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«Creo que hay una suerte de malentendido con la poesía», Reynaldo Sietecase

Lengua sucia es la antología poética personal de Reynaldo Sietecase, donde el autor reúne una selección de todos sus poemas e incluye el poemario inédito homónimo. El poder disruptivo de sus versos juega con la lengua, la embarra y se detiene en esos detalles que solo un poeta puede observar. Aquí la nota que hicimos con ESTACIÓN LIBRO para IGLive.

 

 

Los primeros pasos literarios de Reynaldo Sietecase fueron como poeta. En Lengua sucia reunimos su antología poética y nos llevamos de regalo un poemario inédito para seguir descubriendo en cada verso los universos que el autor habita. Lengua sucia desafía al lector desde la materialidad del lenguaje y desde su propuesta. En estos poemas el autor deposita sus ojos en lo marginal, para renovar nuestra mirada sobre estas sombras, dando luz con su palabra. Ilumina con pinceladas eróticas un lenguaje sobre el cuerpo, que le permite retornar a lo más esencial del ser humano.

 

 

POR LALA TOUTONIAN

 

 

Bienvenido a ESTACIÓN LIBRO. Muchas gracias por aceptarnos esta entrevista ¡Qué alegría que estés con nosotros! Sos un amigo de la casa, por supuesto.

Sí, bueno. Muchas gracias. Para mí también fue un gusto la invitación y simplemente gracias. Para hablar un poco de libros, de literatura o de lo que quieran, a esta altura del partido. Con mis dos oficios estoy acostumbrado a ir por los dos lados.

 

Justamente haciendo una mini intro tuya, ¿qué decir de vos? Te conoce todo el mundo. Creo que uno siendo periodista tiene otro acceso, la escritura, pero lo que destacaba es que empezaste haciendo poesía. Que es de lo que más quiero hablar, hago un guiño, no tengo demasiada chance de hacer poesía. Contanos eso, primero empezaste haciendo poesía como contás en la entrada del libro, repartiendo en la mesa de los bares. Eso me encantó, así conocimos la poesía los de nuestra generación ¿o no?

—Sí. Yo suelo aclararlo porque la visibilidad periodística es alta, porque trabajo hace mucho tiempo, treinta y pico de años en el periodismo. Pero yo empecé a escribir poesía a los 16, 17 años y es algo que sé que no voy a dejar de hacer nunca. Por suerte he podido publicar, que no es tan sencillo publicar poesía. Pero mucho antes de imaginarme periodista, siempre estuve ligado a las revistas literarias, a ese movimiento que en final de la dictadura, en comienzo de los 80 era tan fuerte, las revistas alternativas, independientes. Pero lo hacía por la literatura, no porque me interesara el periodismo en sí. Después, lentamente me fui acercando al periodismo, por esa gimnasia también y porque entré a una radio, porque me encantó la radio, escuchaba radio desde siempre. Fui ingresando al periodismo y por suerte, me di cuenta que era muy afín a lo que yo hacía que era escribir, contar; pero claramente la poesía está antes y yo suelo decir que también va a estar después. Incluso si no hiciera periodismo o no hiciera narrativa, sé que lo único que no puedo dejar de hacer es poesía. Porque la poesía viene, es como un rayo, ¿no? Y ahora me di el gusto grande de que se publicara una antología importante como esta, en una editorial muy prestigiosa como es Lumen. Estoy muy feliz y lo estoy acompañando el libro.

 

Y el título me gusta, Lengua Sucia, gran tapa, una lengua, por supuesto…

Con un pájaro.

 

Pero hay un detalle hasta romántico. Es una lengua, pero que no transmite esta suciedad.

Sí, tampoco transmite erotismo. Es una lengua de una persona normal con un pájaro. La idea de Lengua Sucia era diferenciar la lengua “limpia” del periodismo con una lengua más vinculada a lo coloquial, lo popular, a la lengua del poeta, la lengua más insumisa, más apilada, la lengua afeitada como se decía en algún momento. Me gustaba esa dicotomía. Incluso me enteré, cuando ya tenía resuelto el título, que había un libro escrito en el 2001 por Zito Lema de ensayos de teatro y le escribí a Vicente y le dije “Vicente, vos sabés que quería usar este título” y él muy generosamente, yo lo cuento ahí en el prólogo también, me dice “No, bueno usalo, mi libro es de teatro, el tuyo de poesía. Los dos viven igual, no pasa nada”. Asique fue ese acto de generosidad que me permitió mantener la idea de Lengua Sucia. Insisto me gustaba para contraponer con la lengua limpia del periodismo, supuestamente limpia.

