Estación Libro
EXPLORAR LIBROS ->
TODOS LOS AUTORES ->
TODAS LAS EDITORIALES ->
EXPLORAR LIBROS ->

Estaciones

Unicenter Shopping

SHOPPING CENTER LAS PALMAS DE PILAR

NORDELTA CENTRO COMERCIAL

BOULEVARD SHOPPING

Martínez
Av. Paraná 3745
Local 3169

Dom. a Jue. 10 a 22 hs / Vie. 10 a 23 hs / Sab. 10 a 24 hs
Ver Mapa
Pilar
Las Magnolias 754
Local 1044

Lun. a Dom. 10 a 22 hs
Ver Mapa
Tigre
Av. de los Lagos 7010
Local 219

Dom. a Jue. 10 a 21 hs / Vie. y Sab. 10 a 22 hs
Ver Mapa
Adrogué
Av. Hipólito Yrigoyen 13298
Local 235

Lun. a Jue. 10:30 a 21 hs / Vie. a Dom. 10:30 a 22 hs
Ver Mapa

Ingresar

Inicia Sesión

Registrarse

Tus datos personales se utilizarán para procesar tu pedido, mejorar tu experiencia en esta web, gestionar el acceso a tu cuenta y otros propósitos descritos en nuestra política de privacidad.

¿No tenés cuenta?

Para buscar algo por favor ingrese el texto a buscar en la barra de búsqueda

Isol, una mirada llena de luz

 

Estación Libro se acercó a hablar con Isol, esta escritora, dibujante, música, diremos mejor, una incansable artista que hace todo por los niños. Nuestra autora dialogó con ella y logró una entrevista magnífica donde ambas se encuentran en la misma pasión: acercar la lectura a los más chiquitos. 

 

 

 

POR NATALIA BLANC

 

Un pequeño monstruo confundido. Una nena que una mañana descubre que su familia no es tan normal como creía. Otra nena que detesta los gritos de la madre y pide un deseo en secreto que se hace realidad. Una joven tan pero tan bella que los hombres pierden literalmente la cabeza por ella. Y más: una pareja primeriza tan confundida con la maternidad como el pequeño monstruo del inicio. Así son muchos de los personajes de los libros de Isol; joyas ilustradas dirigidas al público infantil pero que disfrutan también los adultos.

 

 

Por primera vez, la autora e ilustradora argentina, reconocida en 2013 con el prestigioso premio sueco Astrid Lindgren (el más importante para la literatura infantil, junto con el Hans Christian Andersen), exhibe en una muestra retrospectiva su obra gráfica y también varios trabajos inéditos. La muestra “Bestiario doméstico”, que continúa hasta el 2 de agosto en el Espacio Cultural de la Biblioteca del Congreso, es una excusa perfecta para recorrer los libros de Isol en una visita guiada por la artista.

 

–Desde Vida de perros, de 1997, y Cosas que pasan y Regalo Sorpresa, de 1998, a Imposible, de 2018, ¿cómo y en qué cambió tu trabajo creativo en cuanto a la técnica, el estilo, el proceso e incluso la mirada sobre los temas? 

 

