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“Jamás imaginé que podía ganar plata con esto“

Sabor – El Gordo Cocina (Planeta), de Víctor Manuel García propone estrategias deliciosas para que cada comida sea una explosión de placer. Le pedimos que se acerque a hablar con ESTACIÓN LIBRO y nos contó estas intimidades. Sí, también nos tiró mil y un tip de cocina, claro. Con casi cien recetas en este libro, El Gordo Cocina prepara desayunos, sándwiches, picadas y platos para comer rico con lo que tenemos en la heladera. De verdad.

 

 

POR LALA TOUTONIAN

 

Víctor García no tiene acento, es un porteño más: “Hace casi diez años que vivo acá. No perdí el acento aunque adopté muchas palabras. Tengo muchos amigos argentinos y usualmente en las oficinas en las que trabajé era el único extranjero entonces me tuve que hacer entender. Y adopté palabras y fui adaptando nuevas”. Podríamos presentarlo como “el cocinero” y hasta “el instagrammer”, pero no, Víctor es periodista y capo de marketing. ¿A que no sorprende?

 

—Contanos tu formación.
—Había venido a estudiar en la Universidad de Palermo. Estudié producción de contenido digital, soy periodista y trabajé mucho tiempo en producción de radio, en revistas, en diario papel, hace veinte años. Y en algún momento empecé a trabajar con páginas web y blogs, empecé a crear contenido. Todavía no existían las redes sociales y en un momento sentí que necesitaba una instrucción un poco más formal. Había estudiado Comunicación pero la manera de comunicar en digital es muy distinta. Muy intuitivo fue todo: hacerlo, probar; hacerlo, probar; hacerlo, probar. Hasta que sentí esa necesidad y la única universidad que me quedaba prácticamente cerca, a un buen precio, cómodo, etcétera, era la Universidad de Palermo que en ese momento tenía ese curso, era como un mastering intensivo de un año. Estudio, termino, me vuelvo a Caracas, estuve un año allá trabajando y volví. Y desde ese momento empecé a trabajar en marketing en nada que ver con la cocina, era muy chico. Nunca para mí, en mi casa menos, no existía. Cocinaba pero la cocina forma parte de mí desde muy chico, en un momento quise estudiar cocina y se rieron. Estoy hablando del 96, y en Venezuela, en esa época, no existía estudiar cocina.

 

—¿Empezaste acá, entonces?
—Sí, empecé en 2015, decidido cortar la relación de dependencia con un laburo y empecé a trabajar freelancer de marketing. En ese camino empecé a ver que tenía tiempo libre y como que retomé ese amor por la cocina. ¿Viste cuando estás en ese momento de quiebre que necesitás hacer algo que realmente te guste? No es un tema de plata, es un tema de hacer lo que yo quiero y me tomé la cocina como eso. La cocina fue como una salvación.

 

—¿Y cómo fue el primer paso para hacerte profesional en la cocina?
—Abrí la cuenta de Instagram en junio de 2015 y empecé a subir recetas de lo que yo hacía en mi casa, fotos sacadas con el celular, cocinando en casa, lo mejor que podía con lo que tenía, y la cuenta fue creciendo de a poco. Nosotros fuimos (N: de la R: Víctor y Álex, su pareja) de los primeros que pusimos la receta en las fotos, estaba muy activo y eso generó una gran comunidad. En febrero de 2016, seis meses después, Alex renuncia a su laburo, se integra conmigo y a partir de ahí, que ya estábamos en 50 mil seguidores, las marcas nos empezaron a llamar. Dijimos: “Podemos vivir de esto”, los dos venimos de marketing y entendíamos qué podíamos hacer y qué no. No estaba dispuesto a usar productos que no queríamos y no, no estamos dispuestos porque nuestra cuenta es nuestro hijo.

 

—¿Y esto se profesionaliza a partir de haber llegado a este tope, al primer tope, y cuando empiezan a entrar las ofertas?
—Claro, ahí nos empiezan a llamar marcas, cada vez más grandes. Sobre todo porque nuestra comunicación era bastante más clara y más asertiva. Jamás imaginé que podía ganar plata con esto. Jamás.Todo lo que subimos, la gente lo toma como que es realmente. Más allá de que haya alguna marca que nos banque, lo recomendamos porque lo uso. Si no lo uso o no me gusta, no. Y decimos bastante más “no” que “sí”.

