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#Libros2019 Qué leyeron los que escriben

“En muchas ocasiones, la lectura de un libro ha hecho la fortuna de un hombre decidiendo el curso de su vida”, escribió Ralph Waldo Emerson. Y este pensamiento se le puede atribuir a cada una de las personas consultadas para esta encuesta. Colaboradores y libreros de ESTACIÓN LIBRO, escritores y editores, nos contaron qué lecturas los acompañó durante el 2019. Destacan los títulos de producción nacional y nuevas editoriales emergentes, lo cual es mucho para celebrar. Vaya nuestro agradecimiento a cada uno de ellos y a ustedes, lectores, por acompañarnos en este primer año de vida.

 

 

Florencia Ure, editora de Sie7e Párrafos

Las malas, de Camila Sosa Villada (Tusquets). Una obra maestra. Juan Forn venía adelantándome mientras la editaba que era una novela única pero todos sus elogios fueron pocos cuando me senté a leerla. Lo que hace Camila es de locos, le da una vuelta a Puig. Una novela dura, graciosa y poética. Van a pasar años hasta que me fascine tanto por un libro.

Cometierra, de Dolores Reyes (Sigilo). Cuando pensas que vas a morir leyendo literatura del yo, aparece Dolores endiosando la ficción, creando una voz y un mundo nuevo.

Desierto sonoro, de Valeria Luiselli (Sigilo). La descubrí a Luiselli este año y me volvió loca. Esta novela tiene infinitas puertas. Se podría leer mucha veces, haciendo foco en sus diferentes estratos y cada vez descubrir una nueva lectura. Demasiada genialidad para un solo libro.

 

Pablo Maurette, ensayista

So Much Longing in So Little Space: The Art of Edvard Munch, Karl Ove Knausgaard (Penguin). Después del best-seller Mi Lucha y de la prescindible tetralogía de las estaciones, Knausgaard se despacha con un ensayo sobre Munch que combina lo mejor del ensayo en primera persona con el análisis riguroso, minucioso e iluminador de la obra de Munch.

Volcánica, Sabrina Duque (Debate). La periodista ecuatoriana Sabrina Duque estaba escribiendo un libro sobre la relación de los nicaragüenses con sus volcanes, cuando el país en el que vive hace años entró en erupción. En el libro, la crónica de los crímenes del gobierno de Ortega se entremezcla con la historia milenaria de un país enamorado de sus volcanes.

 

Beatriz Sarlo, ensayista, crítica cultural

Mi abandono, Peter Rock (Godot)

Era tan oscuro el monte, Natalia Rodriguez Simon (Mardulce)

Los rusos de Putin, Hinde Pomeraniec (Planeta)

 

Alejandro Bellotti, editor del suplemento de Cultura de Perfil

Historia de una investigación, Enriqueta Muñiz (Planeta)

Cometierra, Dolores Reyes (Sigilo)

Historia natural y mítica de los elefantes, José Emilio Burucúa y Nicolás Kwiatkowski (Ampersand)

 

Mariana Enriquez, escritora, editora Radar
Buscando a Jake y otros relatos, de China Miéville (Ayarmanot). El libro tiene varios años pero recién se editó acá en castellano en 2019, la edición y traducción son muy buenas y es de Ayarmamot, que es una editorial independiente. Soy muy fan de Miéville, es buenísimo y se viene editando mal, de manera incoherente.

Mi año de descanso y relajación, de Ottessa Mosfegh (Alfaguara). Me gustó mucho, creo que ella es de las más interesantes escritoras jóvenes de Estados Unidos, si no la más.

Primera Persona, de Margarita García Robayo (Marea). Las crónicas me parecieron sutilmente brutales.

Las malas, de Camila Sosa Villada (Tusquets). Excelente.

Todavía no traducido me gustó mucho Lanny de Max Porter que terminé ayer. Acabo de empezar Dead Astronauts de Jeff VanderMeer y ya lo incluiría. Las dos son novelas de género, la primera folk horror experimental, la segunda ciencia ficción weird.

