Estación Libro
EXPLORAR LIBROS ->
TODOS LOS AUTORES ->
TODAS LAS EDITORIALES ->
EXPLORAR LIBROS ->

Estaciones

Unicenter Shopping

SHOPPING CENTER LAS PALMAS DE PILAR

NORDELTA CENTRO COMERCIAL

BOULEVARD SHOPPING

Martínez
Av. Paraná 3745
Local 3169

Dom. a Jue. 10 a 22 hs / Vie. 10 a 23 hs / Sab. 10 a 24 hs
Ver Mapa
Pilar
Las Magnolias 754
Local 1044

Lun. a Dom. 10 a 22 hs
Ver Mapa
Tigre
Av. de los Lagos 7010
Local 219

Dom. a Jue. 10 a 21 hs / Vie. y Sab. 10 a 22 hs
Ver Mapa
Adrogué
Av. Hipólito Yrigoyen 13298
Local 235

Lun. a Jue. 10:30 a 21 hs / Vie. a Dom. 10:30 a 22 hs
Ver Mapa

Ingresar

Inicia Sesión

Registrarse

Tus datos personales se utilizarán para procesar tu pedido, mejorar tu experiencia en esta web, gestionar el acceso a tu cuenta y otros propósitos descritos en nuestra política de privacidad.

¿No tenés cuenta?

Para buscar algo por favor ingrese el texto a buscar en la barra de búsqueda

Arde la vida, de Magalí Tajes

[vc_row][vc_column][vc_column_text]

A cuatro años de su publicación, esta edición actualizada, con nuevos relatos e ilustraciones, te invita a explorar tus emociones más profundas, a perder el miedo, a detener el tiempo y jugar a ser otro, más libre, más suelto, más curioso, menos adulto. Arde la vida (Sudamericana) es una obra transformadora que conquistó el corazón de más de cien mil lectores alrededor del mundo y seguirá haciéndolo. ¿Te animás a ser parte de esta historia?

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row el_id=»padding-contenido» css=».vc_custom_1549998210668{padding-right: 40px !important;padding-left: 40px !important;}»][vc_column][vc_column_text el_class=»texto-contenido»]

 

Arde

Yo soy la novela. Yo soy mis historias.

Franz Kafka

Arde la vida. Como arde un incendio en la ciudad. Te acercás al fuego y te lastima los ojos. Te quema la piel. Te va consumiendo.

Arde la vida. Como arde una herida en la que se echa alcohol. Una herida que sangra y que cicatriza con el tiempo. Mientras se cura, duele. La ves curarse y deseas sacarle la cascarita. Y entonces vuelve a doler.

Arde la vida. Como fuegos artificiales arden en el cielo, llenándolo de colores, ruidos, y formas. Admiras ese instante de belleza y, por un segundo, sos feliz.

Arde la vida. Como arde una fogata rodeada de amigos, canciones y cerveza. Te reís fuerte, y hacés de esa noche un momento eternamente mágico.

Arde la vida en cada abandono, en cada amor, en cada tragedia, en cada milagro. Arde iluminando, arde dañando. Arde en esa llamada que no llega, y en esa sobreprotección que asfixia como el negro humo de una explosión. Arde en el adiós, y en ciertas miradas. Arde en tu patria, arde lejos de ella.

Arde, arde, arde la vida. Arde hasta el hartazgo. Arde más cuando no se puede sentir su ardor.

Arde en los no, arde en los sí. Arde en el odio, en la angustia, en la fe y en la desesperación.

Arde en las adicciones. Arde los lunes, y sobre todo los domingos.

Arde, arde, arde la vida. En el sexo. En los nacimientos. Incluso, en la muerte.

Arde la vida. Arde, mi vida.

 

 

¡Alto ahí!

Dejarse caer.

En los brazos de alguien, en la sorpresa, en lo desconocido.

Dejarse caer.

En lo nuevo, en lo de siempre, en una sonrisa.

Dejarse caer.

Dejarse.

Muchos problemas surgen de “No dejarse”.

No nos dejamos dudar, no nos dejamos llorar, no nos dejamos reír con ganas locas en la calle, no nos dejamos abrazar, no nos dejamos bailar en un colectivo, no nos dejamos pensar que todo no está ya pensado, que todavía no todo está perdido, que tal vez pocas cosas están perdidas, que perder no tiene por qué ser algo malo, que el concepto de “todo”, en realidad, no existe.

No nos dejamos ocupar por el sinsentido, por lo absurdo, por la alegría sin razón.

No nos dejamos mirarnos. Está el otro en frente y le sacamos una foto. Está el otro en frente y miramos un teléfono.

No nos dejamos escucharnos: nos pisamos con las palabras, las amontonamos, les permitimos pegar, o no decir nada: Nada bueno, nada lindo, nada gracioso, nada creativo, nada cierto. Nada. Y decir nada es decir, y muchas veces, es peor que decir algo.

No nos dejamos sufrir, no nos dejamos esperar, no nos dejamos sentir, no nos dejamos cambiar una y un millón de veces, no nos dejamos soltar, no nos dejamos soñar. Que la utopía sirve para caminar, dijo Galeano. Y para eso sirven también los sueños. Que no todos los sueños se van a cumplir, y qué importa. ¿Por qué no nos dejamos soñarlos igual?

Dejarse caer.

Caer al vacío, al abismo, a lo infinito.

Y en ese infinito devenir música. Devenir vibración. Devenir movimiento. Devenir aire. Devenir risa.

Caída libre. Caída rebelde. Caída efímera.

Caída de tu mundo y vuelta a empezar…

 

 

Pompeya

Y cada vez que partí llevé conmigo la imagen de mi barrio, que fui mostrando y dejando en las ciudades del mundo. Fui así como un viajero que viajaba con su barrio a cuestas. O como esos árboles trasplantados que solo dan fruto si llevan adheridas a sus raíces la tierra en que nacieron y crecieron.

Quinquela Martín

“Yo no me voy a arrepentir porque el barrio se lleva adentro”. Mi vieja perdía la cabeza mirando el tatuaje que se había hecho mi hermano, y Emmanuel, con 16 años, le respondía eso. Goyena, la esquina que los eligió a él y a sus amigos para las cervezas, las mujeres, el fútbol, los autos, la vida, marcada para siempre en su tobillo.

Yo no tenía una esquina. Las mujeres no solemos tener esquinas. Tampoco Caballito me parecía un barrio. Nos mudamos cuando yo tenía diecisiete. Hasta entonces viví en Pompeya. Las personas no suelen creerme. Me dicen: No parecés de Pompeya. Se asombran si les cuento que soy de Huracán. A mi vieja nunca le gustó Pompeya. Siempre decía que vivíamos en Parque Patricios. Y yo me reía. Es tan de Pompeya negar ser de Pompeya.

No es un barrio lindo, hay que ser honesta. Nunca volví después de las seis de la tarde a mi casa. Daba miedo caminar de noche. También daba miedo caminar de día. Se sintió el 2001 en Pompeya. Tal vez muchos ya se olvidaron, pero no era parte del paisaje ver gente durmiendo en la calle, ver nenes drogándose, ver gente juntando cartones. Un día eso cambió, y sí, se hizo paisaje. Vivía cerca de Perito Moreno. Una gran avenida… Dos años con el semáforo roto estuvo Perito Moreno. Ustedes sabrán entender, los accidentes en Pompeya no son cosa que importe mucho. Esperaba que pasen los camiones, y cruzaba. Siempre corriendo, siempre apurada. Nunca llegué temprano al colegio. La portera me esperaba para decirme…

 

 

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Posteos Relacionados