 

—¿Y cuándo pasás al video?
—Siempre hicimos fotos con el celular. Entonces, la producción de contenidos para nosotros siempre fue muy instantánea: saco las fotos lo mejor que puedo, lindas, bien y empezamos a compartir un montón de contenido que, en algún momento, nos llevaba a crecer de mil, mil quinientos, followers por día. Los videos los hicimos porque nos fuimos dando cuenta que en el camino, si bien Instagram no es una plataforma de videos, la gente nos quería ver. Empezamos a mostrar comida y en un momento hicimos un comercial con Chevrolet: nos convocan porque buscaban gente que inspirara con la pasión y nos ponían como a un amateur y un maestro, para lo cual mí me tocó cocinar un fin de semana entero. En ese momento estábamos a punto de llegar a los cien mil seguidores, habrá sido abril de 2016, y dijimos: “Es el momento perfecto de mostrarme yo antes de que lo haga Chevrolet”. A partir de ahí empezamos a hacer videos. La gente quiere ver, más que se muestre el personaje, que esté la persona detrás de eso. Estamos grabando un montón de videos para Cocineros Argentinos, por ejemplo, y para nuestro canal de YouTube, que lo abrimos hace poco.

 

—Y de ahí, me imagino, el camino para llegar a este libro, justamente.
—Sí. Tuvimos la suerte que nos llamaran muchas editoriales. Eso fue en 2017, y no sé por qué todas las editoriales nos tocaron la puerta en el mismo momento. En la conversación con Planeta fue la más honesta: “Queremos hacer tu libro con lo que quieras mostrar, no queremos adornarlo ni hacer fotos distintas, ni caretear nada, queremos un libro de eso mismo”. Me encantó y por eso arrancamos a trabajar.

 

—Es una edición hermosa.
—Sí, llevó mucho trabajo. Nosotros no tenemos idea de lo que era hacerlo y esto no es narrativa, de hecho es todo lo contrario. No tiene escritura. Hay recetas que sí tienen texto, cuentan una historia de dónde me inspiré, qué hice, pero son bien puntuales, específicas y son las que realmente vale la pena contar algo divertido. Después, es un recetario básico. La idea del libro era trasladar lo que pasa en Instagram a algo físico que la gente pudiera consultar y que fuera fácil, que las recetas te salieran y que las pudiera hacer absolutamente cualquiera. Esa fue nuestra intención. Tardamos casi dos años en hacer el libro. Fue un proceso largo de entender qué queríamos mostrar, cómo, qué formato iba a hacer y arrancamos con qué recetas queríamos mostrar. Hay miles, entonces, decíamos: “¿Mostramos las recetas que mejor funcionan en Instagram? ¿Mostramos las recetas que nosotros queremos mostrar? ¿Hacemos un mix?”. En la plataforma tenemos poesteos que fueron vistos por más de medio millón de personas, entonces es una receta, un producto, que es interesante. Al final hicimos un mix de entender por qué funcionan, que tiene que ver con lo que busca la gente: el chipá, el arroz. Son todas cosas que haríamos en casa para comer nosotros, absolutamente. Me gusta mucho la comida asiática, me gusta mucho la comida de Medio Oriente y por suerte he podido viajar, probar, he podido traerme esas cosas. Entonces, trato de adaptar cocciones, algún sabor, se lo sumo, y eso lo cambia un montón. Hay sopas tailandesas que se hacen a base de canela, anís estrellado y pollo. Yo jamás le hubiese puesto anís estrellado al pollo, jamás. Es para hacer un té, una torta, algo así. Pero cuando mezclás el anís estrellado con la canela, con cebolla, con el pollo y lo dejás cocinar dos horas… es increíble. Bajamos esas recetas y con la editorial decidimos que fueran esas. Ahí salimos a buscar fotógrafos, diseño, y una vez que armamos el grupo empezamos a trabajar. Era pleno verano, cincuenta grados de calor y con todas las hornallas prendidas, el horno, las luces. Un infierno: hacíamos una foto y nos poníamos todos abajo del aire.

 

—Otra cosa que llama la atención es que está escrito en “porteño”: conseguí, hacé…
—Sí, pasa que hoy el libro no está llegando a Venezuela, sino países limítrofes: Uruguay, Chile. Y la verdad es que lo escribimos así porque yo escribo así en las redes.

