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César Aira, canonizado y libre

A propósito de la salida de Ideario Aira de Ariel Magnus (¿una guía? ¿un diccionario?) que se complementa con César Aira, un catálogo de Ricardo Strafacce, más dos textos inconseguibles: El juego de los mundos y Diez novelas de César Aira, Lezcano habló con las partes involucradas y la retórica de siempre recae en el imaginario popular: ¿dónde ubicamos a Borges?

 

 

POR WALTER LEZCANO

 

Cien libros después de haber comenzado una de las obras más extraordinarias, disruptivas y contraculturales de la lengua castellana (que incluye incursiones en la narrativa, el teatro, la traducción y el ensayo con igual dosis de, sí: hay que decirlo, genio), César Aira (Coronel Pringles, 1949) se ha vuelto el escritor argentino más importante de la actualidad tanto a nivel de prestigio académico como su filtración ineludible en la cultura de masas. ¿Por qué? En principio porque es el único escritor de esta parte del mundo nominado –seriamente- al Nobel. Para continuar: las dos editoriales más grandes del país (las multinacionales Planeta y Penguin Random House) tienen una biblioteca –evento canónico si los hay- que llevan su nombre.

Y para terminar: su producción sigue intacta en su nivel de potencia creativa, compleja y desprejuiciada respecto del lugar que ocupa en este territorio y, sí: esto también hay que decirlo, a nivel mundial. Es decir: César Aira, al igual que Bob Dylan y que Mohamed Alí por nombrar dos estrellas del firmamento cultural que le dan identidad a occidente, a lo largo de su vida como artista no se ha movido ni un milímetro de su propuesta estética. A saber: reivindicación de las vanguardias como procedimiento de trabajo; una relación sensual y gloriosa con la escritura cotidiana que le permite sacar dos, tres, cuatro libros por año; generosidad anticapitalista con su material ya que publica en grupos editoriales inmensos y también con editoriales de tiradas muy pequeñas de quienes no recibe regalías y tampoco las pide; y, last but not least, un desborde de imaginación narrativa y argumentativa que le permite fusionar materiales literarios diversos que pueden provenir de la historieta, la televisión, la pintura, la filosofía, la antropología, la música, la Historia y un largo etcétera. Y eso no es todo porque con Aira el campo de batalla se amplía constantemente. Acaban de publicarse dos libros de Aira que recuperan textos suyos prácticamente inconseguibles: El juego de los mundos (Emecé) y Diez novelas de César Aira (Penguin Random House). Y además salieron dos libros que intentan un imposible: abarcar, a su modo, la totalidad de la obra de Aira. El escritor Ricardo Strafacce produjo César Aira, un catálogo (Mansalva), y Ariel Magnus escribió Ideario Aira (Penguin Random House). Ya volveremos sobre esto. Ahora mismo conviene preguntarse: ¿El mundo se está volviendo Aira?  

 

Una biblioteca con tu nombre

Mercedes Güiraldes, escritora y editora histórica de Planeta, habla de la importancia de tener a alguien como César Aira en su catálogo: “Empezó a publicar en Emecé a mediados de los años 90 y desde entonces afortunadamente seguimos publicándolo siempre. Él nunca fue exclusivo de ninguna editorial, pero como su obra es tan prolífica da para muchas Bibliotecas Aira. Modestamente, creo que varios de los títulos que tenemos en Emecé están entre sus mejores (y no lo digo solamente yo). Por su obra originalísima y genial, por su proyección internacional (es nuestro único candidato al Nobel, su obra es cada vez más traducida y admirada), por la ausencia física de otros autores de peso como Piglia, Saer y Fogwill, actualmente Aira es el autor más importante que tenemos.”

Por su parte, Glenda Vieites, del equipo de trabajo de Penguin Random House, opina sobre Aira: “Claudio López Lamadrid era una apasionado de Aira. Y si bien Aira publicaba también cuando trabajaba Luis Chitarroni en la editorial, Claudio fue el impulsor de crear la Biblioteca Aira para publicar novedades y rescatar obra de unos de los autores más brillantes de habla hispana. La literatura de Aira, que se puede leer en diversos sellos, y eso es maravilloso, tiene una gran importancia que, quizás, adquiera mayor poder en el futuro, como suele pasar con los grandes autores. Siempre se habla de su potencial para recibir el Premio Nobel. A ese nivel llega la literatura de Aira.”

 