–Para mí, es un poco difícil ordenar mi producción y analizarla. Creo que con el correr de los libros y las experiencias sensoriales propias voy teniendo más herramientas para elegir y responder a los desafíos gráficos y narrativos. Al principio puedo ver que mi línea y mi estilo tienen muchas ganas de dejar una huella a costa de manchones y líneas muy fuertes, también influenciada por mis admirados Alberto Breccia y los informalistas franceses y holandeses, y artistas gráficos como Ral Veroni o Hermenegildo Sábat. Los contrastes y los personajes son bastante extremos, algo que en su momento me trajo algunas discusiones con editores, por cierto tipo de exuberancia expresiva y manchitas que “ensuciaban” el dibujo. Era una manera de comunicar vitalidad gráfica en ese momento para mí, y de sentirme cerca de algo potente, rotundo. Luego encontré, al intentar relacionarme con otros textos, que podía usar una línea más delicada, usando los bloques de color de una manera más definida, ya no como remolinos de tonos sino planos, cercanos al grabado, separados de la línea. Cada vez que elijo una técnica, tiene que ver también con esa relación que quiero tener con el texto, el clima que pienso que se logra en ese diálogo entre texto e imagen. Empecé a usar collage fue al trabajar con los poemas de Jorge Luján (Mi cuerpo y yo y Ser y Parecer), porque de una manera también me daban herramientas poéticas para salir de lo meramente figurativo, algo que conviene al poema. Y así se van sumando capas. El resultado final a veces no cambia tanto, pero yo trato de encontrar elementos que me traigan algún aire nuevo para los proyectos, porque también me gusta sorprenderme. Y pienso que lo mismo le pasa al lector. Del primero al último dibujo, siento que tengo más capacidad de movimiento dentro de mi estética. Y me siento más a gusto con el collage y la línea de carbonilla, el pincel, en este último tiempo, que con esa técnica engorrosa parecida a la xilografía que usé en mis primeros libros. Creo que lo bueno es poder usar lo que te sirve y te entusiasma, no quedar preso de una técnica porque “funciona”.  Sobre los temas, hay algo del lugar de “hija”, o de reclamo, que tal vez ha cambiado. Se está disipando cierta necesidad de poner en cuestión la certeza de la mirada del otro, como que de pronto ya no es un tema tan importante. Y creo que está bien porque no me gusta estar presa de nada, aunque sea en reacción a algo que apresa, como los sistemas de pensamiento cerrados. Voy y vengo, puedo entender más lugares y posicionamientos; eso es bueno para las historias, las complejiza. Pero hay una línea que conecta todo y es esa extrañeza del mundo y de lo dado por sentado: es la mirada que busco para que aparezca en mis libros.

 

–Un ejemplo de un cambio es, para mí, Imposible, tu último libro, donde el foco ya no está puesto en lo que le pasa al chico, como en Petit, el monstruo, sino lo que hacen y piensan los padres. Supongo que tendrá que ver con etapas personales, que nos marcan a fuego, como la maternidad. ¿O es otra cosa?

 

–Sí, pasa que ya no soy la misma de Vida de Perros. La maternidad, las elecciones que voy haciendo, lo que voy aprendiendo, va modificando también mis observaciones y mis inventos. En Imposible, por ejemplo, puedo hablar de los deseos paternos porque los conozco, pero eso no me impide reírme de ellos, aunque los pueda entender. Nunca me gustó juzgar a mis personajes. En cada uno de ellos hay una parte de mi verdad también. Pero claro, hay también un posicionamiento personal, una opinión que aparece en la manera en que elijo contar esa historia. También en este caso hablo de lo que le pasa a un niño, pero no desde su visión. Esos padres “le pasan” a Toribio. Con ese libro, particularmente, hay que tener mucho humor para disfrutarlo, y un humor parecido al mío, en que lo patético puede ser también tierno y gracioso. No se puede tomar dramáticamente, en eso tiene algo parecido a El globo. Tiene que ver con cómo veo el mundo y con mis simpatías: un niño jamás me parecerá patético, un adulto sí. Patético en el sentido que da un poquito de vergüenza ajena (¡o propia!)

 

–En cuanto a los textos, ¿cómo se modificó con el tiempo el proceso de escritura y su vinculación con la imagen, que en tus libros no solo ilustra sino que también narra y completa el sentido? 

 

–En mis libros el texto es bastante expoliado, por mí misma. Le doy muchas vueltas, y las palabras son esas y no otras, especialmente cuando es una historia como La bella Griselda o Imposible. Porque me gusta un estilo coloquial pero a la vez preciso. A veces utilizo mucho esto de contraponer una imagen con un texto, como en Tener un patito es útil o Vida de Perros, y otras veces, el texto aporta un cierto “tono” para mirar esa imagen, como en Imposible. No es lo mismo que la historia la narre un observador externo que escuchar lo que dice el protagonista en primera persona. Cuando la nena de Secreto de familia nos cuenta su historia en primera persona, podemos sentir su enrosque mental, pero vemos que el caso no es tan grave como ella piensa. Si lo dijera un narrador externo, tendría que decir lo que pasa de otra forma. 