 

Sí, sobre todo la idea. Me gustó la anécdota esta como bien contás en el prólogo con lo de Vicente Zito Lema, porque voy a hacer un paréntesis y haré un comentario personal: hice un primer taller literario, a los 17 o 18, todavía estaba en el secundario, con Vicente. Y cuando lo nombraste dije “¡Está vivo!”. Me alegré un montón.

Sí, es un maestro. Es importante también registrar a los maestros. Por eso yo le pedí autorización, porque si él me decía que no, obviamente que no lo iba a usar, buscaba otro título. Me había enganchado mucho con ese por lo que significaba como toma de posición también. Lentamente, para mí el libro también es importante porque incluye un libro nuevo que es Lengua Sucia y una selección de todos mis libros, de estos últimos treinta y pico  de años, desde que repartía mis poemitas en los bares de Rosario, vendía mis primeros libritos. Pero me interesaba mucho también porque termina, para mí de alguna manera, de hacer confluir estás dos partes que parece que tengo. Porque cuando empecé a escribir novela, no está tan alejada la narrativa.

 

Son policiales.

Claro.

 

Bueno, están las crónicas también.

Exacto, no parecen tan alejadas de mi otro oficio de la escritura periodística, en cambio, la poesía sí parece más alejada. Yo digo en broma que mi lado B es el periodista, mi lado A es el poeta. Entonces de alguna manera, termina de confluir, yo siempre le di un espacio a la literatura en mis programas, siempre. Leo un texto todos los días desde que hago radio, en algún horario y  de alguna manera mucha gente empieza a aceptarlo. Soy el combo ese que de pronto te puede leer un texto literario y de pronto te puedo hacer un análisis político de lo que está pasando. A mí no me hace ruido porque son mis dos oficios, podría ser poeta y maestro, poeta y empleado de banco, que se yo, pero bueno soy poeta y periodista.

 

Claro. Kafka era abogado. Aparte se me ocurre que una lectura y escritura, como es tu caso, de narrativa, de ficción, de poesía, de literatura en general, te da también la posibilidad de entender un poco lo que es la realidad. Uno puede hacer otro tipo de analogías, por ejemplo estos tiempos, ¿no? Nosotros en las librerías, ESTACIÓN LIBRO, cualquier librería, la sección de ciencia ficción te la paso a actualidad-

Prácticamente, prácticamente. Es verdad lo que decís… Es como que estamos todos viviendo una especie de guion escrito para la peor pesadilla de ficción.

 

¿Vos cómo estás? ¿Cómo lo estás pasando?

A mí no me cambió demasiado la vida. Yo sigo haciendo la radio a la mañana, sigo laburando más o menos en los mismos parámetros. A la noche hago la columna de la tele, es decir, no me cambió demasiado. Sí, obvio, el hecho de no ver a los seres queridos, tengo a mis 2¿dos hijos en Rosario y hace cuatro meses que no los veo. La cuestión social sí me ha afectado como a muchos. Estoy muy tomado por el tema, me cuesta salir del tema, me cuesta bastante leer por ejemplo.

 

—Igual.

Ahora por suerte estoy craneando, preparando algo sobre periodismo, para quizás un libro. Pero la verdad, en el día a día no me cambió tanto, como le cambió a mucha gente que de pronto tuvo que quedarse en su casa. Así que soy un privilegiado en ese aspecto.

 

—Para Lengua Sucia recorrés toda tu vida poética y sumás cosas nuevas, ¿verdad? O sea hay poesía nueva. Es por eso mismo que vos decías al principio, que vos nunca podés dejar de escribir poesía. No te voy a preguntar en absoluto qué es lo que te inspira porque me parece la pregunta más tonta del mundo, pero estás en algún lugar, en cualquier momento y de golpe decís, se te vienen unos versos en la cabeza, ¿es así?

