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Gonzalo Heredia y Cuqui

 

Nuestro columnista Gonzalo Heredia queda atrapado entre libros y para liberarse, se sienta a escribir. Kiki 2 (Nudista) lo dejó sin aliento, descubrir a su autora no lo despojó de fantasmas, lo llevó a querer saber más. Esto se dijeron.

 

 

POR GONZALO HEREDIA

 

Cuando visité la Feria de Editores el año pasado, Martín Maigua de la editorial Nudista me habló sobre un libro. En la tapa se leía kiki 2 y la firma era de una tal Cuqui. Me llamó la atención la foto: la cara trigueña de una chica con labios pintados de negro, ojos delineados y la vista clavada hacia el frente, fija en algo que no podíamos ver. Mordía un ramo de flores por los tallos. Detrás de ella (la chica parecía estar en cuatro patas), el torso desnudo de un hombre.

¿No la conocés a Cuqui?

No.

Es una artista cordobesa, escritora y performer, también es tarotista. Este libro es el diario de una chica que ejerció prostitución durante un año y escribió todos sus encuentros en detalle.

Me gustan los diarios. Me gusta espiar la cocina de las ficciones. Me da morbo.

Me lo llevé.

Cada uno de los que me cruzaba en la feria me decía algo sobre el libro: es muy fuerte, no lo pude terminar, el arranque es impactante.

En el auto lo hojeé.

En la primera página, la narradora va al baño, empieza empezado, entendemos que terminó de coger con alguien, se limpia y se fija en el color del fluido que le quedó en la bombacha.

Leí el libro en dos días.

Busqué su nombre en internet.

Confirmé que era escritora, artista visual y que había escrito más libros con otros seudónimos.

Le escribí a Martín para contactarla. Me intrigaba hablar sobre la construcción de ese personaje. ¿Habrá sido un personaje? ¿Cómo era eso de prestarle el cuerpo a un personaje para escribir un libro? ¿Era una especie de experimento? ¿Cuál es el límite?

Martín me pasó su contacto y un par de días después le hice algunas preguntas para saber un poco más sobre sus múltiples yoescómo se le ocurrió la idea de kiki 2, cuánto tiempo le tomó este proyecto y qué es lo que buscaba…

 

En realidad, no escribo con seudónimos sino con heterónimos. Un heterónimo es cuando uno crea un personaje y el personaje escribe el libro. Es una confusión habitual que kiki sea confundida con un heterónimo, pero no, porque la que firma el libro es Cuqui. Y kiki tampoco es un personaje. Sería así: el libro kiki 1 y kiki 2, podrían ser novela de no ficción o diarios íntimos ya que están extraídos de mis diarios íntimos. Hubo algunas correcciones gramaticales pero están copiados tal cual. A los chicos que nombro ahí, para protegerlos, les cambié el nombre a todos. Entonces pensé que si se los cambiaba a ellos, también me lo cambiaría yo. Leí kiki en un paredón, me pareció gracioso y muy parecido a Cuqui, entonces me puse a mí misma kiki. Y la idea de escribir el libro, tanto el uno como el dos, pero sobre todo el primero -del que se editaron cuarenta ejemplares-, lo escribí en el 2007 y edité en el 2008 en mi editorial Huácala Capirote. Era para un acto de psicomagia que me auto-receté para sanar algo mío sexual que prefiero no decir. Con el kiki 2, el proceso de escritura fue más largo. Lo que está editado es apenas un cuarto del original porque me parecía se tornaba reiterativo por momentos. Así que seleccioné una parte. Y empieza empezado porque la vida es un poco así.  

 

¿Todos tus heterónimos los construís para determinadas cosas? ¿Hay alguno que no haya escrito un libro?

Cada heterónimo ha surgido por distintos motivos. El primero, Natsuki Miyoshi, es una poeta japonesa que escribió cinco poemarios en un año. También está la poesía completa de ella porque está muerta. Eso me interesa de los heterónimos: la obra completa del artista. Para eso tenes que estar muerto. Después está Karen Smith, que es una señora de setenta y ocho años, norteamericana, de un pueblo del sur de Texas y escribe poesía en inglés. Alma Concepción sería como mi lado negativo: escribe poesía y dice todo lo que yo pienso pero que no publicaría. Charlotte Velmes es una crítica de arte, nació en Egipto y tiene la misma edad que Madonna. Francis Bipont es un adolescente francés que aparentemente vive con la madre. Él escribe poesía con stickers de Facebook y unas historietas de gatos con imágenes bajadas en internet que se hicieron virales. Margarita del Acantilado es la traductora de Francis Bipont y escribe microrrelatos. Con el tiempo también me di cuenta que Cuqui también es un heterónimo: es poeta, escribió como diez libros, el último cuando tenía veintiocho años. También está Cuqui que hace o hago, ahí ya me puedo incluir, artes visuales.

 

¿En las performances hay un límite para poner el cuerpo?

Tanto en las performances como en los libros, hago lo que me obsesiona en ese momento. En realidad, hago lo que me queda más cómodo. Cuando uno analiza su árbol genealógico se da cuenta de que vive lo que le queda más fácil según sean sus antepasados. Es transgeneracional. No hablaría de hasta dónde llegaría con mi cuerpo porque fluye, me queda cómodo. Para mí es más fácil tener sexo con personas desconocidas, extranjeros, que uno no los ve nunca más, que tenerlo con la misma persona. Me asqueo de solo pensar en la gente que tiene un novio o novia.

 

Me quedé pensando en esto de los heterónimos… ¿Cómo hacés para no despersonalizarte? ¿Construir tantos hizo que te conocieras más? ¿Te conocés realmente? Sos como una titiritera detrás de la cortina negra moviendo los muñecos. Marianne Costa, pareja de Jodorowsky, decía con respecto al ego que uno tiene muchas máscaras, ¿Qué pasaría si uno pone afuera todos esos yoes?

Habría más control sobre el ego, un ego más domesticado seguro. Creo que así voy encontrando mi verdadera esencia, mi verdadero yo, que ya ni siquiera le puedo poner un nombre. No sé si me sirve para encontrarme como persona pero sí como escritora. Cada uno de mis heterónimos es cada uno de ellos, no hay riesgo de que se mezclen porque están muy diferenciados. Jamás podría despersonalizarme. Cada tanto analizo mi árbol y me doy cuenta de que mis heterónimos son distintas personas de mi árbol genealógico. Como si hablaran ellos. Me protegen de no tener psicosis o un brote psicótico.

 

¿Qué es la psicomagia?

La psicomagia fue creada por Alejandro Jodorowsky: uno descubre de modo consciente un conflicto a través de la lectura del tarot o análisis del árbol genealógico. Entonces hay que hablarle al inconsciente en su lenguaje, en su idioma, que es a través de símbolos, para que comprenda qué desata ese conflicto. Jodorowsky se dio cuenta de que si todo queda en el consciente, si sólo te das cuenta de lo que pasa, son palabras nada más y la gente no sana solo con eso. Él crea la psicomagia a través de símbolos, que sería por ejemplo, una performance, grupos de acciones simbólicas que uno hace y le hablan directamente al inconsciente. Con eso lo sanás.

 

 

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