 

Malena Rey, productora editorial de Caja Negra
Las malas, de Camila Sosa Villada (Tusquets)

Desierto sonoro, de Valeria Luiselli (Sigilo)

Novísimos, de Juana Bignozzi (Adriana Hidalgo)

 

Alejandro Galliano, autor, docente UBA
Ecología oscura, de Tim Morton (Planeta)

Sonidos de Marte, de David Stubbs (Caja Negra)

La grieta desnuda, de Pablo Touzon y Martín Rodríguez (Capital intelectual)

 

Facundo Arroyo, autor, periodista
San Puta, de Martín Graziano (Club Hem). El inicio del gótico bonaerense. Música del Río de La Plata, mito pampeano y tensión corte SXXI.
El año de Artaud, de Sergio Pujol (Planeta). Música popular (con foco en el rock argentino) e historia social paradigmática. El terreno por donde mejor se mueve uno de los mejores ensayistas del país.
Las mil y una vidas de las canciones, de Martín Liut y Abel Gilbert (Gourmet Musical). Ensayos sobre canciones fundamentales de la música popular Argentina. Se necesitan mil libros más así.

 

Florencia Etcheves, autora, periodista

Desierto Sonoro, de Valeria Luiselli (Sigilo). Me gustó el tono intimista del relato y la estrategia de cambio de narradores.

El amigo, de Sigrid Nunez (Anagrama). La historia de un duelo con un final sorprendente. Una novela dentro de otra novela. Destaco las citas hermosas que sostienen el relato de la narradora

Medicina Ancestral y Epigenética, de Florencia Dafne Raele (Planeta). Descubrir cómo nuestro cuerpo sigue respondiendo a los estímulos de los viejos hombres y mujeres de las cavernas y adaptarlo a la vida cotidiana.

 

Mercedes Güiraldes, editora de Planeta

Breves amores eternos, de Pedro Mairal (Emecé). Un libro de cuentos imperdible, una auténtica caja de sorpresas que revela el universo literario de uno de los autores contemporáneos que mejor refleja cómo los hombres afrontan, con mejor o peor suerte, las relaciones sentimentales.

Vikinga Bonsái, de Ana Ojeda (Eterna Cadencia). Una novela divertidísima e inteligente como pocas, en la cual el uso del lenguaje inclusivo es apenas una excusa para contar una fábula femenina moderna.

Rara, de Natalia Zito (Emecé). Una novela electrizante sobre una mudanza y un divorcio, que es también una novela sobre la condición femenina, la maternidad y la búsqueda del propio deseo.

 

Victor Malumian, editor de Godot

Breve historia argentina de la literatura latinoamericana (a partir de Borges), de Luis Chitarroni (MALBA). Entre las virtudes del libro encuentro que invita a nuevas lecturas, nuevas interpretaciones sobre textos ya leídos y nos abre nuevos caminos. Como todo gran libro de crítica, se lo termina con un listado de nuevas lecturas que nos despiertan interés.

Por qué escuchamos a Tupac Shakur, de Bárbara Pistoia (Gourmet Musical). Un libro repleto de datos, un libro que nos entrega mucho más de lo que promete. Como parte de una colección esencial que nos cuenta por qué algunos artistas fueron y son tan importante para nuestro devenir cultural.

 

Verónica Abdala, periodista cultural
A ver qué se puede hacer (Eterna Cadencia), de Lorrie Moore. Escritos a lo largo de los últimos 30 años, estos artículos y reseñas revelan claves del método y el pensamiento de la autora, en relación a la escritura y a su tiempo. Lo que la escritora logra es mucho: en cada uno de estos ensayos y reseñas, subvierte el lugar común de la crítica y entrega piezas inesperadas, de una frescura y lucidez tal que convierten este libro en una auténtica lección de periodismo cultural. En el mejor de los casos, éste siempre contiene y contribuye a la construcción de una mirada del mundo, de eso se trata, después de todo, la construcción del estilo. Estos artículos reunidos -traducidos al español por Cecilia Pavón- proponen formas novedosas y puntuales de abordar cuestiones asociadas al ejercicio de la crítica –como el uso de la primera persona- y a algunos hechos históricos –el affaire Clinton- Lewinsky-, así como de deconstruir a un grupo de variopinto de figuras públicas, de Philip Roth, Margaret Atwood, Alice Munro Clarice Lispector -sobre la que aporta un perfil lleno de matices- a Barack Obama o Anaïs Nin.
Conviene tener un sitio adonde ir, de Emmanuel Carrère (Anagrama). Reúne una treintena de textos periodísticos y ensayos literarios en los que el autor demuestra su virtuoso dominio de los géneros y su capacidad de combinarlos. Publicado por Anagrama, recoge una amplia variedad de artículos periodísticos, columnas, perfiles, lecturas y crónicas del gran escritor francés, aparecidos entre 1990 y 2015 en revistas y diarios: un corpus que bien puede leerse como un autorretrato fragmentado, en el que cada relato brilla pero a la vez dialoga con otros que, en conjunto, permiten una aproximación a su pensamiento, su método de escritura y su evolución a lo largo del tiempo. «No existe ninguna fórmula, para el trabajo ni para la vida, y lo único que cualquier escritor finalmente conoce son las pequeñas decisiones que se vio forzado a tomar dadas sus circunstancias particulares –concluye Carrère, de cara a esas vidas y a su propio proyecto-. No existe una receta de oro.»