Sí. Yo, que transito todos los géneros, una novela, un cuento implican un laburo donde vos tenés un plan de trabajo general, podés empezar a escribir, podés delinear personajes, a mí me suele pasar. De pronto me viene un personaje, lo escribo y después no sé a dónde va a ir, en qué novela va a ir, si va a ser un cuento. Pero cuando ya empieza a tomar forma tenés que trazarte un camino de trabajo para llevarlo a cabo. Con la poesía no, el proceso de la poesía es distinto, puede ser que te viene un verso y lo tenés años. A mí me pasó, yo lo suelo contar. En mi casa de Rosario había un mandarino y yo cuando volvía todas las semanas, en aquella época, ahora ya estoy más afincado acá, pero en una época iba todos los fines de semana, volvía los viernes a la noche, llegaba tarde, toda mi familia estaba durmiendo y yo lo que hacía era entrar, irme al fondo y abrazaba el mandarino, porque sentía que el árbol me esperaba de alguna manera. Tenía esa idea en la cabeza y decía “Tengo que poder escribir esto, porque es una linda idea”. Abrazar eso, casi como un animal que me estaba esperando, que necesitaba la caricia cuando yo llegaba, y estuve años con eso, hasta que después escribí un poema, que está en el libro, que se llama “Mandarino de noche”. Es un poema corto, que debe tener 14 versos y sin embargo estuve años con eso en la cabeza, dándome vueltas. De pronto hay poemas que los escribís de un tirón, porque vino la idea, te sentaste y lo bajaste, después los pulís, pero está el poema entero. Yo tengo un montón de casos así, que digo me tengo que sentar a escribir, lo escribo en el momento de un tirón, pero son procesos muy misteriosos en el fondo. La poesía tiene eso, puede ser un rayo o algo que te quedó y sedimenta, sedimenta y de pronto lo terminás estructurando poéticamente y después se corrige mucho, se va revisando mucho el material. A mí me gusta mucho, yo siempre digo que Marechal creo que tenía esta frase que dice que ser poeta era una manera de estar en el mundo, no la mera función de lanzar criaturas poéticas, es casi ponerse en un lugar. Es un lugar que a mí me gusta llamar un lugar de disenso, pero no de disenso con alguien en particular es con una realidad, con una realidad injusta, con discursos que son apabullantes, más en esta época: autoritarios, tontos, yo creo que la voz del poeta tiene una misión que es ir por ese lado, de romper de alguna manera, de quebrar incluso el lenguaje.

 

De todos modos, a pesar de lo que me decís, noté que está bien estructurado el libro con los tiempos que has escrito las poesías y en algunas son muy íntimas y muy apasionantes. De hecho la Lengua Sucia por momentos se me ocurre, traspasa esas poesías un poco más eróticas si lo querés o un poco más de amor también. Hablaba en terapia y el psicoanalista me decía que para Lacan la poesía era una forma de violencia. Es eso, es una forma de violencia. La violencia entendida no desde un espacio de dolor sino como lo intempestuoso, algo irruptivo.

Sí, totalmente.

 

—Creo que muchas de tus poesías son muy irruptivas.

Sí. ¿Hay algo de eso, no? En esto de patear el tablero, de poner las cosas patas para arriba. Me parece que hay una vuelta que va por ahí, va por ahí. La poesía de alguna manera, vuelve loco al lenguaje, vuelve loco todo. Me parece que hay algo ahí de ese tipo de disrupción, estoy de acuerdo.

 

Yo creo que la poesía excede a la semántica, por supuesto. Me enojé por esto que decía que el lingüista es re duro, yo soy fanática de la lingüística, y la poesía viene a romper todo esto justamente. Me lamento no estar pudiendo leer todos los mensajes que nos dejan, que te están diciendo cosas maravillosas, pero es verdad. A mí me gusta mucho la prosa, por ejemplo, Baudelaire era muy genio. Contame de tus poetas ¿A quién leíste vos? ¿A quién lees? ¿Qué te gusta?

Bueno yo he leído y leo mucha poesía. Yo de hecho en mi casa tengo una biblioteca sólo de poesía, ordenada por autor. Aquí atrás tengo la de biografías. Soy bastante ordenado con las bibliotecas. Me han marcado algunos maestros. Mario Trejo es mi influencia central, porque estuve muy cerca de él hasta que falleció y su impronta poética, el humor, la irreverencia, esta cosa del puñetazo, el erotismo también, todas esas marcas tienen que ver con Mario. Bueno, Jorge Boccanera que tuvo la generosidad de escribir el prólogo de este libro, que para mí es un poeta extraordinario. Me inscribo un poco en esa tradición. Lo dice Boccanera, en lo que se puede decir el conversacionalismo, esto de usar la cita culta y la frase popular, ir jugando con esas dos cosas, con esos dos andariveles. Pero en Argentina no sé, salvando las distancias pero César Fernández Moreno, el mismo Oliverio Girondo, Paco Urondo, de los conocidos ¿no? Después tengo un montón de pares, de amigos míos que hacen una poesía por ese lado ¿no? Mezcla rara entre Neruda, Parra, digo los lugares que a mí me interesa ir por la poesía hispanoamericana, para no meterme en otros poetas de afuera. Pero un poco eso, todo ese magma de lectura creo que tiene mucho que ver y después yo tuve una influencia muy fuerte de los poetas brasileros, porque estuve viviendo en Brasil. En mi poesía está muy marcado eso. Hay mucha influencia de ellos de Lima, Ze Cordeiro, de Flavio Nascimento, de poetas de mi generación, a los que conocí y a los que acompañé a hacer poesía.

