremonias) Lovebug Starski, fundó para finales de 1973, inspirado por todo el arco negro político, poético y musical que agitaba las calles, lo que hoy se conoce como Universal Zulu Nation. En aquellos años, con un Bronx que vivía entre llamas y ruinas, ese fue el espacio donde las pandillas se encontraron para organizarse y salir de un circuito de violencia, drogas y peleas territoriales que terminaba siendo funcional a las políticas de persecución que se ejercían sobre los afroamericanos y latinos, cayendo potencialmente sobre sus juventudes y empujándolos, de una manera o de otra, a matarse entre ellos o a ser encarcelarlos masiva y brutalmente. En busca de una alternativa concreta que pare con esa rueda mortal, la convocatoria de Zulu Nation invitaba a trasladar la energía destructiva de la calle hacia una búsqueda creativa que les permitiera vincularse diferente. No pasó mucho tiempo para que se encontraran y fusionasen los cinco elementos básicos y claves que componen al movimiento hip hop (y que marcan la diferencia con lo que es el rap, que aparece, en todo caso, a través de uno de estos elementos): el DJ, los b-boys/girls (los chicos y chicas que bailan al ritmo de los breaks, esencia de la música hiphopera), los MC, los grafiteros o “poetas del aerosol” y, en palabras de Afrika, “el Conocimiento, el quinto elemento esencial que lo mantiene todo unido”.

 

 

Un par de años antes, en 1971, también en el Bronx, ya se había hecho una tregua entre pandillas y la base de aquella tregua que es la que toma Zulu Nation como base. A partir de aquel momento ya no habría peleas físicas, sino que se darían en un marco competitivo, trasladándose y concentrándose en las pistas de las fiestas y en una nueva apropiación de los espacios públicos. Esto, con el tiempo, se fue convirtiendo en batallas de baile y de DJs. También se sumaría el poder de la palabra y empezaría a componerse la figura del MC, el recitado/flow/rapeo sería otra instancia/arma/herramienta más para el enfrentamiento. Todo esto, finalmente, renovó el aire y la expectativa dentro de un barrio atormentado en la marginalidad y la tragedia constante. Al hip hop, que nació popular, le llevó más de una década ser un género masivo, unos años más su globalización y otros muchos, pero muchos más, ser aceptado y respetado, y aunque hoy sigue generando confusiones, reclamos y repudios, básicamente sostenidos por la estigmatización, podemos decir que finalmente se le reconoce el alto valor social y cultural, no solo alrededor del mundo, sino también desde los sectores académicos y eruditos menos pensados. El hip hop es un movimiento vivo en su realismo, sostenido en el contar historias que surgen desde diferentes instancias de abuso de poder, donde la convivencia con la fatalidad parece inevitable, y la ambición de belleza aparece como un bálsamo que se defiende sabiendo que esa será la gran herencia.

Si nos paramos específicamente en el MC, vemos que el flow y el vocabulario son dos características importantes para que lo coronen o lo hundan, y esta puede ser una explicación casi técnica de por qué William Shakespeare aparece como una gran influencia, referencia e inspiración entre los artistas de hip hop. Pero también hay otras condiciones que hacen a esta relación íntima y mucho más leal y enraizada de lo que se puedan imaginar a simple vista, o a simple y aleatoria escucha.

 

Tupac como Shakespeare.

 

Shakespeare meets the flow

Veamos un top 5 de esas condiciones pensado desde el lugar de Shakespeare, que funciona perfecto ya sea como punto de encuentro con el hip hop, así como también siendo absolutamente aplicable al movimiento:

1) Los lectores contemporáneos al dramaturgo no lo preferían sobre el resto de los escritores más populares, como Christopher Marlowe o Ben Jonson. Lejos estuvo de ser considerado y valorado tal como lo fue a través del tiempo. Y, de hecho, en algunas anotaciones que conserva la Biblioteca Británica se puede ver cómo, por ejemplo, era juzgada Hamlet: “Un juego mediocre con versos comunes”, o su lírica en general contemplada bajo la vulgar idea de que mantenía los parámetros en un término medio.