 

Hinde Pomeraniec, editora Infobae Cultura

Opus Gelber, de Leila Guerriero, (Anagrama) es una obra desmesurada sobre un artista desmesurado. A través de un trabajo paciente y programático, Leila consigue mostrar todos los rostros del gran músico que, hasta ahora, para la mayoría de nosotros era apenas una máscara vibrante de cejas delineadas. En este libro, el lector puede apreciar su virtuosismo, su inteligencia y también su personal catálogo de pequeñas miserias

Una casa llena de gente, de Mariana Sández (Compañía Naviera) . Un edificio pequeño y algo promiscuo en el que conviven grupos de diversos registros. Secretos familiares, amores reprimidos, una hija que busca conocer quién fue realmente su madre y que a través de sus diarios personales consigue encontrar a la mujer que nunca conoció y también a la gran escritora que fue. Una prosa refinada, no exenta de humor y con gran destreza para el manejo de los tiempos narrativos. Una novela preciosa.

Odorama, de Federico Kukso (Taurus). Un tema alucinante, una prosa delicada y exquisita y una investigación de años dan como resultado un libro extraordinario sobre la historia de los olores. Un ensayo diferente, original y adictivo.

 

Miriam Molero, autora, periodista

Historia de una investigación, de Enriqueta Muñiz (Planeta). El libro del año y de la década. Lo que consiguió Diego Igal con su lucidez precoz y su perseverancia no tiene parangón. Tuvo la previsión de grabar y guardar los cassettes de la charla de Enriqueta Muñiz para alumnos de TEA. Ella, que se negaba a hablar de su trabajo con Walsh, lo hizo con un puñado de estudiantes. Igal conservó celosamente el testimonio, lo atesoró luego como profesional, buscó a Enriqueta por un requerimiento periodístico u otro, fracasó, se hizo conocido para la familia y logró lo que nadie: rescatar del secreto y del olvido los cuadernos escritos de puño y letra por Enriqueta Muñiz. Nadie conocía la existencia de estos diarios. Bueno, nadie vivo. Walsh sabía que existían y esta edición incluye correspondencia entre ambos. Para nosotros, los aún mortales, este es un descubrimiento histórico y documental y, por lo tanto, este es el libro del año y creo que si me apuran puedo decir que es el de la década.

Fuimos, de Daniel Tevini (Conejos). Lo dije en su momento. Si Alberto Migré no estuviera muerto se tomaría un café con Daniel Tevini para hablar de historias de amor. Migré era un autor que construía suspenso e intriga en el romance. Es más, ustedes son chicos -jaja- y seguramente no sabrán cómo Migré lograba ponerle los pelos de punta al espectador con situaciones centradas en acciones simples. Recuerdo un capítulo de la telenovela Piel naranja que terminaba con el teléfono que sonaba y sonaba mientras nosotros, el público, nos mordíamos las uñas desesperados. Ese talento, esa capacidad de tenerte en vilo con un ring, no los tiene cualquiera. Pues resulta que así de intenso, sencillo y clásico es Fuimos, este melodrama de suspenso de Daniel Tevini. El protagonista recuerda sus días de colegio secundario, su amistad con un compañero intensamente distinto, su amor prohibido, con escenas que van desde la estudiantina hilarante a la intimidad más dolorosa. Qué bien escribe Tevini, qué limpia, precisa, funcional y poética es su prosa.

La muerte es el olvido, de Felipe Celesia (Paidós). Sobrio, sólido, como siempre, como en La noche de las corbatas. Podría tener tensión dramática; no la tiene. Por eso digo sobrio, así con todas las letras. Esta es la historia del Equipo Argentino de Antropología Forense. El EAAF es la primera organización científica privada y sin fines de lucro que devuelve la identidad a cadáveres NN y hasta dictamina las causas de la muerte. Cientos de casos relacionados con los desaparecidos de la última dictadura militar aparecen en estas páginas, algunas con un nivel de angustia o emoción difíciles de leer sin lágrimas. Hoy el prestigio del EAAF trasciende nuestras fronteras y es convocado para los más terribles trabajos en el mundo como el caso de los estudiantes de Ayotzinapa, por citar uno reciente. Felipe Celesia reconstruye la formación y el desarrollo del EAAF con luces y sombras. A pesar de la gloria actual, no obvia ni unas ni otras. Por el solo hecho de ser argentinos debemos leer este libro y conocer a este Equipo que es único y que es nuestro, uno de esos milagros que surgen de tanto en tanto, salvados de esa costumbre saturnal de la Argentina de devorar a sus propios hijos.