 

—¿Esto es el puntapié para que vos proyectes algo a nivel narrativo? Vos tenés tus propias recetas, claramente. Empezás diciendo qué te gusta comer, primero.
—Yo aprendí a cocinar porque me gusta comer, básicamente eso. Aprendí a cocinar para comer yo lo que quisiera, cuando quisiera. En mi casa cocinaban mi mamá y mi abuela. Mi abuela era ama de casa y cocinaba todo el día, era española y hacía sopa, primer plato, todos los días cocinaban así. Y yo siempre estaba en la cocina comiendo y probando. Y de ahí empecé a entender, a probar, de mirar todos los días, aprendí. Y me dejaban cocinar porque soy el primer nieto y el único varón… yo hacía lo que quería, básicamente, y comía todo lo que quería.

 

—¿Qué es lo que más te gusta?
—Me encanta comer pastas o un buen sándwich. Confort food.

 

—De la fusión del marketing con una pasión como puede ser la cocina, resulta este producto. Y se ha creado algo tan grande en las redes… ¿probás otras comidas?
—La verdad que no. Hemos tenido esta conversación y hemos transitado ese camino pero entendimos que lo que le gustó a la gente desde un principio y lo que a nosotros nos gusta es lo que hacemos, es lo que ves hoy. Entonces no sentimos que tengamos que cambiar algo, que tengamos que mostrar otra cosa en otros canales. Lo que tenemos que hacer, más bien, es volver a esas bases y es lo que estamos haciendo en el canal de YouTube. Fui uno de los primeros que arrancó con la plataforma y se premia la instantaneidad. Entonces, en YouTube podemos hablar y está todo en cinco minutos. Armo todo en base a eso y eso mismo lo trasladado al libro. El que está detrás de la computadora, ¿qué viene a buscar? ¿Mis recetas? ¿O que yo hable tonterías? Puede haber un mix. A todos nos gusta comer rico, entonces, en tanto y en cuanto mostremos cómo comer diariamente cosas que estén realmente buenas pero que sean con pocos ingredientes, accesibles, ese contenido va a ser mucho más valorado que ponernos a hacer recetas más latinas o más argentinas. Porque yo te puedo enseñar a hacer una milanesa pero qué tiene de distinta mi receta de las diez millones de recetas que hay en YouTube de cómo hacer una milanesa. Si ves en Google “las recetas más googleadas”, son el flan, el chipá, el arroz con pollo. Las más básicas: el bizcochuelo, alfajorcitos, las cosas más básicas, esas son las más buscadas.

 

—¿Dulces?
—Yo soy bien dulcero, me gusta comer dulces pero la verdad es que no me gusta tanto cocinarlos. El cocinar un postre, cocinar dulces, lleva a calcular todo y yo no soy tanto de calcular… te puedo seguir un paso a paso pero soy más de meterle, de mezclar y probar.

 

—¿Y no tenés miedo de quedarte sin ideas?
—Creo que eso es algo que nos pasa a todos los que creamos contenidos: siempre nos da miedo. Es una presión. Ya hoy en día no es que no la siento, creo que nunca la voy a dejar de sentir, pero la encaré entendiendo que el proyecto, con casi cinco años y sigue vivo, ha crecido y aprendí a buscar momentos de inspiración. Si hacés siempre lo mismo estás amarrándote a ciertas cosas. Tengo una biblioteca en la cocina, además, solo para libros de cocina que no los he usado todos. Los tengo apilados. La cocina es grande. Tiene un espacio para la despensa pero lo hicimos un espacio abierto y ahí armamos una biblioteca, pusimos un espejo, que se viera lindo y nos sirviera: si yo estoy cocinando y tenemos que hacer unas fotos, video, algo… el espacio está bueno y se ve lindo. Entonces armamos una biblioteca con repisas de madera y tengo todos los libros ahí.

 

—Alguna vez te dio vergüenza algo que te saliera mal…
—Hace mucho tiempo, uno de los primeros vivos que hice -todavía no entendíamos nada, nadie sabía nada- y se me quemó una panqueca. Quedó negro, incareteable. Pensé que no me llamarían nunca más. Pero no.

 

—No sos gordo, ¿por qué esto del “gordo cocina”?
—Porque me gusta comer, siempre me gustó. No tengo fondo.

 

—Qué le dirías a la gente habiendo un mercado grande en libros de cocina por qué deberían comprar éste.
—Todas las recetas realmente funcionan, todas las recetas realmente salen, tienen pocos ingredientes y casi todo, seguro, lo vas a tener en tu casa. Es un recetario que te va a resultar fácil, cómodo y realmente útil. Son cosas que llegaste del trabajo, agarraste el libro y en quince minutos estás comiendo, y estás comiendo bien. Posta quince minutos.

 

 

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