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Camus: un extranjero peregrino

 

Ante la reciente publicación de Victoria Ocampo-Albert Camus. Correspondencia (1946-1959) (Sudamericana), le pedimos a nuestro colaborador Rafael Toriz, unas palabras al respecto. El autor mexicano acaba de publicar La distorsión (Literatura Random) y es un experto en nuestra literatura. Esto escribió.

 

 

 

 

 

POR RAFAEL TORIZ

 

Dentro de las primeras perplejidades que supo despertarme Buenos Aires, una de las más confusas era aquella que la rubricaba como “la París de Sudamérica”, extravagante y contundente epíteto para una ciudad cuya gracia consiste en parecerse a muchas ciudades sin dejar de ser ella misma, o para decirlo como Carlos Fuentes “Buenos Aires es una ciudad única: no se parece a nada porque es de todas partes. Buenos Aires es una ciudad española pero también italiana. Es ciudad judía, rusa y polaca”.

Joya del modernismo ecléctico, su pretensión europeísta tuvo, en efecto, un punto de encuentro en la páginas de SUR, esas tres letras que emplazaron más un lugar metafísico que geográfico y que desde una remota lejanía sentaría las bases para hablar de tú a tú con Estados Unidos y Europa casi en igualdad de circunstancias, apuntalando el consabido y necesario cosmopolitismo latinoamericano: sincrético, barroco y políglota.

Hago este discreto racconto debido a la publicación del libro Victoria Ocampo-Albert Camus. Correspondencia (1946-1959) que evidencia una realidad de los países coloniales: su condición de traductoras a destajo, el eclecticismo como origen y destino y la curiosidad ecuménica para combatir el subdesarrollo (tanto el verdadero como el figurado).

Lo primero a señalar es la condición fragmentaria del libro, compuesto tanto por las cartas entre los protagonistas como por algunos telegramas, fragmentos del Diario de viaje de Camus, cartas de otros personajes a los aludidos o de los aludidos a otros personajes, un prólogo a cargo de Eduardo Paz Leston, un epílogo de la misma Victoria tomado de su serie Testimonios, un anexo fascimilar con fotografías de cartas, dedicatorias y documentos y un profuso apartado de citas preparado por Elisa Mayorga y Juan Javier Negri, que proveen de información conocida y redundante.

Lo segundo es justo eso, su carácter de obra traducida, puesto que Camus y la señora Ocampo se escribían en francés, lo que demuestra, pese a que Camus relata estar traduciendo La devoción de la Cruz de Pedro Calderón de la Barca, que la lengua de prestigio era la suya, idioma que con seguridad la argentina dominara mejor que el argelino la española.

La tercera es lo parco que resulta Camus con respecto a a su estancia en la Argentina, hecho que se entiende dado que apenas pasó un par de noches en el país para nunca más volver (si bien el epistolario cuenta la historia de su amistad a lo largo de catorce años, flota a lo largo de las páginas algo que no alcanza a ser un desdén pero si un acusado mal sabor de boca debido a la censura de su obra El malentendido por las autoridades argentinas, así como una suerte de provincianismo francés, el mejor producto de exportación de lo que supo ser Francia y que el noble autor de la novela El extranjero aprenderá a la perfección).

Por eso hoy, a 70 años exactos de que Camus abandonara la Argentina rumbo a Chile –donde también estuvo un par de noches, a diferencia de Brasil, donde se alojó por tres semanas– resulta indispensable calibrar de nueva cuenta la figura de Victoria Ocampo, que al menos en la correspondencia resulta ser más incisiva, políticamente inquieta –es durante este periodo cuando cae presa a manos del gobierno peronista– curiosa, oficiosa y hasta penetrante en sus observaciones: “siento que lo que falta en el mundo, en nuestra época (bastante triste, convengamos), es el amor, en singular. Los amores abundan. Pero eso no tiene ningún vínculo con el amor al que me refiero. Los amores no destruyen el odio; a veces lo alimentan. Y el odio es el estado sólido del corazón”.

La París de Sudamérica, desde luego… Si la capital francesa hubiera estado cruzada por el apetito desaforado de una enamorada de sus ilusiones.

 

 

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