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«Mi nombre es todo lo que tengo», Ezequiel Fernández Moores

 

Cuatro décadas de deporte local y mundial narrados y analizados por el prestigioso periodista. El nuevo libro del hombre de deportes más respetado de la escena, Juego, luego existo – Escribir el deporte (Sudamericana), resume sus columnas y momentos inolvidables de su carrera. Una extensa, rica, con un estilo conciso que logra desplegar una claridad admirable. La entrevista -la charla entre buenos colegas- a cargo del experto Juanky Jurado, resulta apasionante.

 

 

 

POR JUANKY JURADO

 

 

Ezequiel Fernández Moores presenta su nuevo libro de crónicas y columnas seleccionadas, Juego, luego existo – Escribir el deporte el 28 de marzo en el Auditorio de Tea y Deportea (Lavalle 2083). El autor de Díganme Ringo, la biografía de Oscar Natalio Bonavena, nos entrega un compilado de sus clásicas notas que evidencian una obra periodística magnífica y coherente.

Las columnas de Ezequiel Fernández Moores son un clásico del periodismo de las últimas décadas y lo ubican en un destacado lugar entre las mejores plumas de la actualidad. Sus crónicas clásicas o columnas de opinión están llenas de datos: datos históricos, datos políticos, datos geográficos, datos de investigación. Esa es la clase de periodismo al que él sigue reivindicando y que el lector sigue recibiendo con tanta alegría e interés. Leerlo semanalmente es un placer, ya sea desde el papel o desde alguna plataforma. Sus notas pueden tener como punto de partida una canción, un lugar, un acontecimiento histórico o un protagonista. Desde ese lugar de atención, te toma de las solapas para meterte de lleno en ese mundo, en la historia que él te quiere contar. Es imposible escaparse o aburrirse con semejantes relatos. El reconocido periodista deportivo español Santiago Segurola comentó: “Aquí, en Madrid, a diez mil kilómetros de distancia de Buenos Aires, cada columna de Fernández Moores me resulta tan próxima que parece escrita en la habitación de al lado”.

Camino a la librería Eterna Cadencia, el lugar de la entrevista, surge la primera consulta sobre su método de trabajo. Cómo arma esas notas con tantas referencias y conexiones, nos preguntamos. «Me nutro de diferentes maneras a la hora de escribir sobre un tema: primero visualizo sobre que quiero escribir y desde ahí me encargo de ver cómo desarrollarlo. Pero lo hago desde los mismos lugares de siempre: quizás los encuentro en un librería, en un archivo o en una biblioteca. Esos son los lugares donde los datos comienzan a aparecer. Los libros y viejos artículos son los que tienen esos información que yo uso».  Al llegar a la librería, intercambia saludos y reverencias. No hay casi librerías o archivos donde no conozcan a Ezequiel. Una vez allí, su método de trabajo se despliega, la librería se convierte en su terreno de juego. Los datos que va compilando a lo largo de sus días siempre son utilizados en una futura nota, crónica, o quizás terminen en un libro.

En este terreno comienza moviéndose por los laterales de la mesa principal, subiendo y bajando como un marcador de punta, ataca la mesa como un puntero izquierdo que quiere llegar al área, lo hace sin pausa mientras mira libros de política internacional, historia y geografía, esos que tienen los escenarios que ponen en contexto sus relatos.

Va hacia adelante con un pique corto tratando de recuperar algún autor o protagonista olvidado por la gente, esos que merecen volver a ser recordados, o necesitan alguna reivindicación.

Se lanza de lleno al fondo del local, el lugar donde a veces uno no quiere llegar, y lo hace con la actitud que tiene aquel que busca de recuperar un balón. Llega hasta el final de la librería y vuelve con cara de haber completado el desafío. Quizás allí encontró un poeta y éste sea el que lo acompañe alguna noche en busca de la inspiración para escribir. Después de eso se sienta a la mesa de la entrevista, con expresión de satisfecho.

 

¿Dónde te sentís más cómodo trabajando?

Yo vengo de la agencia de noticias que es un lugar muy anónimo y uno la tiene que remar el doble que en otros medios, pero es un lugar donde una buena nota puede dar la vuelta al mundo. Sea escrita por uno de la agencia o replicada desde ese lugar. La agencia además te enseña a ser austero con las palabras y eso es una gran herramienta para nosotros los periodistas.

 

Hablabas antes del método para escribir, ¿es una fórmula o hay varios caminos?

Si tengo que elegir un camino, elijo el de descubrir y pensar, es el que más me gusta. Una vez que aprendo sobre algo, me gusta compartirlo con el lector y que vivamos juntos esa aventura de conocimiento. Lo primero que hago cuando encaro una nota es enfocarme en el tema, a veces aparece el título primero, otras veces va cambiando el enfoque con el desarrollo de lo que uno escribe. Los datos aparecen siempre antes y se acomodan sobre el texto.

 

¿Cuánto tiempo tardás en escribir cada entrevista o columna?

