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El hombre de las 3000 bibliotecas

 

Todos sabemos del Carnegie Hall, acaso la sala de conciertos más famosa de Manhattan. Pero, ¿quién fue Mr Carnegie? Por supuesto fue su dueño. Ideario, constructor y promotor del lugar a finales de 1890 (la edificación tomó siete años). Pero esto no nos interesa tanto… Andrew Carnegie nació en Escocia en 1835 y a muy corta edad viajó con su familia a Estados Unidos como lo hacían tantos británicos en esa época.

 

 

POR ROCÍO ESQUIVEL

 

Mediando su vida adulta, Carnegie se había transformado en uno de los empresarios industriales más ricos de su país y hasta del mundo. Pero antes de todo eso, fue un destacado filántropo que dedicó su vida (y sus millones) a crear, entre otras cosas, bibliotecas. Y levantó 3.000 a lo largo de todo el país. ¡3.000 bibliotecas!

Con formación como telegrafista, ya a los veinte años fue gerente de la empresa ferroviaria donde había comenzado. Creó la Carnegie Steel Company y a partir de acá no paró de crecer en empresas a un nivel tal que habiendo amasado tanta fortuna, se dedicó a invertir en educación y filantropía fundando universidades, museos, institutos y bibliotecas. Andrew CArnegie es el hombre que cambió la historia de las bibliotecas en Estados Unidos para siempre. ¿Su preocupación? La paz mundial. ¿Cómo se le ocurría lograrla? Mediante la lectura, por supuesto.

Sui trabajo más logrado fue a partir de 1901 cuando se dedicó a montar bibliotecas públicas. El magnate no escatimó dinero ni esfuerzo en poblar el país de libros.Carnegie estaba convencido que una sociedad educada era el modo de mantener una democracia sólida y de calidad. El trabajo en el que se embarcó junto a un equipo enorme de profesionales duró muchísimos años y fue uno de los más importantes de la historia. Así es como quería que se lo recordase: como a un hombre que dedicó su vida a llenar todo de libros.

Carnegie creía que debía usar su fortuna para beneficiar a los demás y dedicarse a algo más que ganar dinero: “¡Me propongo asignarme un sueldo no mayor de 50.000 dólares al año! ¡Aparte de esto necesito cada ganancia, sin hacer ningún esfuerzo por incrementar mi fortuna, para gastar el superávit de cada año para causas nobles! Dejemos a un lado los negocios para siempre, excepto para los demás. Vayámonos a Oxford para obtener una educación concienzuda, adquiriendo el conocimiento de un hombre de letras. Me imagino que esto me llevará tres años de duro trabajo. Debo prestar especial atención al hablar en público. Podríamos ir a Londres y podría comprar todas las acciones de un periódico o rotativo y hacer que tratara temas de interés público, especialmente los relacionados con la educación y la mejora de las clases pobres. ¡El hombre debe tener un ídolo y amasar fortunas es una de las peores especies de idolatría! ¡Ningún ídolo es más envilecedor que la adoración del dinero! Al enfrentarme a un problema suelo esforzarme demasiado, por lo que debo tener cuidado de elegir el estilo de vida que sea más elevado en ese sentido. Si sigo preocupándome tanto por mis negocios y pasando la mayor parte del tiempo pensando única y exclusivamente en cómo encontrar la manera de hacer dinero, me degradaré más allá de perder toda esperanza en recuperarme para siempre. ¡Dejaré los negocios a los treinta y cinco años, pero durante los dos años siguientes deseo pasar las tardes recibiendo clases y leyendo concienzudamente!”.

Tales sus palabras.

De todos modos, no se olvidó de su lugar natal: también en Dumferline, un pueblo de Escocia. Allí construyó piscinas y baños públicos, además de, por supuesto, bibliotecas.

Andrew Carnegie dedicó su vida a la filantropía, donó millones de dólares para cuanta causa se le cruzara y sobre todo a la construcción de bibliotecas públicas. Valga destacar que en esos años, el concepto de espacios públicos con libros no era tan habitual y también tuvo que educar a la nación en esos menesteres. Por supuesto, el empresario supo acumular tanto críticas como elogios a lo largo de su vida pero lo importante fue su obra.

Murió en agosto de 1919.

 

 

 

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