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Las novelas de Agatha Christie que se hicieron realidad

 

Agatha Christie probablemente ha matado a más personas que cualquier otro autor, de eso no hay dudas. Pero mientras que sus novelas son conocidas por sus misteriosos asesinatos, uno de los libros de la Christie en realidad salvó vidas en tres ocasiones.

 

 

 

POR VICTORIA MANSILLA

 

 

 

 

 

En su novela de 1961, El misterio de Pale Horse, el asesino usa sulfato de talio, un veneno letal que causa dificultad para respirar, habla confusa, desmayos, caída del cabello, y finalmente la muerte. Por supuesto, el detective heroico -que no es Poirot en esta caso- atrapa al ladrón y todo está bien, pero El misterio… tuvo algunas graves repercusiones en el mundo real. 

 

En el libro -que tiene mucho de la vida personal de la autora, Mark Easterbrook, un escritor, queda como testigo de una compleja historia de muertes, en principio naturales. La única conexión era que siempre había alguien que ganaba mucho con cada una de estas muertes; y además, los nombres de los fallecidos estaban escritos en una lista escrita por el reverendo Gorman poco antes de que fuera asesinado.

Mark y su amiga, casualmente otra escritora de novelas policíacas, participan de una gala de beneficencia organizada por una pariente de Mark en un pueblo de la campiña inglesa, uno de los espacios favoritos de Christie en sus novelas. Luego de la celebración, Mark tiene la oportunidad de conocer Pale Horse, que tanto había oído hablar. Pale Horse era una mansión que en el pasado había sido una hospedería donde actualmente vivían las brujas del poblado, tres mujeres extrañas que organizan sesiones de espiritismo, otro de los tópicos favoritos de Agatha Christie. En esta misma oportunidad, Mark conoce al Sr. Venables, hombre poderoso, inválido e identificado por el farmacéutico Osborne como el hombre que seguía al reverendo Gorman la noche que fue asesinado. Mark se da cuenta de una serie de coincidencias que lo hacen pensar que la muerte de las personas en la lista es consecuencia del hechizo de las brujas de Pale Horse y se dispone a ayudar a sus amigos de la policía a desentrañar el misterio. Por supuesto el veneno era el común denominador.

 

En 1975, una fan latinoamericana estaba leyendo la novela cuando reconoció que su amiga sufría varios de los  síntomas de envenenamiento por talio descriptos en el libro. El marido de la amiga la estaba asesinando lentamente, y esta lectora alertó a las autoridades justo a tiempo. 

 

Un año más tarde, una enfermera de Londres estaba cuidando a un bebé extremadamente enfermo de Qatar. Los médicos no estaban seguros de lo que estaba mal con la niña y empeoraba constantemente. Pero la enfermera, que estaba leyendo el libro, comenzó a hacer algunas conexiones. La niña estaba perdiendo su cabello al igual que las víctimas de asesinato de la novela de Agatha Christie. No solo eso, sino que sabía por el libro que el talio era un pesticida de uso común en el Medio Oriente, el lugar de origen de la niña. Confiada en que había resuelto el caso, la enfermera advirtió a los médicos y la paciente se salvó. 

 

Y tal vez más dramáticamente, las personas en la ciudad de Bovingdon estaban cayendo unas tras otras causa de una misteriosa enfermedad. Sin embargo, cuando un médico terminó de leer El misterio… se dio cuenta de que el «insecto de Bovingdon» -a lo que atribuían las muertes- no era una enfermedad. Gracias al consejo experto de Christie, el médico supo que había un asesino en serie suelto. La policía pronto arrestó al notorio Graham Frederick Young, un asesino en serie británico que envenenó a varias personas y terminó matando a tres de ellas: su madrastra y a dos compañeros de trabajo, además de envenenar a varios otros colegas a los que causó otros problemas de salud. Young (1947/1990), estaba fascinado con la química y los venenos al punto tal que ya a sus catorce años había probado entre los miembros de su familia los efectos de distintos elementos. Su padre, la esposa de éste, la hermana del mismo Graham y su mejor amigo sufrieron el lento envenenamiento al que los sometió pero no fue hasta la muerte de su madrastra, que una tía sospechó lo que ocurría. Ella sabía de la fascinación de su sobrino con el tema de los venenos y ella misma había sufrido malestares. A los quince años fue arrestado y encerrado en un psiquiátrico de criminales por nueve años donde se interesó aún más por la química y estudió libros de medicina (tenía un coeficiente mental de 160). Fue liberado a los 24 años y se dedicó a trabajar y a… sí, a envenenar a todo su entorno. Creían que era un mal causado por un insecto del lugar, Bovingdon en Hertfordshire, pero al morir dos de sus compañeros de trabajo, comenzó la sospecha. Young admitió haber envenenado a más de setenta personas con talio. Cuando fue sentenciado, se declaró inocente alegando que buscaba material para escribir su propia novela.

 

 

 

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