 

Leyendo la última parte de tu libro, me parecieron que algunas poesías tenían ese formato de caligrama justamente y me acordé de Arnaldo Antunes.

Sí, claro. Hay varios poetas Carlos Drummond de Andrade, Manuel Bandeira, ellos tienen unos poetas extraordinarios. Torquato Neto.

 

Extraordinarios realmente. Me acordé de Antunes y fue una alegría enorme. Acá hay un librito muy lindo que lo sacó Caja Negra y recuerdo haberlo entrevistado para Perfil. Amo esa poesía. Dylan Thomas, que también soy muy fan, usa el formato de caligrama.

Esos son mis poemas iniciales, mis poemas del año 84, 83.

 

¿Por qué hay gente no le gusta la poesía? ¿Por qué algunos la  que tiene tan mal vista la poesía?

Creo que hay una especie de suerte de malentendido con la poesía. Fundamentalmente, primero hay una cosa de ‘no me gusta, no la entiendo’. La gente hace poesía todo el tiempo, hay gran poesía en el folklore, gran poesía en el tango, hay poesía en el habla popular, cuando la gente le dice el mudo a Gardel lo citaba Isidoro Blaisten en esta imagen, está haciendo poesía, al gran cantor argentino le dice el mudo. A la mar en coche, lo que mata es la humedad, qué son sino metáforas populares. La poesía está mucho más cerca y más comprensible de lo que parece. Yo creo que ahí hay que empujarla mucho con la difusión. A mí la poesía me llegó porque había muerto mi madre, yo acompañaba a mi padre que le gustaba mucho el folklore y sabés que aparecía, cuando vamos a ver Los trovadores o El cuarteto Zupay que estaba de moda en esa época aparecía Hamlet Lima Quintana, Armando Tejada Gómez, Jaime Dávalos, los poetas del folklore.M generó una impresión ver a esos tipo recitando, haciéndolo tan bien, llenos de imágenes. 

 

—”Está erróneamente ligado a la cursilería”, dice uno de los lectores. Fíjate que buena palabra utilizó. Porque es verdad, de ahí la importancia de la labor del poeta.

Sí, me alegra que me lo digas, porque no sé si lo ven así, me parece que sí. 

 

 

Y por eso es tan importante ese trabajo que hacés de mostrar la cultura, de mostrar no solo tu trabajo.

Sí, yo creo que es un beneficio y es un perjuicio, las dos cosas. Es un beneficio mediante la difusión que te da, está claro. De pronto yo hago alguna actividad y viene mucha gente por curiosidad, a ver qué dice, de golpe yo leo poesía y se queda escuchando poesía que no hubiera ido nunca a escuchar o de pronto compró una novela mía porque le gusta como laburo en el periodismo, ahora después si la novela es mala la va a tirar a la basura. Y también, con qué cargado descargo, sin quejarme porque también aprovecho lo bueno, que recién ahora en los últimos 3 o 4 años me empiezan a registrar como escritor a pesar de que escribo desde los 17 años.

 

¿Ves que realmente la poesía contemporánea, o sea al menos la argentina, en este momento está teniendo algo de valor? ¿Leés algo? 

Sí, leo porque me llega mucho material. 

 

En términos generales ¿Qué te parece? ¿Cómo lo ves?

