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#DestinoMujeres: Cinco fundamentales de hoy

Cuentos, novelas y ensayos. Todo por mujeres contemporáneas, algunas muy jóvenes, otras más adultas. Todas protagonistas y relatoras de un momento de la historia desde su propia pluma. en ESTACIÓN LIBRO hacemos honor a ellas, las leemos, las pensamos, las celebramos y les agradecemos que nos muestren el otro lado de la realidad, el de las entrañas. Disfrutamos tremendamente todos estos libros y queremos que les pase lo mismo. Vean.

 

 

 

Ciento cincuenta cuentos cortos, Lydia Davis (Almadía)

«No sabía si era él o el perro. No había sido ella. El perro descansaba en la alfombra de la sala entre ellos, ella estaba en el sofá y su visitante, más bien tenso, se hundía en el sillón bajo, y el olor, bastante suave, se esparcía por el aire», así comienza «La flatulencia». Lydia Davis es una de las escritoras norteamericanas más representativas de nuestros tiempos. Con una trayectoria en la que ha recibido los premios más prestigiosos de la actualidad, ha ligado su nombre de manera indisoluble al género del microrrelato o flash of fiction, y a una escritura en la que no hay lugar para el exceso, pero sí para una sucinta profundidad.
Esta antología, elaborada personalmente por la autora, da cuenta de esta compleja pero precisa y meticulosa obra que sigue sorprendiendo a más y más lectores.
Con un fuerte cariz introspectivo, y más preocupadas por la compleja relación entre la vida diaria y el lenguaje (¿cómo traducir en palabras la experiencia cotidiana?, ¿cómo es que los dispositivos de la gramática y la sintaxis afectan o transforman la realidad?), estas pequeñas piezas prosísticas prescinden las más de las veces del recurso de la trama para tomar la forma de sagaces meditaciones, minuciosas descripciones de la obsesión, inquietantes juegos lógicos y de las palabras que señalan posibilidades antes que determina verdades. Al mismo tiempo, esta colección es una notable reflexión sobre la escritura como hábito: 150 cuentos cortos guiados por una admirable inteligencia y un exquisito sentido del humor.

 

 

 

Era tan oscuro el monte, Natalia Rodríguez Simón (Mardulce)

«Ahora la da sombra, y es un alivio. El primer sol le lastimaba los ojos y no la dejaba ver las moscas, se le posaba en la vista y le hacía espejo. Piensa en pararse para espantarlas, que no quedan bien, molestan y tienen olor a mugre, y a la clientela no le gusta. Piensa en pararse pero no puede. Sí puede, no quiere. No quiere porque le duele. No tanto la boca rota, que ya dejó de sangrar, ni las costillas. ni el pómulo que se hizo monte en la cara.Le duele otra cosa, algo que no se toca y no sabe qué, pero no se toca». Así comienza la novela de Natalia Rodríguez Simón. La autora nació en Quilmes, Buenos Aires, en 1984, pero se crió en Wilde. Publicó la nouvelle La vi mutar y diversos relatos en revistas literarias y antologías. Era tan oscuro el monte es su primera novela publicada. Era tan oscuro el monte impresiona por su escritura: frases que van hilando la narración como puñales, pero a la vez como seda. Brutal y suave. No muchas veces se logra esa cima en una primera novela. Historia de una pareja de inmigrantes y de muchas preguntas: qué los llevó a irse de su país, por qué echaron raíces en este otro, qué encontraron cuando llegaron, qué los llevó a dar cada paso en el nuevo
destino, a tomar cada decisión o a lidiar con las que les fueron impuestas.
Historia también de malos entendidos, de palabras truncas, de silencios, de contradicciones. El clima es el de la antesala de un abismo ante el que la novela se detiene un paso antes, justo en el borde. Vemos la tragedia inminente, pero nunca caemos en ella.

