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La novela gráfica o cómo ser adultos felices

Aquí una precisa reflexión sobre los avatares del cómic, la historieta que nos acompaña en la lectura desde el primer día, acaso antes de aprender a leer. Nuestro especialista en el tema, Iñaki Echeverría (arquitecto y dibujante) nos ilumina desde su experiencia personal, la del creador. Echeverría ha publicado Muffins (Manoescrita), Beya, le viste la cara a Dios junto a Gabriela Cabezón Cámara (Eterna Cadencia), La vida de un padre abrumado (Sudamericana) y ESMA, junto a Juan Carrá (Evaristo).

 

POR IÑAKI ECHEVERRIA

Hace algunos días mi hija menor, tirada en el sillón, aburrida, me pregunto qué me gustaba hacer a mí cuando era chico. Dibujar, dibujar todo el día, dibujar compulsivamente en cualquier lugar de la casa, sobre cualquier tipo de soporte y bajo la aprobación de mis padres que observaban orgullosos el talento de la criatura. Esta pasión continuó, por lo que algunos años después comenzaron a llevarme todos los sábados a la casa del maestro Alberto Bruzzone, con quien tomaba clases, y entre caballetes y óleos me explicaba el significado de lo que él llamaba «la Pintura Pintura». Hasta acá podría ser la historia típica de cualquier artista plástico, de no haber sido porque en algún momento llegó a mis manos algún libro de Mafalda y de Fontanarrosa, donde encontraba (además de un humor inteligente) cierta sencillez estética que generaba una gran admiración. Tiempo después, algún amigo me mostró la revista Fierro, y allí descubrí diferentes estilos y modos de experimentación entre la historia que se contaba y la imagen, que iba más allá del clásico cuadro con globo de texto. Así fue como se me abrió un universo, donde había una libertad absoluta en la manera de contar.

 

Finalmente tuve que decidir qué estudiar. Fue Arquitectura, claro, ya que hacer cómic no era una opción, y en arquitectura podía seguir dibujando sin culpa.

Tiempo después, y ya recibido de arquitecto, encontré en la casa de un amigo el Tomo 1 de Maus. Hacía años que estaba alejado del mundo del cómic, pero cuando comencé a leerlo, no pude parar hasta el final y tuve que salir a recorrer las librerías de la ciudad de La Plata en busca del Tomo 2.

Este fue mi regreso al universo de las historias dibujadas, y a lo que sería en el futuro mi profesión. Aunque ya no le decían cómics, sino que las llamaban Novelas gráficas.

Pero, ¿qué es una Novela Gráfica? ¿Historietas para adultos? ¿Cómics con valor literario? ¿O simplemente una estrategia del mercado para que los adultos podamos leer historietas sin culpa o sin sentirnos unos inmaduros? Porque si bien en Argentina tenemos una extensa y valiosa tradición de dibujantes e historietistas de nivel internacional, el leer historietas, pasó en algún momento, a ser una actividad para jóvenes nerds, o bien para  niños, con la esperanza de que sea la puerta de entrada “a los libros”.

Como género, la novela gráfica toma impulso en la década de los ochenta cuando el término se utiliza comercialmente para diferenciarlos de los cómics dirigidos al público juvenil, como Maus de Art Spiegelman, que se considera iniciadora del primer boom de la novela gráfica. Maus narra la historia real de Vladek Spiegelman, judío polaco y padre del autor, durante la Segunda Guerra Mundial, y la complicada relación entre ellos durante el proceso de elaboración de la historieta. En esta novela, Spiegelman, usa animales antropomórficos como personajes, ratones para representar a los judíos, gatos para representar a los alemanes, cerdos para los polacos y ranas para los franceses, lo que hace que la historia se vuelva más perturbadora e impactante.

 

Otro boom de la novela gráfica fue Persépolis, publicado en 2003. Es la autobiografía de Marjane Satrapi, una mujer iraní nacida en Teherán en 1969 en el seno de una familia progresista, y muestra el reflejo de la revolución iraní de 1979 que dio lugar a un gobierno islámico. Satrapi dice “Mi motivación no ha sido escribir sobre mi vida, es la historia de mi país, lo que pasó allí durante mi infancia, sobre la situación política que allí se vivió”. Esta novela fue adaptada al cine y estuvo nominada a Mejor Película de Animación en los Oscar 2008. Con una estética simple y en blanco y negro, como toda su obra, tiene una llegada directa al lector.

También vale la pena mencionar Píldoras azules (2001), de Frederik Peeters, que cuenta la relación del autor con Cati y su hijo (ambos HIV positivos), y de cómo sobrellevan la pareja con la presencia permanente de la enfermedad.

Algunos afirman que el éxito de estas obras se debe a las temáticas para adultos, aunque también podríamos pensar que somos una generación atravesada y educada por la imagen, y que por ello una historia contada con imágenes, valga la redundancia, es para nosotros una forma natural de consumir lectura. También se insiste en que la historieta es una manera de introducir a los jóvenes a la lectura.

¿Será cierto?

Quién sabe.

Lo concreto es que la historieta/cómics/novela gráfica es una manera más de contar una historia, con sus propios códigos, como los tienen también otros géneros literarios u otros modos de expresión.   

En conclusión, no sé exactamente qué es la novela gráfica, pero seguro que de haber conocido el término a mis 17 años, le hubiera dicho a mi padre que quería dedicarme a este género literario, en vez de haber estudiado arquitectura, donde podía hacer dibujitos sin culpa.

 

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