 

Bárbara Pistoia, autora, ensayista
Grandes del jazz internacional en Argentina (1956-1979), de Claudio Parisi (Gourmet)
Caminantes, flâneurs, paseantes, walkmans, vagabundos, peregrinos, de Edgardo Scott (Godot)
Es imposible hacer un balance de lecturas del año y pasar por alto la situación del país y cómo afectó al mundo editorial. El desastre económico y la desigualdad social es tal que me resulta hasta ingenuo romantizar el acto de escribir y editar aún en estas circunstancias.
Como la mayoría de los que formamos parte del proceso de hacer un libro somos, ante todo, lectores, desde ahí es que me permito subrayar el estado ideal: el derecho al libro, que no es ni más ni menos que un derecho de goce (de escribir, de editar, de leerlo en el momento que deseo leerlo, y todas las ramificaciones que cada uno de estos actos implica). Ese goce no se pierde, pero cuando los derechos pierden su condición es urgente y necesario comenzar a convivir con una resistencia que direcciona su agenda a reflejar cómo, ya sea por definición y/o indiferencia, que a veces también es una definición, la política opera a favor de las desigualdades en lugar de combatirlas.
La dinámica del mundo moderno nos obliga a ser lectores vivaces, los derechos culturales son los que nos permiten articular lo que vamos experimentando. Y nuestro mundo editorial independiente, todos sus actores, lograron construir a través de los años una fuerza propia, una fuerza que ya no es una tendencia, que más bien marca una flamante tradición que desafía los relatos predominantes, que apela a la incomodidad y al desprejuicio de los lectores, despertando, además, un interés global. Esa fuerza es la que se vio amenazada los últimos años, y más allá de los intereses económicos, es porque el derecho al libro (y al goce) es tan ideológico cuando se promueve como cuando se recorta. Todas las voces del amplio campo cultural tenemos la responsabilidad de recordar esto, hacerlo visible y mantenerlo como una alerta del tipo de políticas que no podemos volver a permitir.

 

Martín E. Graziano, autor, periodista

Doscientos Canguros, de Diego Muzzio (Entropía)
Un inventario que organice la ausencia, de Lula Bauer (Edicion de Autor)
Tema libre, de Alejandro Zambra (Anagrama)
Copacabana Palace, de Ulises Conti (Mansalva)

Excepto el libro de Muzzio (en el sentido más clásico de la expresión, un volumen de relatos), esta pequeña lista reúne a criaturas inclasificables: las micronovelas de un músico en tránsito; un tratado en verso sobre la fotografía; el cajón de sastre de uno de los grandes escritores vivos de Latinoamérica.

 

Santiago Llach, autor, docente

Estás muy callada hoy, de Ana Navajas (Rosa Iceberg). Esta novela sobre una mujer que lidia con la maternidad y la muerte de la madre me divirtió mucho y me conmovió. Cada escena y cada oración son como un poema maldito.

El amigo, de Sigrid Nunez (Anagrama). Una escritora recibe en herencia un perro enorme que le complica la existencia y cuenta la historia de su relación con el maestro/amante/amigo que se murió. ¡También me divirtió! Hay ternura e incorrección política.

Borges profesor, de Martín Arias y Martín Hadis (Sudamericana). Borges fue ante todo un lector y un maestro de literatura. Sus clases de literatura inglesa son un placer.

 

Rafael Toriz, autor, ensayista

Un libro, de Giorgio Manganelli (Cuenco de Plata). Concebido como un infierno barroco, la publicación de un tomo inédito de Manganelli en castellano es motivo de delirio y frenesí. Compuesto por experimentos formales que por comodidad se llaman relatos, se trata de una bestiario prosístico de formas mestizas. Trepidante.

Yo es otros, de Fernando Pessoa (Universidad de Valparaíso). Toda antología de Pessoa es siempre una buena noticia, sobre todo si -como es el caso- incorpora prosa a la nutrida y traducida colección de versos de sus singulares heterónimos. En versiones de Rodolfo Alonso, esta antología de hermosa manufactura fue publicada en Chile.