 

 

 

Poco frecuente, Ana Montes (Concreto)

Ana Montes nació en Buenos Aires en 1992. Es licenciada en Comunicación por la Universidad de Buenos Aires. Se formó en pintura y escritura con Diana Aisenberg, Cynthia Edul y Romina Paula. Poco frecuente participó de la Bienal de Arte Joven 2019 y es su primera novela. «De chica no me gustaba llorar, era capaz de tragar cualquier angustia y de aguantar la peor ira con tal de no soltar una lágrima», comienza Montes. Este libro es un tratado sobre el dolor, el físico, el genéticamente adquirido, en donde la vulnerabilidad puede acomodarse a su antojo.
Dice Romina Paula: “Del uno al diez, ¿qué tan fuerte es el dolor?, le preguntan a la narradora. Y yo me pregunto si diez equivaldría a estar muerto. ¿Y el cero? ¿Estar vivo equivale a experimentar -siempre- algún tipo de dolor? El cuerpo que se manifiesta, ¿duele? ¿Cómo puede haber consenso al respecto? En su primera novela, Ana Montes hace el retrato de una niña, una adolescente obligada a vincularse con su cuerpo como si fuera de cristal, en un momento de la vida en el que la mayoría se siente o debería sentirse inmortal.
La autora titula su novela con un oxímoron, que es también el del relato: lo poco probable que es ser portador de ese gen, lo poco probable de ser elegida para emprender un tratamiento innovador y menos invasivo. Ana pone en palabras el desconcierto, cómo lo improbable se puede convertir en rutina, cómo lo terrible y lo mundano conviven a diario y cómo el azar, que lleva en su raíz la desgracia, a veces devuelve lo que quitó».

 

 

Taj Mahal, Deborah Eisenberg (Chai)

Con traducción del escritor Federico Falco, estos cuentos de la autora norteamericana nos acerca un poco más a su particular complejidad a la hora de cuestionar los límites propios del género narrativo. Terriblemente original, con una escrituta producto de una destilación minuciosa. «Tu pato es mi pato», «Taj Mahal», «Tachar y seguir», «Recalculando», «La capacidad de combinar» y «La tercera torre» son relatos encantadores, llenos de ironía, observaciones filosas y una lucidez como nos gusta: perturbadora. Relaciones familiares, amistades, amores, nos lleva de la mano a la intimidad de personajes que claro, reflejan nuestra propia existencia. Inteligente, bondadosa, prolija. Una narrativa esencial para estos tiempos.

«Una catarata truena hacia abajo desde la planicie, levanta nubes de polvo, crines, colas, relinchos que ondean como banderas, una especie sofisticada; en cautiverio, sí, pero no por completo sometida, ellos… Oh, no, de atrás de una roca aparece un tipo vestido con uno de esos ridículos modelitos y saca un… ¡Ay! Suficiente, hasta la vista, estúpido y viejo programa, hora de una taza de té».

 

 

 

 

 

El optimismo cruel, Lauren Berlant (Caja Negra)

Hacia fines de la década del noventa, y de manera en un principio silenciosa y casi marginal, la teoría cultural comenzó a verse atravesada por discusiones alrededor de la dimensión afectiva. Si bien la filosofía y las ciencias sociales ya se habían ocupado de la cuestión, en esos años y como una suerte de desprendimiento de debates que se produjeron en el marco de las teorías feministas y queer, el análisis cultural le puso una marca a un punto de vista propio: el giro afectivo. El propósito fundamental de esta trama conceptual y activista, que tiene a Sara Ahmed y Lauren Berlant entre sus principales exponentes, es dar cuenta tanto de la dimensión afectiva de la esfera pública, como de la dimensión política de la vida afectiva.

Este libro, publicado originalmente en 2011, sostiene que las fantasías de progreso constituyen un afecto particular: el optimismo cruel. Existe una relación de optimismo cruel cuando las aspiraciones a la buena vida son en realidad obstáculos para el desarrollo y el crecimiento. Berlant sostiene que el optimismo cruel ha sido el tono afectivo preponderante desde la década del ochenta, en paralelo a la consolidación del neoliberalismo y a la retracción de las promesas socialdemócratas de movilidad ascendente, seguridad laboral e igualdad social y política, a pesar de que el capitalismo tiene cada vez menos alternativas que ofrecer a los dramas de adaptación que surgen de la precariedad y la crisis. A través del análisis de un repertorio de dispositivos estéticos como novelas y películas, Berlant enfatiza los aspectos problemáticos de ciertos sentimientos habitualmente considerados optimistas o positivos, y de este modo impulsa una indagación crítica fundamental a la hora de pensar las emociones en la sociedad contemporánea.

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