Comprendiendo al maestro

Más allá de que es una figura recurrente dentro del ámbito universitario, hay pocos libros que intenten comprender la vastedad –a todo nivel- de la obra literaria de Aira. En ese sentido, quizás el estudio que más se acerca a ese objetivo es Las vueltas de César Aira (Beatriz Viterbo) de Sandra Contreras. Pero es un texto que, por su impronta y phatos académico, su recorrido está signado a espacios reducidos donde transitan especialistas. En una dirección contraria, aparecieron en la mesa de novedades dos libros que se acercan a la obra de Aira desde otra perspectiva. El primero de ellos es César Aira, un catálogo (Mansalva) de Ricardo Strafacce, quien ya había hecho un trabajo notable con la biografía de Osvaldo Lamborghini. Un libro que bien puede ser un texto del mismo Aira pero también ya se volvió una referencia ineludible para estudiar su obra: registra las cien publicaciones de Aira, separadas por género y por fecha de publicación, y entrega una página como botón de muestra para que el lector pueda orientarse acerca de qué va cada uno de los libros que se cataloga. Ricardo Strafacce cuenta cómo surgió esta ingeniería tan especial: “El libro se me ocurrió cuando me di cuenta de que no tenía sentido escribir sobre Aira. Que el comentario, en el sentido que Foucault le da al término, nunca es de buena fe pero en el caso de Aira, además, resultaría un intento destinado al fracaso. El régimen de la crítica literaria es el del comentario (en el sentido de Foucault): un discurso sobre otro discurso que procura (en vano casi siempre, creo) establecer el sentido de aquel discurso primero. Evitar que el sentido prolifere por las suyas. Ahora bien: en el caso de Aira, ¿cómo evitar que el sentido prolifere si no hay sentido? O al revés: si están todos los sentidos juntos, enloquecidos, como la escena de la tejedora a la que se le enredó la madeja. La tarea del comentarista equivaldría a ordenar la lana. Para descubrir, después de ardua tarea, que la madeja era más bella cuando estaba enredada. Cuando sentí que ordenar la madeja, es decir, tratar, mediante un comentario, de hacer diferencia (un discurso sobre otro discurso) me decidí por la humilde, placentera y serena repetición. La lana sigue enredada y me gusta más así”.

Los intereses del escritor Ariel Magnus (que ganó un concurso de novela en 2007 con Un chino en bicicleta y en el que uno de los jurados era, sí, César Aira) son variados: el relato que hizo Víctor Hugo Morales sobre el histórico gol de Maradona a los ingleses, Los Redonditos de Ricota, Juan Filloy, las villas, entre otros. De cada uno de estos temas Magnus hizo un libro. Y otra de sus obsesiones es César Aira. Y de eso también hizo un texto. Se llama Ideario Aira (Penguin Random House) y es un diccionario de las ideas más extremas que Aira tiene en sus novelitas. Y cuenta que este libro nació “de la intuición de que todos los libros de Aira, no solo los que yo ya tenía leídos, debían estar llenos de ideas bastante geniales. Por suerte, la editorial y Aira mismo me dieron permiso para comprobarlo. Salvo dos o tres libros pequeños, todos están representados en el Ideario con una o más ideas. Creo que el Ideario se complementa bien con el de Strafacce. Son dos homenajes a un gran escritor, cada cual desde una perspectiva diferente sobre su obra, y a la vez parecida, en el sentido de que rescatan la individualidad en la cantidad. Aira publicó muchos libros, pero cada uno de ellos es valioso por sí mismo. No debemos dejar que ‘la obra’ oculte cada volumen que la compone”.    

 

Presente

En la mesa de novedades están El juego de los mundos (Emecé) y Diez novelas de César Aira (Penguin Random House), donde encontraremos joyas como: Diario de la hepatitis, El divorcio, La costurera y el viento, Cecil Taylor, La conversación, entre otros. Lo que nos da una idea de la presencia de Aira en las librerías. Por eso mismo tiene sentido preguntarse cuál es el lugar que ocupa en la actualidad de la literatura argentina. Strafacce es categórico: “Aira es tan grande que hasta Borges le queda chico. Todavía no ‘dejó’ un legado porque, para bien de todos, sigue escribiendo. Pero ya hay, ciertamente, un legado: la literatura es felicidad. Continuadores: toda la literatura argentina de verdad es una continuación de Aira por otros medios. El resto no tiene importancia”.

Magnus va en la misma dirección: “Aira es en este momento el escritor argentino más importante, hacia adentro y sobre todo hacia afuera, aun cuando él odie la idea de ser importante y se ocupe de boicotearla. Afuera ya ha llegado de Estados Unidos a China, y adentro ya es un clásico, como puede deducirse por ejemplo de que tiene detractores. Cuando tenés detractores es porque sos una gran influencia. Me parece que todo escritor de verdad crea a sus lectores, en el sentido de que trae a la literatura una nueva manera de leerla, aunque más no sea en detalles (revolucionarios totales naturalmente hay pocos). En el caso de Aira, el aporte principal es para mí precisamente la cantidad de ideas que contienen sus libros, desde las que funcionan de disparadores del relato o lo estructuran hasta las que se reducen a un párrafo casual entre dos escenas. Esto hace que incluso cuando la trama no te atrapa por alguna razón, la promesa de una idea genial en cualquier momento te den ganas de seguir leyendo”.

 

Epílogo

Hace un tiempo, en una de las tertulias que se organizan en la editorial Mansalva, el editor, músico y poeta Francisco Garamona decía respecto del aspecto negativo que se le da a lo prolífico de la maquinaria Aira: “Es como quejarse de la belleza de un árbol que no para de crecer y de darnos frutos. No se puede ir contra la naturaleza”. Creo que hay algo del orden de la verdad en esa interpretación de Garamona sobre Aira. Y me arriesgo a agregar que lo profuso e incontenible de Aira, en cuanto a la publicación y el amor que tiene y demuestra por la escritura y la literatura, es una enseñanza de cómo pararse frente a la vida cuando se tiene una vocación certera e ineludible. Hay algo, tal vez mucho, para aprender ahí.  

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