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Todo lo que necesitás saber sobre Leonardo da Vinci en el siglo XXI

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Aquí un fragmento del libro escrito por Mercedes Ezquiaga y Hector Pavón, Todo lo que necesitás saber sobre Leonardo da Vinci en el siglo XXI (Planeta, 2019). Luego de quinientos años, la figura de Leonardo da Vinci (1452-1519) conserva una influencia y trascendencia arrolladora. Si bien es reconocido de manera universal por La Gioconda o La última cena, su poder de observación y su ilimitada imaginación lo convirtieron en autor del prototipo de muchas de las máquinas modernas, como el auto, el helicóptero, el aeroplano, el tanque militar y el paracaídas. Para este pintor, escultor, arquitecto, inventor, músico, anatomista, ingeniero, geólogo y biólogo, comprender un fenómeno significaba ponerlo en conexión con otros mediante una semejanza de modelos. Por eso, no es posible entender su arte sin su ciencia, ni viceversa.

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01.

La obra más cara de la historia

La noche del 15 de noviembre de 2017 se batieron todos los récords del mundo del arte. Una pequeña pintura de sesenta centímetros de alto, Salvator mundi, que muestra a un Cristo bendiciendo, fue rematada en una prestigiosa casa de subastas de Nueva York en 450 millones de dólares, una cifra tan obscena como inconcebible. En 2005, esta misma pieza, aún sin atribuir al genio florentino, se había vendido en 10.000 dólares. Una estrategia de marketing sublime, pocas veces vista, con la que Leonardo hubiera disentido. Hombre pródigo con el dinero, tendiente a gastos inútiles, no era especulativo y condenaba la avaricia. Decía, con mucho tino: “Se recuerda el tesoro, pero no al atesorador”.

 

Diecinueve minutos. Tan solo diecinueve minutos de la noche del 15 de noviembre de 2017 bastaron para que la pintura Salvador del mundo, atribuida a Leonardo, se vendiera durante una subasta de Christie’s en 450 millones de dólares. Se convertía así en la obra de arte más cara que se haya vendido en un remate en la historia. Muy lejos, en el segundo lugar de ese selecto ranking, se ubica un Picasso con unos sobrios 160 millones de dólares. Fueron un puñado de minutos que estremecieron al mundillo entero del arte, a quienes lo presenciaron en vivo, en un atestado salón de ventas del Rockefeller Plaza, mientras exclamaban oh y ah ante cada paleta que se alzaba, y a cada uno de los miles de seguidores que en todo el globo se sumaron al streaming en vivo a través de las redes sociales. La puja había comenzado en 70 millones, muy lejos de la cifra final. Días antes, en la sede de la casa de subastas en Nueva York, la pintura se había exhibido en una teatral habitación de paredes negras y el público había realizado filas de hasta una hora para ingresar a apreciarla.

La pequeña pintura de quinientos años de antigüedad atribuida al genio florentino fue comprada, se supo un tiempo después, por el Departamento de Cultura y Turismo de Abu Dabi, por lo que se espera que la pieza se exhiba en las salas de la sede del Museo del Louvre que se erige en aquella ciudad emiratí. A fines de 2018, el museo árabe aún mantenía en secreto la fecha de exhibición, y a través de un artículo publicado en The Times, los especialistas consultados rogaban que finalmente presentaran la pieza al público. Además, se lamentaban por no saber con exactitud dónde estaba y cómo se la cuidaba, preocupados por su conservación.

Se trata de la única obra del artista italiano que aún seguía en manos privadas. Llegó a subasta por el azar desamoroso de un matrimonio millonario que decidió separarse, no en muy buenos términos, y vender los bienes comunes.

¿Imaginó Leonardo que una de sus pinturas terminaría, cinco siglos después, entronizada como la más costosa del mundo? Es probable que no, y aún más claro está que el tema de sus bienes no le quitaba el sueño. ¿Cuánto se preocupaba Da Vinci por el dinero? Tan solo para poder subsistir. Su gran objetivo era el descubrimiento, la búsqueda de la belleza y la verdad, el conocimiento y el aprendizaje.

Leonardo da Vinci estaba lejos de cualquier especulación financiera. Bolsas de valores, Lebacs, plazos fijos, tasas de interés, ahorro en dólares no existían en el Quattrocento italiano. Y no fue hasta el siglo xvii que se produjo la primera especulación financiera de la historia, con la crisis de los tulipanes, en los Países Bajos. Más lejos aún estaba el Renacimiento de pensar en términos de una moneda virtual, o criptomoneda, como numerosos especialistas de hoy en día prevén que usaremos. El dinero no era un tema de preocupación de Leonardo, no aparentaba ser codicioso ni avaro. De hecho, se le atribuyen a él varias frases vinculadas a condenar la codicia, como “¡oh, miseria humana, a cuántas cosas te sometes por el dinero!” o “el que pretende enriquecerse en un día se verá apremiado durante un año”. Más aún, condenaba el tema de las especulaciones con frases del estilo “el renombre del rico termina con su vida”.

“Sabemos de artistas que tenían ambición y que atesoraban. No es el caso de Leonardo. Él gastaba mucho de su peculio (su patrimonio) en espejos u otros elementos para armar sus máquinas, era él quien lo financiaba, y eso no era algo barato. Cuando experimentaba con materiales, él se los compraba”, cuenta José Emilio Burucúa, historiador de arte y ciencias, filósofo, experto en la obra de Leonardo da Vinci y uno de los pocos que realizó las traducciones de sus cuadernos al español.