Historia natural y mítica de los elefantes, de José Emilio Burucúa y Nicolás Kwiatkowski (Ampersand). Escrito a cuatro manos, este hermoso libro -de talante enciclopédico- no sólo es una belleza en tanto objeto sino también por su contenido, de una erudición tan cordial como fascinante. Desplegado como un tegumento pleno de sentido, se trata de una obra sofisticada para sibaritas extremos. Im-per-di-ble.

 

Julieta Venegas, artista, cantautora

Las malas, de Camila Sosa (Planeta)

Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez (Anagrama)

Si no puede hacer anda por su cabeza, al menos arréglese la gorra, de Ernst Jandl (Arrebato)

Para los pájaros, de John Cage (Ávila)

Quién se hará cargo del hospital de ranas, de Lorrie Moore (Eterna Cadencia)

 

Martín Sanzano, periodista

Un lugar en el mundo, de Katherine Marsh (Planeta). Una novela de narración cinematográfica que se vuelve indispensable para entender desde diferentes ópticas la problemática de los refugiados en Europa. Es imposible no sentirse identificado con los personajes de Ahmed y Max, dos niños que vienen de mundos muy distintos pero que, a partir de su encuentro, van borrando todas y cada una de sus fronteras.

Tita, 100 años de la madre de la Academia, de Marcelo Izquierdo (Ediciones Al Arco). Un gran trabajo de investigación y una pluma de esas que no abundan en la literatura de fútbol se unen en este un libro que también es un acto de justicia: alguien tenía que contar por fin la historia de Elena Margarita Mattiusi, mejor conocida como «Tita», la hincha número uno de Racing, la que nació hace 100 años en una casita debajo de la vieja cancha del club de Avellaneda.

 

Antonio Santa Ana, autor

El día que apagaron la luz, de Camila Fabbri (Seix Barral). Una novela de no ficción, si es que esto existe. Un relato coral de una generación atravesada por la tragedia de Cromañón.

La muerte es el olvido, de Felipe Celesia (Paidós). La historia del Equipo Argentino de Antropología Forense. Un gran trabajo de investigación de Celesia, contada con mucha precisión.

Ol de Pritty Jorses, de Andrés Hax (17 grises). ¿Quién mierda te creés que sos para pensar que debes escribir? Esta pregunta atraviesa el texto con drama, humor, nostalgia. El diario de un neurótico.

 

Amalia Sanz, directora FILBA

Las malas, de Camila Sosa Villada (Tusquets)
Furia Diamante, de Valeria Tentoni (Leteo)
Felicidades, de Juan José Becerra (Seix Barral)

 

Tamara Tenenbaum, autora, periodista

Mi año de descanso y relajación, de Ottessa Moshfegh: una novela súper inteligente y divertida sobre una chica que decide sedarse y dormir un año entero.

Los errantes, de Olga Tokarczuk: mezcla de novela y ensayo, una voz íntima y personal y al mismo tiempo una construcción ambiciosa.

 

Valeria Tentoni, escritora, editora del blog Eterna Cadencia
La ira y el perdón. Resentimiento, generosidad, justicia, de Martha Nussbaum (FCE). De la filósofa estadounidense, un ensayo que excava el mundo arcaico y piensa el presente más urgente.
Los hombres me explican cosas, de Rebecca Solnit (Fiordo). Subrayado de principio a fin.
El concepto de naturaleza, de Alfred Whitehead (Cactus). A 100 años de su dictado, estas clases recuperadas son alucinantes: «La naturaleza es independiente del pensamiento».

 

Libreros Estación Libro

Vigilancia permanente, de Edward Snowden (Planeta)

Las cartas de Eros, de Enrique Linh (Overol)

Las lealtades, de Delphine de Vigan Anagrama)

 

Alejandro Tantanian, director del Teatro Cervantes

Memorias. Mi vida con Marina 1896-1991, de Anastasia Tsvietáieva (Hermida). Una joya dolorosa sobre una vida luminosa o mejor: sobre dos vidas luminosas la de la enorme poeta que fue Marina Tsvietaieva y su hermana – tan inmensa como ella. Para terminar de entender algunas cosas que hoy siguen hiriendo cuerpos, quebrantando voluntades.

