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Cómo mantener limpia una biblioteca

Otra actividad para pasar tiempo en casa. En ESTACIÓN LIBRO nos ocupamos de libros. No solo de mostrarlos, exponerlos, recomendarlos y venderlos, sino que los cuidamos uno por uno. La biblioteca es un lugar muy preciado dentro de las librerías y por supuesto, en casa. Acá te dejamos una serie de tips a tener en cuenta para tener los libros en buen estado. Hay cosas que nunca te hubieras imaginado debías tener en cuenta.

 

 

POR ANTONIA LOUTA

 

Lo ideal es seguir el mantenimiento básico: buena conservación, buena localización y una limpieza constante. Tanto los libros como tu salud lo agradecerán, ya que evitarás la proliferación de ácaros y evitarás la llegada de insectos capaces de comerse poco a poco las páginas.
El polvo, el primer enemigo. Si tenemos una biblioteca con puertas de vidrio cerradas, pues nada que temer, salvo la ocasional plumereada. Pero la mayoría tenemos estanterías abiertas así que contemplemos lo siguiente: al menos una vez por semana quitar el polvo de las estanterías con un trapo seco. Si tenemos animales en casa, dos veces, mejor, por la acumulación de pelos. Si vemos que un libro ha acumulado demasiada suciedad, lo mejor es que le pases un paño húmedo, retirando con cuidado la capa de polvo. Prestar particular atención también a los huecos entre libros o detrás de ellos, que acumulan más polvo de lo que parece. Se deben limpiar con un plumero o con una aspiradora. Los libros también deben respirar, así que tenemos que ventilar el ambiente para renovar el aire. Cada tanto (¿cuánto es tanto? ¿Quizá un mes? ¿Dos?) limpiar los libros uno por pasando un paño seco o una brocha por sus tapas, cubiertas y cantos. Hay quien recomienda incluso hacer una hojeada rápida del libro para evitar el polvo depositado en los cantos.

 

 

Enemigo número dos, la humedad. La biblioteca se instala en el los lugares más secos de casa. No estamos hablando de que reciban luz directa del sol, que tampoco es bueno, pero piensa en los libros como plantas de interior: ambiente luminoso. Y lo mismo que para el polvo: puertas. Los libros deben estar en una habitación que cuente con un ambiente ameno con un equilibrio entre la humedad y la temperatura. Un exceso de humedad provocará que se ondulen las páginas y se deformen; mientras que por el contrario, la sequedad del ambiente provocará que se quiebre el papel. No expongas los libros a la luz directa del sol. También habría que tener en cuenta no tener plantas cerca de los libros. La humedad de las plantas, además del riesgo a la hora de regalar y salpicar sobre los libros, sumado a la atracción que ejercen sobre los insectos no son buenos compañeros para el cuidado de nuestros libros. Si hay muchos insectos alrededor de las plantas, se pueden ahuyentar poniendo hierbas aromáticas secas, nunca frescas, dentro de una bolsita de tela en los estantes; las hierbas pueden ser de eucalipto, albahaca, menta, laurel o lavanda. Nunca rociarlos con aerosoles.

 

 

A todos nos gusta el olor de los libros viejos, que no es otra cosa que la propia descomposición de los componentes químicos del papel y la tinta, pero lo cierto es que, en ocasiones, los libros de segunda mano vienen acompañados de otro tipo de olores más desagradables. Uno de ellos, de los más comunes, suele ser el del tabaco y no resulta fácil deshacerse de él. Un método efectivo es meter el libro en una bolsa de plástico con un poco de bicarbonato.

 

En el caso de que tengamos libros con páginas sucias, la cosa se complica. Podemos aplicar un algodón apenas humedecido con agua y frotar con cuidado, teniendo en cuenta el estado del papel. Si está quebradizo, es mejor no insistir. Si todavía está flexible, podemos apretar un poco más. Si ocurre ¡el espanto! de que el libro se haya mojado , hay que secar bien las páginas con un secador de mano o un ventilador. También se puede poner un papel secante entre páginas si es que están demasiado mojadas.
Por otro lado, los cambios constantes de temperatura también son perjudiciales para nuestra colección de libros por la dilatación y contracción de sus hojas. Evitar, entonces, que las estanterías con nuestros libros estén cerca de las ventanas ya que son los lugares de la casa con mayor contacto con el exterior. Tampoco exponerlos cerca de radiadores, estufas, chimeneas o aires acondicionados.
Los libros deben descansar lo más cómodamente según sus dimensiones. Lo más recomendable es colocar los libros de forma vertical y por el mismo tamaño. Esto ayudará que formen un conjunto y queden bien acomodados, favoreciendo así el buen alineamiento de las páginas y el mantenimiento del encolado en la encuadernación. Si los apilamos uno sobre otro, pueden quedar muy bien a la vista pero se arruinan los lomos por el peso.

 

 

No comas o bebas mientras estás leyendo un libro. Las manchas de grasa sobre las páginas del libro son difícilmente reparables. No guardes cosas dentro de los libros, como flores o recuerdos, ya que producen manchas.
Si alguno de tus libros tiene mal olor, hongos, humedad o insectos; lo primero que hay que hacer es aislarlo para que no infecte a los demás. Luego ponemos el libro dentro de una bolsa tipo ziploc, cerrarla, y poner el libro embolsado dentro del congelador (el congelador debe ser no frozt, de los que no hacen escarcha). Dejarlo la noche ahí; al otro día lo sacamos del congelador pero dentro de la bolsa todo el día; finalmente al siguiente día lo puedes sacar de la bolsa.

Estas son algunas ideas que tenemos sobre la conservación en buen estado de los libros en nuestras estanterías en casa. Son nuestros objetos favoritos.

 

 

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