¿Cómo era su relación con el dinero? “Era bastante pródigo”, responde Burucúa. Es decir, Leonardo desperdiciaba y consumía su hacienda en gastos inútiles y a veces sin medida ni razón.

“No era demasiado previsor con el dinero. Tenía una relación paterno-filial con todos sus ayudantes y se quejaba de eso. De que le pedían dinero y no podía negarse”, agrega el especialista. Y remarca que, de todos modos, Leonardo llevaba la contabilidad de sus gastos, fiel a su manía de anotarlo y dibujarlo todo. Esa característica, por ende, también incluía anotar sus gastos y sus ingresos económicos de manera prolija.

La pequeña pintura vendida en Christie’s estaba en manos del coleccionista ruso Dmitri Rybolóvlev. Su precio descomunal tuvo que ver no solo con el genio de su autor, sino también con que no existen en la actualidad más de veinte pinturas de Da Vinci en el mundo. Y esta de la subasta era la última que quedaba en manos privadas.

La obra muestra a un Jesucristo como salvador del mundo (Salvator mundi) y, como casi todo lo que se vincula a Leonardo, está acompañada de un derrotero extraordinario. Cuando apareció en el año 2011, fue catalogada como el mayor redescubrimiento artístico del En esta pintura, Leonardo presenta a Cristo tal como se lo caracteriza en el Evangelio de San Juan 4:14: “Y hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado a su Hijo como el Salvador del mundo”. ¿Pero por qué se dice que apareció? La pintura perteneció a la colección del rey Carlos I de Inglaterra (1600-1649). Estuvo desaparecida durante siglos hasta que en 1900 fue adquirida por sir Charles Robinson, quien pensó que se trataba de una obra de un discípulo de Leonardo, para la colección Cook formada por Francis Cook en Richmond, Inglaterra. Luego, aquella colección se dispersó y el óleo de Leonardo salió a subasta en Sotheby’s en 1958, por 45 libras. Volvió a desaparecer durante cincuenta años, hasta que nuevamente reapareció en 2005, cuando fue comprada en 10.000 dólares por el consorcio privado neoyorquino R. W. Chandler. Seis años después de una minuciosa investigación y búsqueda de documentación por parte de una docena de expertos y especialistas, se confirmó la autenticidad de la pintura, que mide tan solo sesenta centímetros. La casa de remates Christie’s catalogó la historia y todos sus ribetes como una de esas oportunidades que ocurren una vez en la vida, once in a lifetime.

El aspecto en el que los especialistas no lograron arribar a un consenso fue en la fecha de realización de la obra: para algunos, data de su período milanés, de fines de la década de 1490 y en contemporáneo a La última cena, mientras que otros creen que fue pintada más tarde en Florencia (adonde el artista se mudó en 1500), y en el mismo tiempo que se abocó a La Mona Lisa.

En Salvador del mundo, un Cristo ligeramente barbudo, de rizos castaños, mira fijamente al espectador, mientras sostiene una esfera de cristal en su mano izquierda y ofrece la bendición con su derecha. La inquietante mirada de Jesús es lo que hace pensar en lo más característico de Leonardo, un retrato que intenta transmitir no solo un aspecto físico, sino también las emociones del alma, el aspecto psicológico del retratado.

“La venta ha marcado un hito en términos de valor, pero aún más en términos de marketing, que ha resultado sublime”, dijo a la revista estadounidense Artsy el vicepresidente de estrategia de Athena Art Finance, Nigel Glenday, luego de la subasta.

Para Burucúa, el precio es un disparate absoluto que no tiene nada que ver con Leonardo ni con la pintura, un globo inflado por el capitalismo actual, una cosa completamente desmesurada. Pero el cuadro es extraordinario. En pocas palabras La pintura Salvator mundi batió todos los récords de la historia del arte y se subastó en 450 millones de dólares.

La técnica utilizada, según los expertos, es similar a la de La Mona Lisa y la de San Juan Bautista. En este caso, para realizar los ojos de Cristo, las pupilas y la transparencia del mundo que sostiene en su mano, para lograr ese brillo tan particular, Leonardo mezcló los colores con vidrio molido —solo posible de ver bajo el microscopio—, lo que crea la sensación de que hay una luz en esos ojos y en esa orbe. Es algo único y típico de la constante experimentación que hacía con los materiales.

¿Por qué se sucedieron tantas dudas alrededor de la autenticidad de la pintura? Existen por lo menos otras veinte versiones de Salvador del mundo, atribuidas a estudiantes, discípulos y seguidores de Leonardo. Cuando apareció, esta obra de arte estaba velada, muy sobrepintada o repintada (es decir, con retoques encima), por lo que se asemejaba a una copia. La primera experta que comenzó a quitar las capas de pintura dijo que, al darse cuenta de que era un Da Vinci, comenzaron a temblarle las manos. “Volví a casa pensando si estaba loca”, contó luego a la prensa. La obra muestra un rostro que emerge misteriosamente de las sombras y ojos penetrantes que buscan transmitir una abrumadora profundidad psicológica, emocional y espiritual.

 

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