2) En cambio, desde las anotaciones firmadas por el erudito de época y destacado escritor Gabriel Harvey, sí se puede confirmar que era muy popular entre la juventud como poeta. Y ya que hablamos de versos, imposible no nombrar su fórmula predilecta: el pentámetro yámbico, gran marcador de ritmo y de sustancialidad; gracias a su juego de acentuaciones se palpita una fricción. Su fortaleza, entonces, le permite prescindir de la rima clásica y burda porque se concentra en el sonido personalizado de las palabras. Y, ¿saben qué? Es la misma fórmula que adora el hip hop.

3) Se considera que el autor inglés inventó más de 1.700 palabras. Sin embargo, su lenguaje general es un lenguaje para nada pretencioso, lo cual le permitía establecer una comunicación directa y cercana a la gran mayoría. Acá, el investigador de datos Matt Daniels, hace un paralelo/inventario de palabras creadas por el dramaturgo y de los artistas de hip hop.

4) Las obras shakespereanas espantaron en más de una ocasión, contemporánea a él y a través de los siglos, a los puritanos y moralistas de siempre, quienes, claro, han levantado su voz exigiendo su prohibición. Stephen Marche en su libro Cómo Shakespeare lo cambió todo (Taurus, 2011) afirma que no hay otro autor más censurado que él en todos los tiempos. El hip hop acumula, y seguirá haciéndolo, varios momentos así a lo largo de su existencia, pero definitivamente tuvo un clímax de censura y persecución entre finales de los años 80 y a lo largo de los años 90 con el boom del gangsta rap: en los noticieros transmitían la quema de discos mientras los políticos discutían cómo lograr que se dejen de grabar y distribuir esta música. Como si lo que nace de las bases realmente pudiera ser imparable.

5) Lejos de la falsa ilusión moderna de la alta cultura y lejos, aún más, de la solemnidad de la lectura escolar, sus obras eran aplaudidas por las clases bajas y trabajadoras que gozaban de emborracharse entre los actos que miraban de pie. Acá el paralelo es directo.

 

The Hip-hop Shakespeare Company con el actor Sir Ian McKellen.

 

En el 2009, el rapero británico Akala fundó The Hip Hop Shakespeare Company. Desde ahí propone talleres, investigaciones, charlas y obras en donde se experimentan en profundidad los paralelos sociales, culturales y lingüísticos entre el hip hop y el escritor. Una de sus conferencias hit es la que propone a los asistentes que adivinen de quién es el verso que cita, si de Shakespeare o de alguno de los artistas más importantes del hip hop. Pocos aciertan, pero también poco importa: su trabajo logra que cientos de adolescentes se tiren de cabeza a lecturas que suelen rechazar sistemáticamente en su tiempo de estudiante, así como logra que otros conecten con el alma del movimiento y el sonido que viene dándole aire fresco a este mundo, y quizás, de otra manera, nunca se entregarían a escucharlo por prejuicios, aunque más no sea sonoro.

Becky Mossing, profesora de la Escuela de Artes de Baltimore, fue compañera de Tupac Shakur cuando ambos cursaron ahí su secundario, ella recuerda que “era magnético, podía discutir horas sobre King Lear y Hamlet, no se cansaba nunca”. La obra de Tupac está definitivamente tomada por el dramaturgo, y su vida también. Internet nos regala en una muy rápida búsqueda -combinada con ambos nombres- varias imágenes en donde figuran siendo una sola persona. “Nunca puedo cerrar los ojos cuando duermo. Me siento como un héroe trágico en una obra de Shakespeare”, le dijo al periodista Benjamin Svetkey en 1994. Tres años antes, en su disco debut, 2Pacalypse Now, citaba a Macbeth, “Something wicked, this way comes” (“algo malo está por suceder”), y en 1995, desde el disco Me Against the World, arrancaba “If I Die 2Nite” citando a Julio César: “A coward dies a thousand deaths. A soldier dies but once” (“Un cobarde muere mil muertes. Un soldado muere una vez”). Lejos están estas referencias de ser primera y última, no hay tema ni poema de Shakur en la que el dramaturgo y poeta no sobrevuele sobre sus rimas marcando una impronta con la que, aún en la recurrencia, siempre sorprendería hasta su último suspiro, recordándonos la agresividad de la belleza.