—Poesía muy buena, muy atractiva, muy interesante. Lo  que pasa es que las mayorías de las ediciones de poesía son muy pequeñas. Todos mis libros han sido editados por, de hecho en el prólogo nombro a cada uno de mis editores de poesía porque han sido muy valientes, siempre a contracorriente, perdiendo plata. La verdad que no sé, siempre es un gesto hermoso editar poesía porque prácticamente nunca se recupera lo invertido, hay muchos libros que son de edición propia entre los poetas, los primeros libros en general son de edición propia. Para mí la poesía argentina tiene una vitalidad extraordinaria, hay muy buen material. Hay poetas que no publican y son extraordinarios. Mirá, te voy a confesar algo, cuando empecé a publicar novelas, que tengo tres novelas publicadas, digo cada vez que yo publique una novela, con lo que me paguen voy a editar a un poeta, y lo vengo haciendo. Porque hay tanta gente muy buena que no puede publicar, que digo de alguna manera voy a hacer mi contraparte. Es la primera vez que lo cuento. Voy a hacer mi contraparte, voy a editar a algún poeta y de hecho llevo editado tres poetas. Porque es muy difícil, yo conozco tantos poetas que no pueden publicar y son extraordinarios, por eso jamás me quejo de mi visibilidad, lo digo en cuanto al periodismo cuanto sumaba y cuanto restaba, pero la verdad no sé difunde la propia obra de Mario Trejo o de María Meleck Vivanco, la poeta surrealista que la pudimos editar en el Fondo Nacional de las Artes. Es decir, hay tantos poetas extraordinarios, yo conozco un montón. El poeta tiene ese camino arduo y difícil.

 

Sí. Mucho más que todos los géneros de la narrativa, el más pedregoso es el de la poesía, no me cabe duda. Entonces, Reynaldo ¿Tenés una editorial?

No, no. Trato de buscar a alguien que quiera publicar y yo pongo la plata. O editoriales pequeñas también. Por ejemplo, un poeta de Rosario que me gusta mucho que lo ayudé a publicar dos libros, uno allá y uno acá en Buenos Aires. Un poeta entrerriano que quiero mucho y se llama Oscar Bondaz. No me siento ningún mecenas ni mucho menos

 

Entonces, cómo decís, de publicar un entrerriano, de ir a buscar gente al interior y ver cuál es la calidad literaria, qué es lo que tenemos.

—Las pequeñas editoriales que hacen patriadas. En Danza, que también me ha publicado a mí, ha publicado a Escudero, por ejemplo, al poeta sanjuanino. Hay obras que son extraordinarias que son desconocidas en Buenos Aires. El centralismo es tremendo acá. Con los poetas del folklore para mí, que están tan subvalorados, Dávalos, Tejada, Hamlet Lima Quintana, que yo los respeto mucho. Creo que pasa un poco eso, son los poetas como del interior. Son los poetas de un registro que no es el urbano, entonces como que no se les presta la misma atención. 

 

Lo que decís me lleva a un pensamiento en particular: me gusta mucho la poesía inglesa romántica, estamos hablando de siglo XVIII, Wordsworth y eso. ¿Y qué ocurría en ese momento? ¿Quién era el que podía realmente contarte y describir cuáles eran los placeres de la naturaleza? El que contemplaba, eran los poetas. El poeta era el informante. Ellos son los que te hablan de las flores y te va hablando de cómo fue creciendo y cómo murió en invierno, y como vuelve a renacer en verano. Toda esta descripción maravillosa de lo amargo que es Inglaterra y de lo oscuro. O sea quienes lograban, los poetas, los románticos. De ahí el valor también que tiene. Eso trasladado, que alguien me describa Mendoza o Tierra del Fuego.

Pero claro. Ayer empezamos a hablar del término derivar y yo me acordé de la canción del Jangadero, que cantaba mi papá en la guitarra, que dice “El destino por el agua derivar, el jangadero, el que va con la jangada remando”. Digo, “Mirá que verso hermoso” y claro, fui a buscar el texto y hay un poema de Jaime Dávalos pero hermosísimo. Hay unas descripciones del paisaje, del hombre, del hachero, de la gente de trabajo, que es un registro que en Buenos Aires está muy atrás, muy oculto. Pero me parece que pasa en general, con todo el arte de las provincias. Qué sabemos del teatro o de las artes plásticas que se hacen en Jujuy, en Catamarca, nada.

 

Lo siento. Es una vergüenza, pero no. Bueno confiemos que todo esto que estamos viviendo está trayendo un nuevo modo, va a empezar un nuevo modo de vida. 

Ojalá.

 

Va a haber una nueva organización de algún modo, porque claramente no lo estábamos haciendo bien, por algo estamos haciendo esto. Pero bueno, Reynaldo no tengo más que agradecerte en nombre de ESTACIÓN LIBRO. Es un placer haber hablado con vos. Te felicito por el libro. Te felicito que sigas manteniendo a la poesía como estandarte.

—Un placer para mí.

 

  

 

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