Estación Libro
EXPLORAR LIBROS ->
TODOS LOS AUTORES ->
TODAS LAS EDITORIALES ->
EXPLORAR LIBROS ->

Estaciones

Unicenter Shopping

SHOPPING CENTER LAS PALMAS DE PILAR

NORDELTA CENTRO COMERCIAL

BOULEVARD SHOPPING

Martínez
Av. Paraná 3745
Local 3169

Dom. a Jue. 10 a 22 hs / Vie. 10 a 23 hs / Sab. 10 a 24 hs
Ver Mapa
Pilar
Las Magnolias 754
Local 1044

Lun. a Dom. 10 a 22 hs
Ver Mapa
Tigre
Av. de los Lagos 7010
Local 219

Dom. a Jue. 10 a 21 hs / Vie. y Sab. 10 a 22 hs
Ver Mapa
Adrogué
Av. Hipólito Yrigoyen 13298
Local 235

Lun. a Jue. 10:30 a 21 hs / Vie. a Dom. 10:30 a 22 hs
Ver Mapa

Ingresar

Inicia Sesión

Registrarse

Tus datos personales se utilizarán para procesar tu pedido, mejorar tu experiencia en esta web, gestionar el acceso a tu cuenta y otros propósitos descritos en nuestra política de privacidad.

¿No tenés cuenta?

Para buscar algo por favor ingrese el texto a buscar en la barra de búsqueda

Guía de terror argentino

 

Nuestro autor hace una selección caprichosa de cinco libros locales que abordan el género. Desde Abelardo Castillo hasta Mariana Enriquez, pasando por Charlie Feiling, Luciano Lamberti y el oscuro Juan-Jacobo Bajarlía, transitamos una cartografía donde se pisa con cuidado, sin hacer ruido, desconfiados: no sabemos quién está atrás de nosotros.

 

 

 

POR MARTÍN E. GRAZIANO

 

 

Abelardo Castillo en plena partida de ajedrez, circa 1986.

 

La casa de ceniza, Abelardo Castillo

¿Qué hace un escritor en la colimba? Pues bien: escribe una novela gótica. Mientras luchaba por adaptarse, Abelardo Castillo comenzó a sublimar las penurias de la vida castrense con sus lecturas de Edgar Allan Poe (o Edgar Poe, como prefería). Firmada en 1956 y piadosamente cajoneada durante una década, La casa de ceniza se publicó cuando ya era director de revistas culturales y un dramaturgo y cuentista más o menos célebre. «Jack London construyó en la realidad su Casa del Lobo, Neruda su monstruo en la Isla Negra, Alejandro Dumas, en la ficción, una Casa del Viento… –se justificó en el epílogo-. En un lugar parecido a Adrogué, Borges, la quinta simétrica donde Lönrot es muerto por Scharlach. Mujica Láinez, su vieja requetevieja casa que se viene al suelo. Carpentier, su casa que desde el suelo se rearma, aboliendo el tiempo… Con regazos de estos materiales yo edifiqué la mía, de ceniza». A la distancia, su reticencia es comprensible: la nouvelle es una reescritura de “La caída de la Casa Usher”. Sobre esas ruinas, sin embargo, el joven Castillo no puede evitar que se viertan sus obsesiones: la crueldad, los planos de una historia, la frontera entre el mero arte y la mera locura.

 

 

El endemoniado señor Rosetti, Juan-Jacobo Bajarlía

Aunque Mariana Enriquez y Cicco se han ocupado de iluminar su obra, Bajarlía sigue siendo un outkast. Sus libros solo circulan en el mercado de usados y, revisando los precios, nadie parece demasiado interesado. Aprovechen ahora, entonces, para comprar su ejemplar de El Endemoniado Señor Rosetti (1977): la historia de un séptimo hijo varón en un Pergamino que, por obra y gracia de la escritura, parece la periferia de la Londres victoriana. “Se retoma la variante argentina de esa leyenda universal -dice el prólogo del propio Bajarlía-, en la que identificamos (acaso por primera vez) al hombre-lobo con el lobisome o lobisón, que ataca en la medianoche, asesina a recién nacidos y se alimenta en los vaciaderos”. Firmada originalmente con el pseudónimo John J. Batharly, luego publicada por una editorial mexicana como Hombre Lobo (1980) y más tarde bajo el verdadero nombre del autor, El Endemoniado Señor Rosetti está jalonada por las reglas del policial. Hay crimen, enigma y detective. Pero Bajarlía, que es capaz de interpolar información dura con una alta tensión sexual y mística (“la noche inmortal recogía las estrellas y el misterio giraba en sus órbitas”), la hace derrapar hacia el puro terror argentino.

