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Sant Jordi: libros, rosas y enamorados (y firmas electrónicas)

 

El 23 de abril se celebra Sant Jordi en Cataluña: el Día del Libro y el Amor, todo en mayúsculas porque qué más importante. Así que en ESTACIÓN LIBRO les acercamos este informe donde hay dragones y enamorados pero no es Juego de Tronos, es el Día del Libro. Cómo afecta la pandemia y cómo firman los libros. ¡De locos!

 

 

 

 

 

Cuenta la leyenda que un caballero venció al dragón que atemorizaba al pueblo y a la princesa de ese reino atravesándolo con su poderosa espada. De esas heridas mortuorias infringidas por el noble Jordi (Jorge) brotaron hermosas rosas rojas y de ahí recogió una el propio Jordi y se la ofreció a la princesa. Sant Jordi es el patrono de Cataluña desde el siglo XV y desde tiempos medievales se acostumbra visitar la capilla de Sant Jordi en el Palau de la Generalitat, donde se hacía una feria de rosas también denominada como la Feria de los Enamorados; por eso es también reconocido el santo como el patrono de los amantes en Cataluña.

El dragón simbolizaba el odio: mientras el monstruo atacaba sin piedad al pueblo, los habitantes sacrificaban dos corderos diarios para satisfacer su hambre y así no atacase a los pobres mortales. Cuando los corderos comenzaron a escasear, sortearon entre los pueblerinos quién debía ir, además de un cordero, claro. La familia que sufría la pérdida de uno de los suyos recibía a cambio todo tipo de riquezas.

Aquí se bifurca la historia: se dice que la princesa quedó favorita en el sorteo para ser devorada, mientras que otra versión destaca que el pueblo se hartó de la condición y reclamaron a la princesa que fuera ella. Como sea, llega la dama a la cueva del dragón y ahí se encontró con Jorge que fue en su rescate. En agradecimiento, el rey donó todo tipo de riquezas al salvador quien a su vez las repartió entre el sufrido pueblo.

 

 

La fiesta del pueblo

Cada 23 de abril se celebra Sant Jordi y todas las ciudades de Cataluña se llenan de rosas y libros. Antes (y la tradición se remonta al siglo XV, recordemos) las mujeres recibían las flores y los hombres los libros pero sin haberse invertido los regalos, todos y todas reciben libros, como corresponde. Sant Jordi se convirtió así en una de las jornadas populares más celebradas (la idea original fue del escritor valenciano Vicente Clavel Andrés, proponiéndola a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona). La rosa roja simboliza la pasión entre los amantes suele ir acompañada de la señeray una espiga de trigo como símbolo de la fertilidad.

La diada de Sant Jordi, como se la conoce, reivindica la cultura catalana opacada por el franquismo y la ciudad se llena de banderas catalanas, mostradores con libros y venta de rosas y espigas a cada paso (las Ramblas estallan). Normalmente también se realizan actividades en las bibliotecas y conciertos en las calles, que se añaden a la agenda cultural de la Ciudad Condal. A pesar de su amplia celebración a lo largo y ancho de todo el territorio catalán, se trata de un día laborable, lo que hace de esta tradición, una tradición con mucha relevancia en Cataluña. No se limita a un solo día y en el transcurso de esa semana se promueven firmas de autores y presentaciones de libros por todas las librerías del lugar que son muchas y variadas temáticamente. El 23 de abril es celebrado el Día del Libro desde 1929 en referencia a las muertes de Cervantes y Shakespeare.

En pleno albor de la primavera europea, Barcelona se convierte en una gran librería y floristería a cielo abierto. El local y el turista se pasean por las Ramblas, el paseo de Sant Joan, el paseo de Gracia y la Rambla de Cataluña donde está plagado de puestos de libros y aroma de las rosas. Todas las costumbres se pueden apreciar por las calles: en el Ajuntament se juntan a bailar la sardana, el folklore local, arman los populares castells, las torres humanas.

Esta mezcla de tradiciones de diferentes épocas hacen a una identidad catalana única.