Me gusta usar el lenguaje en una versión simple, aunque no le huyo a una palabra compleja si hay que usarla porque queda perfecta. Para eso está algún mediador o el diccionario, para aprender palabras nuevas (como cuando usé la palabra “gárgola” en Tener un patito…, o la XX en referencia a los cromosomas en Abecedario a mano). Está también el tema de las traducciones, que trato de controlar todo lo posible, y para eso también tengo que interrogarme acerca de qué estoy perdiendo o ganando en esas reinterpretaciones. A veces tengo que explicar la gracia, y eso sí que me cuesta mucho. 

Otro tema es que al publicar casi siempre en una editorial mexicana (Fondo de Cultura Económica), utilizo un lenguaje neutro, que a mí me resulta natural en un libro por estar acostumbrada desde niña a los doblajes en la tele y libros (lo tolero mucho mejor que el castellano de España, por ejemplo). Esto lo hago porque me gusta que el libro viaje fácilmente por todos los países de habla hispana, y para eso tengo que hacer esta concesión (que realmente no me cuesta). Si se reimprimiera una versión para cada país sería muy caro. Trato de evitar de todas formas que se vea raro. Habría que lograr que eso no cerrara puertas a su distribución en otros países, que nos guste escuchar esas diferencias sin sentirnos ajenos.

 

–Por último, ¿por dónde crees que pasa el cambio en el recorrido por tu obra gráfica en un sentido de evolución? 

 

–Tal vez la síntesis es mayor cada vez, pero en un sentido de elecciones más claras (paleta, línea, texto), cierta limpieza de ideas que se traducen en las imágenes. ¡Estoy tratando de variar las caras para que no todos sean iguales a Petit! Y en Imposible tuve un desafío grande al hacer personajes adultos, me costó horrores. Acerca de lo narrativo, en mis primeros libros yo hacía una historia más lineal, pero en los libros con Jorge Luján que son poemas, o en Nocturno, El Menino, Abecedario, me abrí un poco de esa narrativa lineal, no son historias de un personaje en especial sino que hay un concepto diferente que junta todas esas imágenes y textos. Son diferentes estrategias para encontrar la forma de imaginar un libro. Cuando todavía no había hecho ninguno, también inventé cosas como una filatelia apócrifa, un cómic gigante para colgar; en fin, excusas para poder dibujar y contar cosas y que a alguien le llamara la atención, entrara en comunicación con lo que hago, como a mí me tocan las obras que me entusiasman. En eso no cambié mucho, es ese mismo deseo de encontrar una idea lo suficientemente fuerte como para que soporte todo el proceso de idas y vueltas que lleva llegar a un libro terminado. Soy consciente de que no hacen falta tantos elementos al final para llegar a eso, pero sí que hace falta estar abierta a que pase cualquier cosa en el proceso, incluyendo las equivocaciones y los descubrimientos. Cada vez más me gusta “equivocarme”, que salgan cosas que no espero, ¡pero mantener ese grado de juego a veces es muy difícil!

 

¡Y además canta!

La gran Isol (Buenos Aires, 1972) no es solo autora e ilustradora. También, compone canciones y canta. Tal vez algunos la recuerden como la vocalista de la banda pop Entre Ríos a fines de los noventa. Para quienes nunca la hayan escuchado, el sábado 20 a las 18, habrá una oportunidad perfecta: Isol cantará canciones del disco «Novela Gráfica», que grabó junto con la banda Sima, y otros temas junto a Nicolás Cecinini, Pol Neiman y Julián Horita. Como artista visual invitada estará Virginia Abrigo. Y parece que también se podrán escuchar algunas canciones basadas en poemas de García Lorca, que Isol ilustró recientemente para un libro que se distribuirá en las escuelas porteñas. La cita es en el Espacio Cultural de la Biblioteca del Congreso (Alsina 1835), donde se exhibe la muestra “Bestiario doméstico”, de lunes a viernes de 9 a 20.30. Y el miércoles 24, a las 18.30, en el auditorio del mismo espacio, Isol tendrá una charla abierta con el poeta argentino Jorge Luján.

 

 

Posteos Relacionados