 

Feiling, archivo familiar.

 

El mal menor, C. E. Feiling

Como es fama, Charlie Feiling tenía un plan. Desde que abandonó una promisoria carrera académica, se propuso escribir una novela por cada uno de los géneros menores que lo desvelaban: policial, aventuras, fantasy, etc. Publicado en 1996 y abierto con un epígrafe de Stephen King (cuando el autor de Cementerio de animales todavía era anatema en el mundillo de la literatura y casi una injuria en los claustros universitarios), El mal menor fue su opus de terror. “La novela de Feiling se afirma en una descripción costumbrista de ciertas zonas (el barrio de San Telmo en este caso) donde suceden mínimos estallidos de violencia terrorífica –dice Piglia-. La acción sobrenatural se justifica a partir de un solo procedimiento fantástico (la existencia de El Cerco) presentado como si fuera un hecho común y corriente sin necesidad de justificaciones o pócimas mágicas. Frente a la lógica del género, Feiling toma una decisión muy sagaz: en su novela el terror es del orden de los personajes y no incumbe a los efectos de la narración. El mal menor no es un relato de terror sino un relato sobre el terror”. 

 

Mariana Enriquez

 

Los peligros de fumar en la cama, Mariana Enriquez

Frente a una nueva generación, los cuentos y novelas de Castillo, Bajarlía, Feiling (incluso algunos relatos de Lugones, Cortázar, Gandolfo o La Condesa Sangrienta de Pizarnik), suenan como disparos al aire. Una tradición dispersa que, a la luz negra de un puñado de escritores nacidos en los setenta, comienza a tomar una forma monstruosa. Uno de los primeros indicios fue, justamente, Los peligros de fumar en la cama (Anagrama, 2009). Después de la precoz Bajar es lo peor y Cómo desaparecer completamente, Enriquez publicó este primer volumen de cuentos y sentó las bases de su programática: una traducción para los paradigmas de un género eminentemente europeo y norteamericano hacia la Argentina devastada del 2001 y más allá la inundación. Así, por cada castillo gótico, una casa de chapa. Por cada leyenda milenaria, una superstición del conurbano. Por cada mall, un centro clandestino de detención. Para cada fantasma aristocrático, la distancia insalvable y glacial del orden social. 

 

Literatura Random House

 

La maestra rural, Luciano Lamberti

Si Freud cobrara derechos de autor por cada uno de sus conceptos, su cuenta generaría más dividendos que la de los Beatles. Enterrado en el alba del siglo XX como una mala semilla, el célebre unheimlich todavía da su fruta. Oh, sí: en el milenio nuevo, nuestro ‘siniestro cotidiano’ llegó desde Córdoba. Nacido en San Francisco y educado en La Docta, Luciano Lamberti irrumpió en el mapa de la literatura argentina desde tres afuera: el interior del país, una editorial independiente y los géneros menores. Precedido por El asesino de chanchos (Nudista, 2010) y El loro que podía adivinar el futuro (Nudista, 2012), su debut major también significó su salto hacia la novela. Un relato coral que, en la tradición de El Ciudadano Kane o -más aquí- el magistral “Poser” de Álvaro Bisama, reconstruye el perfil evanescente de una maestra rural llamada Angélica Gólik. El maelstrom, como corresponde, lleva su fuerza centrífuga hacia un final donde Lamberti se torea con un viejo dilema del terror: ¿escamoteamos al monstruo o lo exhibimos en toda su patética y cronengberiana naturaleza? Elija su propia aventura.

 

 

 

Posteos Relacionados