 

 

Según el diario El Mundo, superado el primer aniversario de la pandemia y con la campaña de vacunación en marcha, el sector editorial ve con optimismo la celebración, este viernes, del Día del Libro. No será como antes, pero tampoco como el año pasado, cuando a estas alturas de abril el país empezaba a desconfinarse. En Cataluña los gremios de libreros, editores y floristas encaran Sant Jordi con una certeza: «Comenzamos a caminar hacia cierta normalidad». Es lo que se desprende de las ventas de esta primavera (ya se atisba un repunte) y lo que pronostica Patrici Tixis, el portavoz de los editores, cuyo objetivo es vender alrededor de 900.000 libros, un 60% de la última cifra prepandémica, la de 2019, cuando se vendieron un millón y medio de ejemplares. Los floristas, algo más cautelosos, cifran en un 50% el número de rosas que venderán esta semana, unos tres millones y medio.

Para que los objetivos se cumplan sin riesgos, sector y Procicat han diseñado un Sant Jordi muy esponjado en el tiempo y el espacio. En el tiempo porque para evitar las aglomeraciones de un solo día se anima a adelantar las compras. Las tradicionales paradas de libros y rosas estarán operativas desde el miércoles hasta el viernes: durante tres días, de nueve de la mañana a ocho de la tarde. También se ha diseñado un Sant Jordi disperso geográficamente para evitar grandes concentraciones de público. En Barcelona ciudad habrá 490 paradas delante de librerías y floristerías (los únicos autorizados este año a poner una mesa en la calle para vender). Y a falta de las grandes arterias como las Ramblas que tradicionalmente se abarrotaban, el Ayuntamiento ha puesto a disposición del sector once localizaciones que estarán perimetradas.

Se trata de once espacios públicos repartidos por barrios que serán vigilados para evitar contagios: con control de acceso, un 30% de aforo y un solo sentido de circulación. Entre los espacios seleccionados figuran la plaza Real, dos tramos separados del paseo de Gràcia y un puñado de plazas. Dentro de estos espacios habrá otras 180 paradas de venta de libros y rosas y un total de 31 espacios reservados para las firmas de autores, que este año serán mayoritariamente nacionales ante la ausencia de grandes estrellas extranjeras.

El Sant Jordi de verano europeo celebrado en julio del año pasado (en pleno repunte de contagios y con reticencias de buena parte del sector por la situación sanitaria) sólo facturó el 25% del ‘clásico’, así que el pronóstico del 60% supone un avance importante. En realidad, las cifras de lectura y venta de libros mantuvieron el tipo durante la pandemia: en 2020 las ventas de libros sólo bajaron un 4%. Paradójicamente, en Barcelona han abierto en el último año tres grandes librerías. La última, Finestres, de 800 metros cuadrados y aires ingleses, es una iniciativa del mecenas Sergi Ferrer-Salat, el heredero de Gelocatil (N: una marca de paracetamol).

 

 

Según Hola News, Abacus Cooperativa, Penguin Random House y SolidPerfil3D organizaron una firma adaptada a los tiempos de pandemia, en que seis autores internacionales dedicarán sus libros a los lectores desde casa a través de un brazo robótico. “Se trata de una experiencia única”, explica el jefe de márquetin digital de Abacus cooperativa, Jordi Gabarró, ya que la tecnología de SolidPerfil 3D nunca se había usado con esta finalidad y -añade- “a los autores les ha hecho mucha ilusión poder participar de esta acción innovadora”.

El brazo robotizado de SolidPerfil 3D reproducirá las firmas de manera inmediata, salvando miles de kilómetros de distancia, y permitirá a los escritores dedicar sus libros de manera personalizada a los 50 lectores convocados en el Espacio Abacus de Barcelona. Participarán del encuentro telemático Isabel Allende, Jonas Jonasson y Alex Michaelides; mientras que mañana lo harán Yuval Noah Harari, Niklas Natt och Dag y Pierre Lemaitre. “Le hemos dado un uso cultural a esta tecnología para poder acercar la experiencia de un Sant Jordi tan excepcional a la que vivíamos cada año”, concluye Gabarró.

 

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