Butes, de Pascal Quignard (Sexto Piso). Otro texto inclasificable del enorme Quignard: elogio del que se arroja al mar, de aquel al que la historia no salvó ni la mitología condecoró. Butes, compañero de Orfeo y Ulises, son atraídos por el canto de las sirenas: Orfeo tañe su lira para no oírlas, Ulises las escucha y se hace atar al mástil; Butes, por el contrario, se arroja al mar poseído por esa belleza. En épocas de adoctrinamiento y disolución líquida en redes sociales, Quignard nos salva pidiéndonos ser, al menos, un poco Butes.

Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez (Anagrama). Promediando la lectura de esta maravilla que sabe contar la historia argentina desde los géneros que más amo: el gótico y el terror. Stephen King, Thomas Ligotti, H.P. Lovecraft, Clive Barker, todos fantasmas invocados por esta novela enorme que los supera, los fusiona y les enseña la maravilla de una narración total.

 

Leonora Djament, directora Eterna Cadencia
El museo de la bruma, de Galo Ghigliotto (Laurel). Se trata de una joya. Una novela-museo, una novela con forma de museo, pero que en vez de concebirse como el museo que atesora porque confía en una posible reconstrucción completa e íntegra de la memoria, aquí se trata de un museo que es solo las ruinas del museo y las ruinas de nuestros pasados signados por la violencia. Me interesa mucho esta idea de cómo se puede pensar hoy la historia, para “salvar” lo que pueda ser salvado (en términos de redención secular: salvar la historia de los vencidos y actualizar las potencialidades latentes).

La potencia feminista, de Verónica Gago (Tinta Limón). Verónica Gago es una de las intelectuales y militantes más lúcidas de la actualidad y su mirada aguda y generosa sobre el neoliberalismo nos ayuda a entender nuestro presente y a la vez abre caminos. Todos sus libros son libros necesarios, fundamentales.

 

Natalia Blanc, autora, periodista
A través, de Tom Haugomat (Pípala). Con este gran lanzamiento de diciembre, la editorial celebra sus diez años en la industria local como sello especializado en libros ilustrados para todas las edades. Una monumental novela gráfica que cuenta la vida de un personaje desde el nacimiento con escenas gráficas y textos breves, pero contundentes.

Las ricas horas de Jacominus Gainsborough, de Rébecca Dautremer (Edelvives). Otro libro álbum genial, que también cuenta una vida en doce escenas ilustradas a doble página, pintadas en el original con acuarelas. La autora e ilustradora francesa retrata momentos relevantes de la vida de un conejo: desde el nacimiento hasta la muerte, con instantáneas de su entorno familiar, sus amistades, la educación, los juegos, el crecimiento, el trabajo, el amor.

Bajo el cielo del sur, de Antonio Santa Ana (Norma). Una novela juvenil que continúa la historia del protagonista de Los ojos del perro siberiano, best seller del género desde hace veinte años. Es una edición limitada, firmada por el autor, que puede leerse de manera independiente del primer volumen, ya que el narrador es ahora un adulto que regresa a Buenos Aires para intentar reconstruir su vida bajo el cielo del sur.

 

Fabiana Scherer, autora, periodista

Cometierra, de Dolores Reyes (Sigilo). Este año estuve muy involucrada con textos referidos a la historia de la lucha feminista por el trabajo que hice para el libro Alzamos la voz (Indicios). La primera novela de Reyes habla de mujeres y chicas que no volvieron, de femicidios. Me sorprendió su manera de encarar el tema, el golpe seco e intenso que propone.

Desierto Sonoro, de Valeria Luiselli (Sigilo). Fue la primera novela que leí de la escritora mexicana y lo hice por sugerencia de una amiga. Ahora tengo la urgencia de leer todo lo anterior. Me sorprendió la manera en que maneja tres puntos de vistas para contar dos historias. Mantiene el contexto de la realidad, pero no renuncia a la imaginación para hacerlo. Fue una de las grandes sorpresas.

El fin del amor, querer y coger, de Tamara Tenenbaum (Ariel). Uno de los mayores logros de este ensayo es la manera que tiene Tenenbaum de replantear comportamientos que tenemos totalmente naturalizados. Lo más interesante es que lo hace desde su experiencia personal y en la voz (accesible) de personajes académicos.

Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez (Anagrama). Estoy en plena lectura y entregada al universo de la escritora y periodista argentina, ese terror contaminado de creencias religiosas populares, teñido de tintes políticos.

 

Giselle Hidalgo, periodista

Fuimos, de Daniel Tevini (Conejos). Una novela de iniciación en la que el protagonista descubre su homosexualidad en el contexto de la última dictadura militar.

Fuga de capitales, de Walter Lezcano (Santos Locos). Poesía en tiempos de capitalismo tardío.

 

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