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Flanders, de Fernando Santillán

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En una entrevista con Estación Libro, Santillán nos cuenta los pormenores detrás de su novela. Flanders resulta primero, una novela divertida, se le escapan al lector risitas por lo bajo repasando las ironías del libro, para más tarde entender que eso lleva en realidad a una lectura más reflexiva. Conflictos del hombre, o de lo masculino, mejor, en el mundo actual.

 

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POR LALA TOUTONIAN

 

Siempre leí mucho y me fui enfocando mucho a la no-ficción, ya que durante la carrera (Hhce Ciencias Políticas en la UBA y la maestría en Di Tella) me dediqué a cosas más técnicas y en el momento en que entregué mi tesis de maestría, dije: “Bueno, no leo nunca más un libro de no-ficción” y me aboqué como loco a la ficción y ahí estuve 10 o 15 años sin leer la no-ficción y hace dos o tres volví a leer algo de no-ficción. Dentro de la ficción tengo un programa de lectura no-formal de literatura americana. Y leí un montón en los últimos años literatura latinoamérica del siglo XX. Y a partir de ahí pasé a la historia americana y me puse a leer la Historia Oxford de Estados Unidos del principio hasta el final: agarré tomo por tomo. Me faltan dos o tres, uno que no se publicó. Fui uno por uno en los últimos dos años. 

 

—¿Y cómo se llega de eso a Flanders? 

Empecé con este proyecto a través de la Guerra Civil. Una de mis hijas tenía que leer sobre la vida de Lincoln y me acordé, leí de vuelta el discurso de Gettysburg, una cosa impresionante, y dije: “Voy a leer más de esto”. Le pregunté a un amigo historiador americano qué había que leer sobre la Guerra Civil y me dijo: “Este libro que es el tomo correspondiente” y entonces después dije: “Bueno, voy a leerlo todo”. 

 

Es como leer una enciclopedia. 

Es muy divertido. 

 

¿Cómo entrás en el mundo de la escritura de narrativa?

Este libro está “armado” en el taller de Santiago Llach. Arranca ahí y continúa en el de Pedro Mairal. Ahí aprendí algunas cosas que fui escribiendo en las sucesivas reescrituras. Pero hice mucho tiempo con Santiago y, de hecho, cada tanto voy y vuelvo. Santiago tiene eso de “Escribí lo que te pasa” y mucha primera persona, etcétera. Entonces empecé a escribir lo que me estaba pasando en esos momentos. Y de repente algunas eran más no-ficción… en un momento salió la idea de: “Acá hay un personaje que está viviendo esto que estás viviendo vos pero que se zarpa un poco, que se permite decir otras cosas”. Y salió esta personita de adentro mío, se fue a un costado y empezó a ser otro, ya tuvo su propia vida. Hay que separar al tipo que vivió la historia del narrador. El tipo que lo escribió está pensando cuál es su lugar, lo gracioso del azar de las cosas; lo que me pasa a mí como padre de tres mujeres, aprendo a mirar el mundo desde otro lugar, también con una mirada distinta sobre lo femenino. También tengo dos hermanas mujeres… en algún momento hay que ponerse a pensar en esto, en el matrimonio, la paternidad, reflexionar. Y este personaje es fruto de esa reflexión. Y el humor que le agrega, me parece que es para hablar de cosas más o menos importantes o lo gracioso de “lo raro que que toca vivir”, cosas muy raras que uno naturaliza pero son raras… 

 

—Publicaste con Metrópolis.

—Sí, del sello PAM!, de Julieta Mortati y Sol Echegoyen. Juli tiene también la editorial Tenemos las máquinas. Estoy muy contento, la tapa quedó muy linda. La primera versión de esta novela es de 2014, o incluso antes. Pero la iba trabajando para presentar a premios, concursos y ahí como que sufrió modificaciones… la última fue cuando tenía en vista la publicación. Ahí ya trabajé un poquito más. 

 

—¿Proyectos? ¿Continuarás el personaje o lo matarás?

Tengo dos cosas en camino y ninguna tiene este personaje. Tengo una colección de cuentos que tienen alguna similitud con ese personaje, trata muchas veces cosas como adolescencia, crecimiento. Ese para mí está es un producto que está más o menos terminado y me gustaría encontrarle un novio (risas). Y, por otro lado, estuve trabajando en una novela que ahora está un poco frenada por trabajo y lo que ocupó este libro en terminarlo, publicarlo, un trabajo importante. Pero hay otra novela por ahí… una primera versión que está dos tercios adentro y tengo que retomar, sentarme, encontrar el momento del tiempo y volver a crear una rutina que me permita avanzar, pero creo que algo ahí. Estoy contento con Flanders. Me pasa lo que me decías vos: que la gente se ríe. Y está bien eso porque se puede hablar de cosas importantes y divertirse. Y a mí lo que me gusta leer va por ahí. Cosas que te dicen cosas sobre el mundo que vivimos, sobre la vida y al mismo tiempo sirven para divertirte, entretenerte, que te agarren, que te atrapen… me gusta la ficción. Esta nueva novela es un poquito más seria, no quiero decir “profunda” porque parece una palabra aburrida pero sí un poco más ambiciosa que quiere contar algo más pesado. 

Pero siempre desde lo vivencial. Recuerdo haber escrito a los 18 años un cuento policial porque soy amante del género negro americano pero no es mi mundo, no tengo ni idea, nunca agarré un arma en mi vida. Pero me parece que hay que escribir cosas que uno entienda un poco, que conozca. Es una forma de aproximarse al mundo, una manera distinta la ficción, la no-ficción, la filosofía. Es una manera de entender el mundo y mientras tanto uno se divierte. 

 

¿Por dónde pasa tu lectura?

Pedro Mairal, claramente, leí mucho todo. Para mí es palabras mayores en términos de lo que logra y las distintas cosas que puede hacer. Entre La Uruguaya y El año del desierto hay un gran camino entre una cosa más rápida, divertida, como La Uruguaya y una cosa muy densa como El año del desierto que es impresionante, la gran novela argentina de los últimos años. La que me gustó mucho es Romina Paula: su trabajo interno, qué le pasa, las emociones, los vínculos… me parece que eso Romina Paula lo maneja súper bien. Agosto me pareció impresionante. 

 

Fernando Santillán

 

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