Primero, como te dije, está el tema, que puede aparecer mirando una imagen, leyendo una frase, charlando con una persona que te dijo algo, y después aparece el título. Cuando tenés el título tenés la historia completa. Ahí está nuestro petróleo y debemos empezar a perforar. A veces no hay petróleo y debes abandonar. No hay nada peor que una nota forzada. Nunca me pongo plazos salvo para lo que tengo que entregar semanalmente.

 

En la dedicatoria del nuevo libro llama la atención el agradecimiento a ciertas personas: “Gracias a ellos entendí el por qué elegí ser periodista”.

Porque sentí un compromiso, una ética, no una ética como subirme a un escritorio y golpearme el pecho, sino una ética muy sencilla que es una actitud y una postura en la vida ante ciertas cosas. Ellos me ayudaron a descubrir que podía sentirlo escribiendo.

 

Santiago Segurola habla de lo completo de tus textos y la cercanía que producen tus contextos.

Siempre me preocupó el texto y el contexto. Siento que tengo en mis textos que contarles el bosque. Siento que estamos sobreinformados y a veces el por qué de las cosas no los tenemos tan claros, y yo no pretendo tener todo claro, pero sí intentar saber por qué.

 

¿Y esa sobreinformación te hizo estar alejado un tiempo de las tecnologías y por eso te tomaste un tiempo para usar el teléfono móvil o el WhatsApp?

Gracias por la generosidad de preguntarlo así. Me tomé un tiempo largo. Yo lo veía con algunos amigos. Ese enchufe con lo inmediato me hizo tomar una distancia importante y no me gustaba. Tengo mis tiempos y necesito pensarlo. Tengo que jugar a mi propio tiempo. En mi trabajo cotidiano no me puedo dormir y ya tengo el ejercicio para dar la información rápidamente. Cuando escribo las columnas que hago desde hace casi cuatro décadas, no puedo confundir lo importante por la velocidad o la ansiedad. Eso me ayuda a pensar mejor.

 

¿Cuál es la belleza del proceso de escribir o desarrollar una nota?

Hay que darle tiempo a eso. Por ejemplo disfruto mucho elaborar las notas. Mis columnas las escribo el lunes por la noche a la madrugada del martes. El lunes tiene un “sonido del silencio” como ninguna otra noche de la semana. Y a veces me pierdo en recorridos que sé que no me van a servir en la búsqueda. Cuando tengo que escribir sobre un sociedad que no conozco, recurro a sus poetas, cuando siento que me falta la palabra para describir algo ellos son los que me dan esa palabra para contarlo. Quizá no usé nada de ese poeta, pero encontré un poeta y hasta me conmuevo y puedo llorar solo. Es el camino más largo el que se disfruta.

 

Hacés hincapié en la relación entre política, grupos de prensa y deporte. ¿Se puede tener autonomía e independencia en este panorama?

Encontré en Dante Panzeri una inspiración en eso: tener claro que no somos dueños del medio donde trabajamos pero podemos ser dueños de nuestras palabras. “Nosotros somos choferes pero el auto no es nuestro”, escuché decir a un colega francés. Esa frase es muy buena.

 

¿Te gustaría volver a trabajar en televisión?

Nunca cierro ninguna puerta. Yo comencé en TV en un programa que era muy malo. Se llamaba Deporte con todo, con Diego Bonadeo, el Negro Juvenal, Julio Ricardo y Enrique Moltoni. El programa simulaba un redacción y cada uno de nosotros estaba sentado detrás de un escritorio, a mí me tocó el escritorio del fondo. Además de tímido, era mudo. Cuando lo vi al aire les dije: “Yo no vuelvo, muchachos”. En la TV no me sentía muy cómodo. A veces me siguen invitando a muchos programas, y la paso muy bien, pero me siento mucho más cómodo con la radio o sobre el teclado.

 

Pero en televisión te diste algunos gustos periodísticos.

Sí. Uno hermoso, hice Fútbol Pasión, serie documental con mi amigo Eduardo Galeano. Mi función fue de guionista/entrevistador que me permitió entrevistar a Carlos Alberto, a Johan Cruyff, y a otros ídolos de la historia del fútbol.

 

Alejandro Wall, que fue el compilador de este libro, habla en su prólogo sobre una anécdota tuya donde usaste el título de la película ¨Mi nombre es todo lo que tengo¨, del cineasta Ken Loach. ¿Sentís eso?

Una vez en un congreso de periodismo sentí que varios colegas que hicieron grandes investigaciones se golpeaban el pecho y me pareció muy ostentoso eso. Y a mí simplemente me parecía que los diarios en los que trabajábamos, como no les gustaban los gobiernos que habían, nos habían abierto la puerta para trabajar y publicar. Que si no hubiera sido así no podíamos investigar o tener los recursos para hacerlo. Cuando los medios están alineados con los gobiernos no permiten eso. Entonces dije que muy bien todo eso de los medios pero mi nombre es todo lo que tengo. Inevitablemente, para el periodista su capital es la credibilidad y si nuestra credibilidad tambalea estamos en problemas.

 

¿Qué le decís a aquél que dice que el deporte no tiene que nada ver con la política?

En general es una vieja farsa eso de que van por caminos separados. Creo que no sabés de deportes, o no sabés de política, o te hacés el distraído.

 

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