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Los libros infantiles rescatados del olvido

 

Diferentes razones editoriales que pueden ir desde lo económico hasta el descuido, han hecho que algunos títulos reposen en las sombras. Pero otros motivos -la buena memoria, el amor por los libros y nuestros autores argentinos-, los han devuelto a las librerías. Nuestra especialista en el género nos cuenta al respecto de estas preciadas reediciones.

 

POR NATALIA BLANC

 

¿Sabían que existen muchas técnicas distintas para hacer avioncitos de papel? Yo lo descubrí cuando abrí por primera vez el libro Avión que va, avión que llega, creado a cuatro manos por Laura Devetach e Istvansch. Publicado en 2006 por Ediciones del Eclipse, que cerró recientemente, fue reeditado este año por Norma con el diseño y las ilustraciones originales y una nueva tapa que trae, como no podía ser de otra manera, un avioncito de colores con un poema de Devetach que se despega de la portada para hacer volar.

Fue ese divertido desafío (armar los distintos modelos de aviones poéticos y arrojarlos por el aire) que encararon los autores para una sesión de fotos incluida en las últimas páginas de la nueva edición. Allí aparecen Devetach e Istvansch plegando papeles de colores con cuidado para que los versos queden a la vista. Es que este libro álbum para chicos es tan original que, además de poemas bellos, trae instrucciones (y secretos) para armar los aviones. Está diseñado con un troquel que permite separar el libro sin romperlo: por un lado quedan los poemas; por el otro, las instrucciones paso a paso. Y por otro, hojas con versos impresos para doblar y crear aviones. La decisión de Editorial Norma de reeditar este libro genial (y salvarlo así de caer en el olvido) genera una enorme alegría. Es un gesto de cariño a los lectores que buscan libros de calidad para compartir con los chicos: un guiño de complicidad en medio de la crisis de la industria editorial.

En diálogo con Estación Libro, Istvansch contó cómo reflotó ese libro único: “Avión que va… fue un proyecto generado por Laura. En 2005, me contó que tenía la idea de escribir poemas para mandar en aviones de papel. Me dijo que tenía que hacerlo conmigo porque ella no sabía cómo hacer un libro objeto. Así que lo trabajamos en conjunto. Ella me recalcaba que tenía que ser un libro de poemas y no un instructivo de avioncitos. Nos entendimos perfectamente y el libro quedó precioso. A fines del año pasado, cuando cierra Del Eclipse y los autores recuperamos los derechos, le propuse a Laura llevar el libro a otras editoriales. A partir de mi muestra en el Espacio Cultural de la Biblioteca del Congreso, Laura Leibiker, editora de Norma, vio mis trabajos con papel y me llamó por otro proyecto. En medio de la reunión, le muestro Avión que va..,  y le cuento que está libre de derechos, y ahí nomás me lo pidió. Solo me quedaban dos ejemplares. Le di uno para que lo mostrara en la editorial. Y a la semana siguiente me llama para contarme que toda la mesa directiva de Norma estaba encantada con el libro y que lo querían reeditar”. Así de mágico fue el rescate del genial Avión que va…, que se presentó a sala llena en la última Feria del Libro de Buenos Aires. Los aviones poéticos siguen volando: el sábado 1 de junio, Devetach e Istvansch hablarán sobre el libro en el Encuentro Literario Gustavo Roldán, un festival literario para chicos y grandes en el Ecunhi en homenaje al gran Roldán, compañero de vida de Devetach. Allí también, la autora presentará Bajo el burlón mirar de las estrellas, de Roldán, junto con el autor e ilustrador Juan Lima.

A principios de este año, el grupo Penguin Random House relanzó el sello Alfaguara Infantil y Juvenil, pionero en el país en la edición de grandes y buenos autores como María Elena Walsh. De la autora de Dailan Kifki reeditaron buena parte de sus títulos en ediciones económicas, de tapa blanda e ilustrada. Se celebran estos relanzamientos porque los libros de María Elena no deberían faltar en ninguna biblioteca hogareña y escolar. Son el primer escalón, o uno de ellos, para formar lectores.

También lo es El anillo encantado de María Teresa Andruetto, originalmente de 1993 y relanzado en abril pasado. En ese libro, la gran autora cordobesa que este año cerró el Congreso de la Lengua Española reúne siete cuentos fantásticos que parecen un homenaje a Las mil y una noches. Del dúo creativo formado por Andruetto e Istvansch, Planeta rescató en 2018 la serie Fefa es así, protagonizada por un personaje delirante que tiene un humor absurdo. Cada librito trae dos cuentos breves, muy divertidos, con textos de Andruetto e ilustraciones de Istvansch.

Varios libros fundamentales de Graciela Montes, como Irulana y el ogronte, Juanito y la luna, El auto de Anastasio, El paraguas del mago y las series Anita (de 1988) y Había una vez (para los más chicos), fueron reeditados por el sello Loqueleo. Es un placer volver a encontrarse con ellos en las librerías. Alfaguara, por su parte, relanzó hace poco Y el árbol siguió creciendo, publicado en 1986 por Libros del Quirquincho, ahora con ilustraciones de Poly Bernatene, y Más chiquito que una arveja, más grande que una ballena, con dibujos de Marcelo Elizalde. Y SM también rescató un libro de Montes, Cuatro calles y un problema, ilustrado por Emilio Darlun, en la colección El barco de vapor.

En la reciente Feria del Libro de Buenos Aires, los editores de Calibroscopio exhibieron con orgullo en su stand la serie Pete, de Montes, publicada en 1990. Según nos contó Judith Wilhelm, fundadora del sello independiente, otras editoriales prefirieron no reeditar estos libros para los más chicos por el nombre del personaje. Ellos no solo aceptaron el desafío de bancarse una serie de libros para chicos protagonizada por un tal Pete sino que, además, no aceptaron los consejos de editores amigos para cambiarle el nombre. Así, el Pete creado por Montes en la década de 1990 sigue siendo Pete.

Volviendo a Laura Devetach, un imperdible recuperado recientemente es La planta de Barolo (Loqueleo), de 1966. Con tapa de O’Kif, medio siglo después de su edición, la historia de Bartolo y su planta de cuadernos sigue vigente.

Hace tres años, la ahora desaparecida Ediciones del Eclipse, pionera en libros álbumes en el país, reeditó un libro emblemático prohibido por la dictadura: La línea, de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes. Publicado en 1975, ganó en 1976 el premio Casa de las Américas. Fue definido por los censores como “muy peligroso”, ya que a partir de una simple e inocente sucesión de puntos que forman una línea se explica cómo los hombres pueden cambiar la historia. Fue Istvansch, director de la colección de libros álbum de Del Eclipse, quien decidió recuperar el color rojo de la línea de la tapa original, que en alguna edición ya durante la democracia había sido cambiado por azul.

Afortunadamente, varios libros fundamentales de grandes autores de la LIJ nacional están en la mira de los editores locales para su reedición. De eso se trata ser un clásico, ¿no? Seguir vigente con el paso del tiempo e interpelar a los lectores de otras épocas.

 

 

 

 

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