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¿De qué trabajan los que escriben?

No es fácil vivir de las letras, nunca lo fue y difícilmente lo será. Por supuesto hay autores que han hecho fortunas pero nadie comienza pagándose los impuestos con las ventas de sus poesías… Este informe sobre los puestos de empleos tan variopintos por los que han pasado nos da una nueva perspectiva de su, sí, digamos humanidad.

 

POR BENJAMÍN LOMBARDO

 

Bukowski fue un disciplinado cartero (a pesar de su alcoholismo) durante catorce años. Gorki fue, entre otras cosas, panadero, fogonero, pescador. Anatole France fue director de la biblioteca del Senado francés por quince años mientras que Proust duró solamente un día. Bulgakov fue médico y todos sabemos que Saint-Exupéry fue piloto de avión.

 

Charles Bukowski

 

 

André Malraux compraba libros usados en los puestos a la vera del Sena y los revendía a anticuarios. ¿Su especialidad? Arte erótico. Llegó a ser ministro de Estado y de Cultura de Francia sin haber cursado estudio alguno, autodidacta, se ocupó de leer y escribir sobre política y cultura. La condición humana (no confundir con el texto de Hannah Arendt) le valió un premio Goncourt.

 

Arthur Conan Doyle fue oftalmólogo. ¿Será por eso que Sherlock Holmes siempre aparece lupa en mano? Tras graduarse como médico, decidió especializarse en los ojos pero dos circunstancias trascendentales en su vida lo alejaron de ese camino y lo llevaron al de la literatura: una cena con Oscar Wilde y una afección pulmonar. Nunca más se levantó de su escritorio, pluma en mano, escribiendo febrilmente. Y lo celebramos.

William Faulkner 

 

William Faulkner fue cajero de banco, librero y jefe de oficina de correos. Quizá como el gran observador que fue, todo este antecedente le sirvió para destacar los dramas psicológicos y el abismo emocional de sus personajes. Pensemos en Mientras agonizo o Réquiem para una mujer.

 

Wallace Stevens fue abogado fue abogado en una compañía de seguros, incluso después de convertirse en uno de los grandes poetas de Estados Unidos. Ganador un Pulitzer, el padre de la corriente vanguardista, Stevens pasó por varias compañías de seguro representándolos legalmente y hasta llegó a ser vicepresidente de una. Tras el premio, Harvard le ofrece un puesto pero declina. Poeta tardío, diremos, comenzó a publicar a sus cincuenta años lo que sostiene toda una vida como hombre de ley.

 

De niño, Máximo Gorki (nacido Alekséi Maksímovich Peshkov y muy amigo de Tolstoi y Chejov de quienes escribió sus memorias) recogía huesos de buey de las calles para venderle a los “traperos”. Esos kópecs le serían para ayudar a su abuela bordadora y su abuelo tintorero que vivían en la miseria. Tan ruso que duele.

 

Richard Wright fue cartero. Nació en una plantación del Mississippi, hijo de una maestra rural y un padre analfabeto. De origen negro, dedicará sus letras (novelas, prosa, poesía y ensayo) a cuestiones raciales, muchas veces polémicas, lo cual ayudó a visibilizar las injusticias sociales. Los hijos del tío Tom es su obra más emblemática de ficción.

 

Jack London se dedicó a la caza furtiva de ostras y durante la fiebre del oro de 1897 vivió en una cabaña abandonada y transportaba maletas por la nieve cuesta arriba por unas pocas monedas. No hay dudas que su obra, Colmillo blanco y El llamado de lo salvaje, fue influida por estas circunstancias.

 

Langston Hughes fue camarero. De hecho, trabajando en el restaurante de un hotel, una noche sirvió la mesa del también poeta afroamericano Vachel Lindsay y le dejó unas poesías suyas al poeta. Así comenzó su carrera literaria.

 

Henry David Thoreau trabajó en la fábrica de lápices de su padre. Quizá haya sido eso el disparador de tantos pensamientos suyos tan alejados de la fabricación sistemática en una rueda casi capitalista y lo llevó a recluirse en la naturaleza. Trascendentalista, Thoreau fue el ideólogo de la desobediencia civil, una primera mirada cercana al anarquismo, sin dudas. Pero podemos imaginar a un joven Henry David, con esos expresivos ojos, frunciendo el ceño mientras fabricaba los lápices del padre.

Boris Vian

 

Boris Vian era ingeniero metalúrgico. Un joven y frágil Kafka trabajaba en seguros. Henry Miller fue jefe de personal en la Western Union Telegraph Company. Hemingway, Dashiell Hammett, E.E. Cummings, John Dos Passos, entre otros, fueron conductores de ambulancia durante la Segunda Guerra Mundial (como Walt Disney). Hammett, creador del noir, pretendió ser investigador privado. Kurt Vonnegut fue encargado de un concesionario de Saab y escribía comunicados de prensa para la General Electric. Charles Dickens fue obrero de una fábrica de betún (quizá la inspiración de sus personajes sucios, quizá, viscosos). Jack Kerouac fue empleado en la una estación de servicio, de ahí, a una trágica aventura En el camino.

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