“Since they say love is blind, I’m the Ray Charles of rap” (“Ya que dicen que el amor es ciego, yo soy el Ray Charles del rap”) canta Big Daddy Kane en Very Special (1993) partiendo de la definición de amor que Shakespeare nos da en El mercader de Venecia. El rapero T.I toma el clásico “What’s done is done” (“Lo hecho, hecho está”) de Macbeth y lo acomoda en su I Still Luv You (2003). Redman leyó Julio César y nos lo hizo saber en Tonight’s Da Night (1992): “Remember, I do the type of evil that men do” («Recuerda, yo hago el tipo de mal que hacen los hombres»). LL Cool J apunta al clásico romántico en I Can Give You More (1985) y advierte “It’s not Romeo and Juliet, it’s me and you” (“No somos Romeo y Julieta, somos vos y yo”). Kendrick Lamar, como buen seguidor de las huellas de Shakur, también suelta varios guiños shakesperianos y homenajea a Otelo con esta cita en su tema i (2014): “Peace to fashion police, I wear my heart on my sleeve” (“Calma la policía de la moda, uso mi corazón en mi manga”).

¿Dijimos Otelo? Nasen Adam and Eve (2018) empieza con “The ghetto, Othello, the moor, oh my God, they speak venomous on the boy” (“El gueto, Otelo, el páramo, oh Dios mío, hablan mal del joven”). Para el décimo aniversario de su disco Illmatic (1994), disco que marcó el sonido y la profundidad poética de los 90 desde la Costa Este, en la versión remixada de It Ain’t Hard to Tell nos cuenta lo que muchos ya sabíamos desde la década anterior, ¡qué bueno que ahora él también lo tenía claro!, y nos presume “Now, I’m blessed with the finesse to express like Shakespeare” (“Ahora me encuentro bendecido con la delicadeza de expresarme como Shakespeare”).

Obra de Fernando Vicente.

 

Juguemos

Aunque podríamos seguir haciendo un random shakesperiano de acá a la eternidad, vamos a terminar adaptando bastante el juego de Akala a nuestra lectura digital. Así, entremezclando versos de uno y de otros. ¿Podrían ver, sin googlear, claro, donde acaba Shakespeare y dónde empieza el hip hop, o viceversa? Veamos:

“If he be dead, O no, it cannot be,

Seeing his beauty, thou shouldst strike at it:

O yes, it may; thou hast no eyes to see,

But hatefully at random dost thou hit.

Thy mark is feeble age, but thy false dart

Mistakes that aim and cleaves an infant’s heart.

Feel I need to take anothers life, so I peep

Checkin’ the scene but stayin’ low

So I’m not seen, case I gotta get away.

I must, like a whore, unpack my heart with words.

Foes who oppose get plucked like rose pedals

And for my sake hath learn’d to sport and dance,

To toy, to wanton, dally, smile and jest,

Scorning his churlish drum and ensign red,

Making my arms his field, his tent my bed.

Heart to my dying light, bullet to your rose”.

Pues bien, la cosa resulta así: los primeros seis versos son de Venus y Adonis, de Shakespeare; los siguientes tres llevan la firma de Eazy E en su Any Last Werdz; luego vemos un verso de Hamlet seguido con una línea de RZA para Bells of War (Wu Tang Clan); volvemos a Venus y Adonis en los siguientes cuatro, y el final lo corona God Is Fair, Sexy Nasty con Mac Miller y Kendrick Lamar en dupla.

Como ven, ambas partes gozan de una intimidad profunda, podríamos decir perfecta si es que creyéramos en algo así, pero me gusta más plasmar cómo tanto el hip hop y Shakespeare logran ese clímax en lo que comúnmente se ve imperfecto y sucio, en los márgenes de lo que tanto la idealización como el prejuicio cultural se pierde. Si pensamos verdaderamente que esta intimidad se construye en los desbordes de las incomodidades erógenas que trae consigo lo poético y su belleza, que nunca es inocente, por eso nos toca, no nos pueden quedar dudas lo inevitable y vital que es esta comunión.

Y menos podemos dudar de que a Shakespeare le encantaría, ¿acaso no fue él mismo quien desafió al futuro en La Tempestad diciendo“I’ll teach you how to flow” (“Te enseñaré cómo fluir”)?

 

 

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