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Sí, si es contigo, de Calle y Poché

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Calle & Poché es la dupla de youtubers con mayor crecimiento en redes sociales de Latinoamérica. Este es su primer libro y no se privan de decir nada. Es una novela epistolar que cuenta la historia de amor de, por supuesto, dos youtubers. Por medio de cartas, chats y entradas en su diario, las protagonistas narran detalles íntimos de su inesperada relación, de su pasado, sus miedos, sus pasiones y la emocionante aventura que las lleva a convertirse en celebridades de las redes sociales y alcanzar un éxito monumental.

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La vuelta al tiempo en un solo día

 

Si la escritura de mi ensayo no me hubiera dejado tan agotada, escribiría un cuento sobre mi día. El cuento tendría una estructura clásica: inicio, nudo y desenlace y sería una mezcla entre suspenso (por los momentos tensionantes que convierten el estómago y el alma en un nudo) y de ciencia ficción (porque la protagonista, yo, sería una viajera en el tiempo que primero va al pasado y después al futuro).

La historia iría más o menos así:

 

Inicio

 

Estoy en mi casa, sentada en el comedor con mi hermanita y mi papá. Es temprano, muy temprano, y desayunamos. Mientras le sirvo a Alana un plato de cereal y me hago un té inglés con leche y azúcar (como le gustaba a mamá), mi papá comienza a hablar sobre lo importantes que son la universidad, las buenas notas y las clases. En fin, sermonea sobre el futuro y cómo el estudio es la manera más probable de alcanzarlo. Parece que nos habla a las dos, pero sé que se dirige a mí: está preocupado por mi desempeño académico, y yo también debería estarlo.

 

Le cuento (por decirle cualquier cosa) que tengo que ver un clásico del cine para poder escribir mi último ensayo para la clase de Cine y Literatura. Parece que ha atrapado el anzuelo: deja el sermón, sonríe y me recomienda un teatro al que solía ir con mi mamá cuando eran novios. Asiento con la cabeza y le respondo frases genéricas: “Claro que sí, visitaré el cine”, “Lo prometo”.

Él parece feliz y puedo concentrarme en lo que realmente me importa: que Alana se coma hasta la última cucharada del desayuno.

 

Nudo

 

Cuarenta minutos más tarde, me bajo del taxi y llego al teatro del que me habló mi papá. Me doy cuenta de que viajé en el tiempo (aquí empieza la ciencia ficción). Parece que estoy en los años setenta: el edificio es inmenso y sus paredes grises, con

grafitis que parecen cicatrices viejas. Un letrero, grande y luminoso, con letras negras y brillantes dice Casablanca. Voy hasta la taquilla y solo hay otra persona esperando, una chica muy alta y bien vestida. El vendedor se demora un buen rato en atendernos y, cuando por fin nos da nuestros boletos, entramos a la sala. Los asientos de terciopelo rojo parecen manchas de sangre bajo la luz de la proyección (empieza el suspenso). Solo estamos ella y yo. El resto: una multitud de asientos vacíos en medio de la semioscuridad que muerde el espacio. Ella se sienta al fondo, yo un poco más adelante, casi en la mitad.

 

Justo antes de que empiece la película, después de los cortos, hay una falla eléctrica en el teatro y nos quedamos completamente a oscuras. Siento terror (por la repentina oscuridad total y por perderme la película que necesitaba para escribir mi último ensayo del semestre) hasta que empieza a brillar una luz. Era ella, seis filas atrás de la mía, alumbrando el espacio con la linterna del celular.

 

 

Desenlace

 

Entre risitas de complicidad, salimos del teatro, pero las sonrisas se me acaban cuando veo que no tengo cómo devolverme para mi casa. La chica se da cuenta y se ofrece a llevarme en su carro con chofer. Cuando nos recogen, le cuento que si no veo Casablanca ese mismo día perderé mi primer semestre de universidad. Ella me dice que, coincidencialmente, tiene el DVD de la película en su casa, que si quiero me lo puede prestar. Cambiamos de ruta.

 

Primera parada: su casa y entrega del DVD. Cuando llegamos a donde vive me doy cuenta de que viajé otra vez en el tiempo. Esta vez al futuro: su casa parece sacada de una revista de arquitectura de épocas más avanzadas. La chica se baja del carro, entra a su vivienda futurista, recoge el DVD, me lo entrega y nos despedimos.

 

Segunda parada: mi casa. El chofer me trae, veo la película con mi hermana, escribo mi ensayo en tiempo récord.

FIN.

 

 

Nota 1: El cuento real tendría muchos más detalles que este, que es solo un borrador.

 

Nota 2: La verdad no tengo ni idea de cómo se llama la chica que conocí hoy en el teatro, pero estoy casi segura de que su nombre empieza por “D” o al menos eso creo haber visto en los mensajes que le llegaban a su celular.

 

Nota 3: D (vamos a llamarla así) no soltó el celular ni un segundo y me recordó lo horrible y maleducado que es ese hábito. Es como si yo estuviera con un libro en la mano en todas partes y no fuera capaz de soltarlo y no dejara nunca de leer. ¿Qué tal

que yo leyera en la mesa, en el cine y en clase mientras habla el profesor? Eso no estaría bien visto por nadie (y no estaría bien visto por mi mamá, que siempre me regañaba por vivir leyendo en vez de “socializar”).

 

Nota 4: Aunque no me gustó que estuviera pegada siempre al celular, le agradezco que haya sido tan generosa. Poca gente es tan amable con alguien que acaba de conocer y gracias a ella pude cumplirle la promesa a mi papá. Le dije a D que cuando

quiera puede ir al café-librería en el que trabajo por un macchiato de cortesía.

 

Nota 5: Ahora que recuerdo, nunca le dije cómo se llama el café… Qué estupidez. Debí haberle dicho: “Te invito a un macchiato de cortesía en Mocca, el café-librería en donde trabajo y en donde, además, es posible tomar libros prestados como en las

bibliotecas públicas”.

Qué más da, me quedaré con el DVD…

 

Nota 6: Me gustó mucho Casablanca y a mi hermanita también. Creo que le sirvió para distraerse y se comió la mitad de las crispetas.

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